(ca) FAI, Tierra y Libertad #368 - 1848-1849: ¿la primavera de los pueblos? (it)

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Dom Mar 10 07:00:02 CET 2019


La caída del Imperio napoleónico proporcionó a los grandes Estados monárquicos que 
dominaban Europa -Rusia, Austria y Prusia- la ocasión de extender una cortina de plomo que 
asfixiara toda libertad de asociación, de pensamiento. La primera fisura en ese 
dispositivo apareció en Francia en 1848 con una revolución que planteó claramente la 
cuestión social. La revolución se extendió rápidamente por Europa, donde se plantea 
directamente la cuestión social, si se puede decir así, pero en la que hay dos grandes 
problemas que están a la orden del día: la cuestión de la unidad nacional, para Alemania, 
y la cuestión de la independencia nacional para los eslavos, dominados por Austria, Rusia 
y Prusia. ---- Los acontecimientos se van a desarrollar muy deprisa, suscitándose 
cuestiones extremadamente complejas. Para evocar la revolución de 1848, hago referencia a 
dos documentos: uno de Bakunin, Llamamiento a los eslavos, y el otro de Engels, El 
panseslavismo democrático, que es la respuesta al anterior. Estos documentos no nos dan la 
clave para permitirnos comprender los hechos en detalle, pero espero que su evocación 
estimule en el lector el deseo de conocer más.

Llamamiento a los eslavos
Bakunin redactó este texto tras la insurrección que estalló en Praga el 12 de junio de 
1848, una insurrección que él trató de impedir porque sabía que estaba avocada al fracaso, 
pero en la que participó una vez desencadenada.
Bakunin diría más tarde que el contexto era sin duda objetivamente revolucionario, pero 
que faltaban hombres a la altura de la situación. El periodo que siguió a la insurrección 
de Praga fue muy deprimente para él. Resumiendo, podemos decir que la alianza que 
preconizaba entre los alemanes luchando por la unidad nacional y los eslavos luchando por 
su independencia nacional no suscitó entusiasmo ni por un lado ni por otro. Desmoralizado, 
aislado, sin dinero, descorazonado por los demócratas alemanes: con esa disposición 
redacta Llamamiento a los eslavos que, veremos, es sobre todo una llamada a los alemanes, 
y su contenido está profundamente determinado por el análisis de la evolución presente de 
la revolución en Alemania. Viena fue tomada el 31 de agosto por las tropas imperiales, 
constituidas por contingentes de eslavos dirigidos por otro eslavo, Jelacic. El Parlamento 
austriaco se exilió en Moravia, y el príncipe Schwanzenberg, al que Bakunin calificó de 
"arrogante oligarca", se convirtió en jefe de Gobierno. Milán fue tomado por los croatas 
del general Radetzky. Se disuelve la Asamblea Constituyente de Prusia. "Echados a perder 
por la revolución, que casi les había caído del cielo sin el menor esfuerzo por su parte, 
casi sin sangre, los alemanes se negaron durante mucho tiempo a reconocer la fuerza 
creciente del Gobierno, y su propia impotencia". Los sucesos de Viena y de Berlín, añade 
Bakunin, les enseñaron que para conservar su libertad deberían adoptar medidas serias: 
"Toda Alemania se prepara desde entonces secretamente para una nueva revolución" (Confesión).
El Llamamiento a los eslavos fue modificado varias veces por razones tácticas. Para 
