(ca) COLECTIVO ANDAMIO LIBERTARIO: Sobre el desatino de referirse como "libertarios" a los partidos políticos liberales y sus adeptos. Un error conceptual. - Brandon Venturino

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Jue Mar 7 06:03:58 CET 2019


Últimamente en Argentina se ha extendido el uso de la palabra "libertario/a" y ahora se 
hace alusión a ella en múltiples ámbitos. Desde las redes sociales hasta la radio y la 
televisión, hoy todo el mundo parece evocar su existencia, pero, por desgracia, el 
significado que se le está dando no puede ser más errado. Es entonces que nosotros/as 
-los/as anarquistas, quienes históricamente nos hemos adjudicado dicho vocablo y quienes 
primero lo hemos utilizado-, tenemos la tarea de salir a explicar -sino a repudiar- el mal 
uso del término. ---- Para empezar debemos señalar el origen del error: simplemente, la 
creación del "Partido Libertario" el año pasado. Junto con su existencia ha nacido el 
error conceptual de llamar "libertarios" tanto a sus integrantes como a sus adeptos en 
este país. Hasta este punto en lo que respecta a la Argentina. Pero, siendo un mal de 
categoría general (ya que no solo en Argentina ha tomado lugar esta equivocación sino que 
el modelo del llamado "partido libertario" que se estableció recientemente en nuestro país 
ya se ha replicado en muchos otros, y con él, la equivocación), nos proponemos ir más allá 
y dilucidar la génesis real del error para promover su corrección.

Es difícil ver este abuso o aprovechamiento de parte de estos grupos políticos liberales 
(que ya agotaron la etiqueta de "liberales" y entonces se pasan a la de "libertarios") 
como un simple accidente, un solapamiento histórico-político que se dio por casualidad y 
pasó a desvirtuar y corromper uno de los términos análogos del anarquismo. Esto en 
especial cuando muchos de los conceptos e ideas de estos partidos fueron tomados 
directamente de los aspectos filosóficos del anarquismo, tales como la libertad 
individual, la crítica al Estado y a las leyes, etc. Así, una formulación liberal como la 
de los "partidos libertarios", apoyada muchas veces en una suerte de crítica anarquista 
deformada, encaja a la perfección cuando hay una brecha social entre los partidos 
liberales tradicionales y la centroizquierda; llega como una panacea para los males 
sociales del momento, un prodigio nunca antes visto que emite juicios altisonantes contra 
todas las manifestaciones políticas contemporáneas y promete, en caso de ganar las 
elecciones, un cambio tan radical en la estructura económica del país que de repente 
traerá prosperidad a través del libre mercado, la no-intervención del Estado en los 
asuntos económicos, la competencia indiscriminada de las empresas y los privados... 
Exactamente el mismo discurso del liberalismo clásico.

Volvamos al origen del término. Decir, ante todo, que hay dos orígenes para esta palabra, 
y esta es la auténtica génesis de toda la confusión. Durante mucho tiempo decir libertario 
ha sido lo mismo que decir ácrata o anarquista; la palabra fue acuñada por Joseph 
Déjacque, escritor y militante anarcocomunista francés, en una carta que data de 1857. En 
la carta Déjacque criticaba a Proudhon -uno de los teóricos políticos que se encargó de 
definir, sobre todo, los aspectos económicos del anarquismo-, tachándolo de «anarquista a 
medias, liberal y no libertario», y he aquí el origen. Sería interesante abordar más 
adelante esta crítica a Proudhon, seguida de un análisis de ambos autores, pero por lo que 
nos compete hoy, nos quedaremos con los siguientes datos: la palabra libertaire (que 
devino en libertario) empleada enfáticamente por un anarquista francés, en 1857, como 
crítica al liberalismo económico. Este es el origen real de la palabra.

