(ca) FAI Tierra y Libertad #368 - Un antecedente del anarquismo en 1831 (it)

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Lun Mar 11 07:15:10 CET 2019


En marzo de 1883 Louise Michel iza, como símbolo de protesta y reivindicación social, la 
bandera negra del anarquismo por primera vez utilizando para ello trozos de una falda que 
colgó en un palo. ---- Es este el antecedente más conocido y fijado de la utilización de 
la bandera negra como símbolo del anarquismo. Existe, sin embargo, otro antecedente que 
poco se ha investigado. ---- No pretendo hacer un análisis en profundidad sobre los 
personajes de que hablaré, porque ello significaría hacer un texto bastante extenso en el 
que se desmenuzara a detalle el contexto histórico, personajes y detalles. ---- Hablaremos 
de los Canuts (tejedores de seda) de Lyon. De estos Canuts de Lyon serían de quienes 
Pierre-Joseph Proudhon extractaría algunos puntos fundamentales para la realización de sus 
ideas. Partes hemos dicho, en esencial el mutualismo. Este movimiento, si bien tenía una 
declaración de principios bien definido (28 de junio de 1828) y desarrollado en un momento 
clave (1), no tenía la profundidad de pensamiento ni de método que vendría a aportar 
Proudhon al movimiento. Proudhon daría cohesión de pensamiento al mutualismo como hasta 
entonces no tenía.
No hablaremos, para no salirnos del tema, de manera extensa sobre los actores de la 
producción de la década de 1830. Hablaremos solamente en términos generales de ellos.
Los jefes de taller en las sederías de Lyon y en general eran dueños de los medios de 
producción. Pero entiéndase, no se trataba de medios de producción amplios, de industrias, 
de centros de producción amplios.
El jefe de taller tenía un par de telares, de los cuales él se encargaba de su 
mantenimiento. Trabajaba estos telares junto a su familia: el padre de familia, la mujer y 
los hijos eran los principales trabajadores. Es decir, tenían medios de producción que 
ellos mismos explotaban en común. Cuando en cierta ocasión requerían de ayuda, contrataban 
un compagnon.
Podría verse aquí una relación de explotación hacia este compagnon, pero en realidad si 
ello ocurría no era responsabilidad de los jefes de taller.
El fabricante era quien se encargaba de pagar la materia prima, de elegir el trabajo que 
el jefe de taller habría de realizar y, además, de fijar los salarios del jefe de taller y 
del compagnon que llegara a trabajar con él. Cabe mencionar que los talleres que 
contrataban más compagnons lo hacían en pequeñas cantidades: máximo seis, por lo regular 
tres y en una mayor proporción uno o dos compagnons, y no siempre como hemos apuntado 
antes, sino cuando la producción apremiaba.
En julio de 1830 ya había habido fuertes protestas contra el gobierno por la explotación y 
miseria en la que vivían estos tejedores (compagnons y jefes de taller) obteniendo 
solamente promesas que nunca llegaron a cumplirse.
Casi un año después, en noviembre de 1831, las condiciones de vida eran realmente 
deplorables para estos tejedores, y el 31 de noviembre de ese 1831 estalla primero una 
protesta contra la miseria generalizada, para posteriormente convertirse en una 
insurrección abierta contra el gobierno.
Una vez derrotada la policía y la gendarmería, un grupo trata de montarse en la revuelta y 
captar para sí el movimiento insurreccional. Son los llamados Volontaires du Rhône 
(Voluntarios del Ródano), los que rápidamente se constituyen como Estado Mayor republicano 
y tratan de encausar, por ese medio, la revuelta popular que había estallado por 
inspiración popular.
Sin embargo, a los tres días (24 de noviembre) un jefe de taller acude al Ayuntamiento 
para expresar que los mutualistas se niegan a obedecer a dicho Estado Mayor republicano y 
le cuestiona sobre el origen de su poder, ya que estos Volontaires du Rhône no habían sido 
ni los inspiradores del movimiento ni los iniciadores del mismo, echando, literalmente, a 
este Estado Mayor republicano, del ejercicio del poder político.
Así queda relegado del mando el Estado Mayor republicano y el control de la ciudad queda 
en manos de los trabajadores por espacio de diez días, al cabo de los cuales las fuerzas 
del Estado entran en la ciudad y dejan un saldo de 600 muertos y 10.000 desterrados.
Cabe destacar dos puntos esenciales de este movimiento:

* Cuando estalla la revuelta de noviembre los Canuts llevaban banderas negras en las que 
se leía "Vivir trabajando o morir combatiendo"
Este lema, que en algunos momentos (como el actual) podría ser considerado como una 
muestra de alienación, era todo un lema de lucha y de justicia: los tejedores no pedían 
que se les explotara inmisericordemente (¡que ligereza de pensamiento creer eso!), sino 
que iban mucho más allá de esas simplezas.
El mutualismo había surgido no ya solamente como una forma de organización, sino, y más 
especialmente entre los tejedores de Lyon, como una propuesta realista de organización de 
la economía en la que el Estado habría de ser eliminado y los trabajadores se harían 
responsables del control de la producción.
Tal es la actitud que muestran los tejedores cuando destituyen al Estado Mayor republicano 
de los Volontaires du Rhône y se constituyen ellos, no como un nuevo gobierno, sino como 
simples coordinadores de la vida social, sin poder alguno.
Para estos jefes de taller la revolución debía revestir unas características precisas como 
bien apunta Ansart: "Porque para esos jefes de taller una revolución auténtica no puede 
ser, ni un acuerdo con las clases poseedoras, ni una insurrección política, ni un motín 
del hambre, sino la acción de coordinación de las condiciones de existencia, acción 
dirigida por los propios productores, quienes mediante esta creación realizan su 
‘emancipación' (2)".
Lejos de la simpleza de pensar que todo trabajo es alienante, estos trabajadores lyoneses 
se proponían, ni más ni menos, que tomar en sus manos la producción transformando 
radicalmente las relaciones económicas. Aboliendo la propiedad privada y manteniendo la 
posesión, daban un paso importante hacia la anarquía como se propondría al menos cincuenta 
años después.