obtener una percepción real de las posiciones de Bakunin necesitaremos, por tanto, 
examinar las diferentes versiones del texto.
Por ejemplo: a instancias de sus amigos demócratas de Berlín, Bakunin suprime los pasajes 
en los que se evoca demasiado abiertamente la cuestión social: "Se plantearon dos grandes 
cuestiones por sí mismas en los primeros días de la primavera: la cuestión social y la de 
la independencia de todas las naciones, la emancipación de los pueblos en el interior y en 
el exterior".
Podemos leer pasajes como los siguientes:
"La revolución social se presenta por tanto como una consecuencia natural necesaria para 
la revolución política".
Para resolver la cuestión social, "es necesario eliminar las condiciones materiales y 
morales de nuestra existencia actual".
"Así pues, la cuestión social aparece en primer lugar como un vuelco de la sociedad".
Eso es lo esencial de los textos suprimidos, en los que la solución de la cuestión 
nacional está subordinada a la solución de la cuestión social.
La primera parte del Llamamiento a los eslavos es un repaso de la política anterior y de 
los errores cometidos por la falta de unión entre todos los demócratas. La continuación es 
una exhortación a organizarse. Para ello, Bakunin reafirma -como, por otra parte, había 
hecho Engels al principio- que el bienestar de las naciones no puede asegurarse si existe 
en Europa un solo pueblo sometido por el yugo. Recuerda precisamente a los eslavos esos 
momentos en los que, junto a los alemanes, combatieron en Viena por la salvación de todos.
"¡Que grande y hermoso fue ese movimiento que se extendió por toda Europa y la hizo 
estremecerse! Tocados por el soplo revolucionario, italianos, polacos, eslavos, alemanes, 
magiares, valacos de Austria y valacos de Turquía, todos ellos, que agonizaban bajo el 
yugo extranjero, se levantaron palpitando de alegría y de esperanza".
Los enemigos que designa Bakunin no son los pueblos y las naciones, sino los imperios 
prusiano, austriaco o ruso. El Llamamiento no nos lleva a pensar en ningún momento que 
Bakunin desee la preponderancia de Rusia sobre las demás naciones eslavas, ni la hegemonía 
de los eslavos sobre los otros pueblos.
En este Llamamiento, Bakunin defienda la idea de una alianza entre los alemanes que 
luchaban por un régimen democrático y los eslavos que luchaban por su emancipación 
nacional. Tal alianza, pensaba, habría hecho invencible la revolución. Pero chocó con las 
reticencias de los dos bandos, sobre todo con los alemanes, encabezados por Marx y Engels, 
que no estaban dispuestos a ceder los territorios eslavos que ocupaban los imperios 
prusiano y austriaco desde hacía siglos, y especialmente Bohemia.
Con la iluminación de los textos que escribió Bakunin en su madurez, comprendemos que la 
segunda revolución que él deseaba era imposible. Las condiciones políticas de una 
revolución democrática habían cambiado. La burguesía liberal alemana o germano-checa no 
tenía ya el impulso de la de la burguesía francesa de 1789. Saciada a medias, impaciente 
ante el posible disfrute, se ve sobre todo -dice Bakunin- "amenazada desde abajo" por el 
proletariado. Los Danton o los Saint-Just fueron sustituidos por una "cohorte melancólica 
y sentimental de mentes pálidas y enfermizas" (El Imperio knuto-germánico).