Luego, casi un siglo más adelante -precisamente en 1940-, en Estados Unidos algunos 
economistas y políticos conservadores comenzaron a utilizar el término ‘libertarian‘ para 
referirse a sí mismos y a sus instituciones; ‘libertarian‘ -que en español, lo mismo que 
‘libertaire‘, deriva en libertario-, empezó a usarse entonces a pesar de que la misma 
palabra ya había ingresado al país como sinónimo de anarquista. Y la cosa no terminó ahí, 
sino que diez años después -en 1950-, Murray Rothbard, teórico político liberal, empleó el 
término como sinónimo de su teoría del ‘Anarcocapitalismo‘, que acepta como sinónimos las 
expresiones de ‘capitalismo antiestatal', ‘mercado antiestatal', ‘anarcoliberalismo'.

Un pequeño puñado de conceptos antagónicos entre sí, defendidos por medios masivos y 
partidos políticos del momento, se viralizó solapando enormemente el origen anarquista del 
término y creando confusión en torno a este al azorar la teoría liberal con conceptos 
originarios del anarquismo.

A estas alturas, algunas personas podrían preguntarse: ¿no sería capaz el anarquismo, una 
de las expresiones políticas más amplias y abiertas a las nuevas formulaciones de cada 
tiempo, de encontrar una vía económica liberal, partidista, para ejercer su praxis? La 
respuesta es, y siempre será, un rotundo NO. Este es uno de los pocos límites que existen 
en la expansión y la variabilidad de la teoría anarquista, porque incorporarlos 
significaría una negación completa de su esencia. Todo terminaría siendo un juego de 
palabras, y entonces el antipartidismo se convertiría en la defensa de un partido que se 
presume antipartidista; el antiautoritarismo se volvería un fiel defensor de una autoridad 
que profese la no-autoridad; el antiestatismo se volvería la defensa de un Estado que 
prometa su propia abolición.

Una muestra más tangible de lo dicho se nos aparece en los actos, precisamente en la 
génesis del propio anarquismo como movimiento político a mediados del siglo XIX. Ya desde 
entonces encontramos al anarquismo, desde Bakunin y su participación en la Primera 
Internacional -aunque hay posturas que sitúan este enfoque ya desde Proudhon- contra toda 
expresión capitalista o liberal, como una manifestación política socialista; la más 
radical de todo el ideario socialista, de hecho. Aquel movimiento que proclamaba la 
libertad y la igualdad como consignas sociales interdependientes, de cuya unión surgiría 
el bienestar de la humanidad, la fraternidad universal, luego de la abolición de la 
autoridad. He aquí por qué ninguna corriente liberal podría vincularse con el anarquismo y 
viceversa, y es también esta la razón por la que el llamado "anarcocapitalismo" es también 
una contradicción conceptual. Si se sustrae el aspecto socialista, solidario del 
anarquismo, entonces deja de ser anarquismo, porque así fue proclamado y teorizado desde 
sus comienzos y así fue defendido a lo largo de la historia; ¿y cómo le podemos decir 
entonces a estos grupos políticos liberales que se proclaman libertarios sin serlo? Les 
decimos liberales y punto. ¿No es lo que son?

Para finalizar, decir que esta es otra de las trincheras en las que debemos dar lucha 
los/as militantes sociales; aunque pudiera parecer un asunto sin importancia, una 
‘discusión tonta o prescindible', el desplazamiento y solapamiento de los significados, 
especialmente cuando se trata de luchas sociales y derechos adquiridos, es otra 
herramienta del poder para apropiarse de terminologías ajenas, generar confusión y así 
terminar borrando del mapa, poco a poco, aquello que ahora tiene un nombre disímil. No 
debemos permitir que esto suceda. Y por lo demás, no es necesario ser militante social o 
anarquista para defender este uso adecuado del término. En última instancia

https://andamiolibertario.wordpress.com/2019/03/05/sobre-el-desatino-de-referirse-como-libertarios-a-los-partidos-politicos-liberales-y-sus-adeptos-un-error-conceptual/


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