* Este rechazo de las cuestiones políticas y religiosas desde su fundación en 1828 iba a 
desembocar en abiertas declaraciones de anarquismo en cuestiones como la religiosa: 
"Respecto a la religión, los mutualistas se llaman a sí mismos anarquistas; como escriben 
en 1834 en su respuesta a la carta del diputado Charles Dupin, si se consideran 
‘anarquistas' es precisamente en razón del papel de la Iglesia, que, en lugar de entrar en 
conflicto con los poderes opresores, participa directa y analógicamente de esta opresión (3)".

Desde luego que este anarquismo no podría ser, como parecen algunos reclamar en Proudhon, 
un anarquismo acabado (4) y definido en todos sus aspectos o formulado como en tiempos de 
Malatesta por ejemplo, cuando el anarquismo ya había sufrido al menos dos mutaciones (5) 
en sus formulaciones económicas y varias en su filosofía.
Pero estos mutualistas llevaban ya el germen del anarquismo en su organización y acciones: 
rechazo de toda injerencia política en sus organizaciones, rechazo de la cuestión 
religiosa en los grupos mutualistas, rechazo del Estado y organización basada en la 
mutualidad, así como el intercambio de productos. Esto en su organización.
Rechazo del poder político, rechazo de cualquier organismo constituido como "Estado 
revolucionario" (6), organización por ellos mismos de las funciones útiles al pueblo y 
mutualidad en las relaciones de producción y consumo, conforme se vio en los diez días que 
dominaran la ciudad.
La bandera negra, en la que se reivindicaba el trabajo no como un símbolo de alienación, 
sino de reorganización de las condiciones económicas y con ello la socialización de los 
medios de producción, entendiendo por ello la conservación de los telares de los jefes de 
taller como posesión (6) y como consecuencia lógica, de la naciente industria, dando con 
ello el resultado que Proudhon definiría y daría una forma mejor definida cuando al final 
de su vida reivindica la "Federación agrícola-industrial", dando a entender con ello una 
sociedad en la que el taller, el campo y la industria se federaran en lo que vendría a 
ser, con el tiempo, las comunas libremente federadas de las que habla el anarquismo 
clásico (8).
Todos estos apuntes definen a los jefes de taller, a esos mutualistas de la década de 
1830, como dignos antecesores del anarquismo.

Notas:

1.- Desde 1820 el socialismo había levantado cabeza para ya nunca bajarla. Por socialismo 
se entiende, claramente, el estudio de las condiciones sociales del pueblo y las maneras 
de solucionarlas. En este sentido, socialistas son anarquistas y marxistas por igual, si 
bien las diferencias abismales entre ambos los separan de manera inevitable.
2.- Pierre Ansart, El nacimiento del anarquismo, p.223, Amorrortu, Buenos Aires 1973.
3.- Ibídem p.227.
4.- Protesto airadamente contra esta pretensión de pensar al anarquismo como algo 
terminado y definido en cualquier aspecto, ni siquiera en el comunismo como propuesta 
económica. El anarquismo es un pensamiento abierto a toda modificación económica y 
filosófica siempre que esta sea demostrable y siempre que se niegue cualquier utilidad al 
Estado.
Así, cuestiones que en un inicio no se pensaban o no se formulaban, como el ecologismo o 
la liberación animal (aunque tenían ciertos antecedentes) forman ahora parte del anarquismo.
Grave error cometeríamos si pensáramos que nada puede modificarse y que hemos descubierto 
el hilo negro como pensaba Karl Marx y otros deterministas.
El mismo comunismo como propuesta económica no es más que eso: una propuesta económica 
más, y no la panacea del anarquismo. El anarquismo es ese campo abierto a la 
experimentación (insisto, solo negando toda intervención al Estado) donde las comunidades 
y personas encuentran el camino por sí mismos, y no con recetas prefabricadas de ante mano 
o pensadas como inamovibles.
5.- Mutualismo-colectivismo, colectivismo-comunismo anarquista.
6.- ¿Quién no ve aquí el rechazo de la dictadura como proceso revolucionario?
7.- Proudhon haría una definición de las diferencias entre propiedad y posesión desde su 
obra de 1840, que es la más popular.
8.- Para un enfoque también proudhoniano sobre las comunas libremente federadas, pero 
desde la perspectiva de los contratos sinalagmáticos, consultar mi artículo "Proudhon, el 
apoyo mutuo y los contratos sinalagmáticos" publicado en el número de febrero de este 
mismo periódico.

Erick Benítez

https://www.nodo50.org/tierraylibertad/368articulo3.html


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