El paneslavismo democrático de Engels
En un texto titulado El paneslavismo democrático, publicado en la Neue Rheinische Zeitung 
(Nueva Gaceta Renana, 14 de febrero de 1849), Engels reacciona contra el Llamamiento de 
Bakunin de una manera extremadamente violenta. El paneslavismo democrático se inscribe en 
la larga serie de calumnias contra el ruso, que continuará durante su detención de 1849 a 
1861, y después de su evasión a Siberia, y se ampliará durante el periodo de su militancia 
en la Internacional.
Cuando en julio de 1848 hace el balance de la acción histórica de los alemanes durante los 
últimos sesenta años anteriores, Engels es abrumador: envío de tropas contra la 
independencia americana, guerra contra la revolución francesa, contra la libertad de 
Holanda, intervenciones contra la libertad de Suiza, Grecia y Portugal, desmembramiento de 
Polonia, sometimiento de Lombardía y Venecia, e incluso en Rusia, donde los alemanes 
constituían "el principal apoyo de los grandes y pequeños autócratas" (Neue Rheinische 
Zeitung, 2 de julio de 1848).
De pronto, cambia el tono. Las "infamias cometidas en otros países con la ayuda de 
Alemania", cuya responsabilidad recaía "en una buena parte, sobre el pueblo alemán", se 
convierten en actos civilizados. Los alemanes, a los que Engels había tildado seis meses 
antes de cegatos, por su "alma de esclavos", su "aptitud innata para engrosar los 
lansquenetes" o "lacayos del verdugo", se convierten repentinamente en instrumentos del 
progreso y la civilización. En julio de 1848 nos dice que "los pueblos oprimidos por la 
falta de Alemania llegarán después de mucho tiempo a un estado normal de civilización"; 
ahora, en febrero de 1849, habla de las "mezquinas aspiraciones nacionales" de los eslavos.
¿Qué ha pasado entonces?
Para explicar ese vuelco no basta con el simple odio de Engels hacia Bakunin, ni con su 
miedo a verse perder importancia en sus posiciones. Incluso aunque el lenguaje del 
Llamamiento a los eslavos hubiera podido desquiciar a Engels -un lenguaje que había 
empleado poco antes el propio Marx: fraternidad, mano tendida y demás- es impensable que 
se le haya escapado la intención de Bakunin, es decir, el logro de la unidad de acción de 
los demócratas alemanes, húngaros y checos. Quizá sea ahí precisamente donde le duela. 
Engels se había dado perfecta cuenta de que si se realizaba esa unidad, llevaría 
inevitablemente a la constitución de un Estado eslavo en el centro de Europa -el 
equivalente aproximado a la actual Checoslovaquia- y toda su argumentación en El 
paneslavismo democrático consiste en rechazar categóricamente esta posibilidad. Todo lo 
contrario, Engels insiste de manera hiriente en la idea de que los eslavos meridionales no 
son capaces y no merecen fundar un Estado, en que sus reivindicaciones nacionales no están 
justificadas y en que mantenerse en la órbita germánica es lo mejor que podría ocurrirles 
desde el punto de vista de la civilización.
Los eslavos son los "instrumentos principales de los contrarrevolucionarios", surten a las 
tropas que reprimen las revoluciones, "cuyas brutalidades se imputaron a los alemanes"; 
pero Engels se guarda de decir que se trataba de ejércitos austriacos. Es como si la 
izquierda francesa hiciera responsables de la masacre de los comuneros a los bretones, que 
suponían la mayor parte de las tropas versallesas. Los eslavos, en resumen, se colocan en 
el lado de la contrarrevolución, "y por esa innoble y vergonzosa traición a la revolución, 
algún día nos vengaremos sangrientamente de los eslavos" (Engels, El paneslavismo 
democrático). Así que hasta entonces, los rusos eran el objeto del odio de los alemanes, y 
"al añadírseles el odio de los checos y croatas y (...) en comunidad con los polacos y los 
húngaros, solo podemos consolidar la revolución mediante el terrorismo más firme contra 
los propios eslavos".
Al final de su texto, Engels llama a la "lucha, lucha a muerte, implacable, contra los 
eslavos traidores a la revolución; guerra de exterminio y terrorismo sin piedad, ¡no en 
interés de Alemania sino en interés de la revolución!"
El razonamiento en términos de "realpolitik" no se limita a Europa y los eslavos. El 
derecho de los pueblos está completamente ausente de la maquinaria conceptual marxista. 
Engels está aquí en perfecta coherencia con el Manifiesto comunista y con "La crítica 
moralizante". La anexión de territorios mexicanos por parte de Estados Unidos se aprueba 
en nombre de la civilización porque las "energías yanquis" desarrollarán mejor la rica 
California que "los perezosos mexicanos" que "no saben qué hacer". Rosa Luxemburgo apoyará 
posteriormente el punto de vista de Engels.
Del mismo modo, "la conquista de Argelia es un acontecimiento importante y de buen augurio 
para el progreso de las civilizaciones" para Engels; "ha obligado a los beys de Túnez y de 
Trípoli e incluso al emperador de Marruecos, a entrar en el sendero de la civilización".
En 1848, Bakunin no es anarquista, y no llegará a serlo hasta veinte años más tarde. Su 
punto de vista es el de un socialdemócrata partidario de la independencia nacional, no 
solo de los eslavos, sino de todo el conjunto de pueblos dominados. El punto de vista de 
Engels, y el de Marx también evidentemente, se basa en su reciente teoría según la cual la 
historia que quiere el progreso histórico ha de ser guiada por el capitalismo que rompe 
las estructuras sociales arcaicas, y por la idea de que en Europa central la germanización 
de los pueblos eslavos es un factor de progreso para ellos. Para Marx y Engels, la 
primavera de los pueblos fue de hecho la primavera de Alemania, una primavera frustrada 
puesto que la unificación del país no se logró hasta 1871, y no por una revolución 
democrática sino por la creación de un nuevo imperio alemán que supuso el aplastamiento de 
una insurrección proletaria: la Comuna de París.
Pero esa es otra historia.

René Berthier

https://www.nodo50.org/tierraylibertad/368articulo5.html


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