(ca) US, black rosef ed: ¡EL SOCIALISMO SERÁ LIBRE O NO SERÁ! - Una introducción al Socialismo Libertario Por Arthur Pye (en)

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Jue Ago 2 06:43:38 CEST 2018


English Version http://blackrosefed.org/will-be-free-libertarian-socialism/ ---- 
Introducción ---- Socialismo es oficialmente una expresión en boga nuevamente. De acuerdo 
con una encuesta reciente, el 44% de los millennials de EE.UU. "prefieren el socialismo al 
capitalismo", e incluso Demócratas populares están comenzando a llamarse a sí mismos 
socialistas. Tal como lo estipula un encabezado: "El socialismo está muy de moda 
actualmente". Utilizada para describir todo el rango entre Bernie Sanders y la Rusia 
estalinista, existen pocas palabras que inspiran significados tan variados y 
contradictorios. Como la mayoría de las expresiones en boga, el verdadero significado de 
socialismo se encuentra sepultado por su popularidad. ---- Pero entonces, ¿qué significa 
realmente socialismo y cómo es en la práctica?

Fundamentalmente, socialismo es la idea de que los recursos y las instituciones de la 
sociedad se deben administrar de manera democrática por la comunidad en su totalidad. 
Mientras que bajo el capitalismo el poder económico y político se concentra en las manos 
de los ricos, los socialistas luchan por una sociedad en la que los medios para producir y 
distribuir bienes y servicios sean de propiedad común a través de la democrática 
autogestión de los lugares de trabajo y las comunidades.

Este artículo plantea el caso de que el socialismo libertario representa la 
materialización más exhaustiva y congruente de los principios básicos del socialismo. En 
esencia, el socialismo libertario es una política de libertad y autodeterminación 
colectiva, llevada a cabo mediante una lucha revolucionaria contra el capitalismo, el 
poder estatal y la opresión social en todas sus formas.

Parte 1: libertad del capitalismo
Socialismo vs. capitalismo
Para sobrevivir bajo el capitalismo, quienes no poseen pertenencias se ven obligados a 
alquilarse a los propietarios y ser explotados con el fin de obtener ganancias. Esta 
relación entre los "poseedores" y los "desposeídos" forma los cimientos de la sociedad 
capitalista: explotación de clase. En dicha sociedad, el poder fluye directamente desde la 
relación que uno tenga con la propiedad, es decir, su situación de clase. Mientras que un 
puñado de personas posee y controla las instituciones de la sociedad, la gran mayoría (la 
clase trabajadora) se ve reducida a la impotencia como individuos. Como lo señaló la 
socialista revolucionaria y activista por los derechos de los discapacitados, Helen 
Keller: "La minoría domina a la mayoría debido a que posee los medios de subsistencia de 
todos".

Prácticamente nada ocurre en una sociedad capitalista a menos que enriquezca aun más a un 
rico. Según su naturaleza intrínseca, el capitalismo no solo se alimenta de la explotación 
de clase y la desigualdad de riquezas, sino que además requiere un crecimiento infinito y 
una expansión de la economía ilimitada, lo que provoca guerras, colonialismo y la 
destrucción del medioambiente. Las corporaciones no se detienen ante prácticamente nada en 
su búsqueda patológica de ganancias.

Los socialistas proponen una "lucha de clases" en la que, quienes carecemos de poder bajo 
el capitalismo, nos organicemos para cambiar el equilibrio de poder hasta que las 
instituciones de la sociedad sean controladas democráticamente y las clases como tal se 
hayan abolido. En una sociedad socialista, se eliminaría el lucro privado. En su lugar, el 
propósito de las instituciones políticas y económicas sería satisfacer las necesidades y 
deseos de las personas, de manera sostenible, mediante la autogestión democrática de los 
lugares de trabajo y las comunidades. Como lo señala la máxima socialista: "de cada cual 
según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades".

Al eliminar la necesidad de una clase empleadora que posee propiedades y una clase 
empleada (o desempleada) carente de propiedades, los lugares de trabajo serían ahora 
administrados cooperativamente por los trabajadores mismos, reemplazando el negocio 
privado. La política pública se planificaría mediante consejos democráticos de 
autoadministración, federados desde el vecindario hacia arriba, reemplazando al estado 
centralizado. Es en este espíritu original que definimos el socialismo como un movimiento 
revolucionario para una sociedad sin clases.

Socialismo vs. socialdemocracia
Esta visión claramente contrasta no solo con las supuestas dictaduras "socialistas" en 
Rusia o China, sino también con los países capitalistas como Suecia o Noruega, con 
frecuencia descritos como "socialistas". Estas sociedades (también llamadas 
"socialdemocracias") poseen la misma dinámica de poder que cualquier otro estado 
capitalista. Mientras que el socialismo propone la propiedad cooperativa y la democracia 
directa, las "socialdemocracias" mantienen el poder económico concentrado en las manos de 
los ricos, con un gobierno central poderoso que regula programas sociales, dejando -de 
esta forma- la estructura de clases de la sociedad sin variaciones. En este sentido, sería 
más adecuado referirse a los autodenominados socialistas, tales como Bernie Sanders, como 
"socialdemócratas" o "liberales", ya que su objetivo final es efectuar reformas 
progresivas para hacer que la vida bajo el estado capitalista sea más tolerable. Dichas 
reformas pueden mejorar las condiciones de vida y laborales de las personas de manera 
significativa, pero los impuestos y un sistema de salud más económico no constituyen el 
socialismo. El socialismo es un llamamiento revolucionario a una sociedad sin clases.

¿No es Socialismo Libertario una contradicción?
En Estados Unidos, la palabra "libertario" ha adoptado el significado opuesto del que 
posee en el resto del mundo. Extrañamente, se ha vuelto sinónimo de la defensa del 
individualismo capitalista extremo, propiedad privada y los "derechos" de las 
corporaciones a estar "libres" de la supervisión pública. Sin embargo, la libertad de los 
poderosos no es libertad en absoluto.

Desde sus orígenes, el libertarismo ha sido sinónimo de anarquismo o antiautoritarismo: la 
creencia de que las relaciones basadas en la dominación, jerarquía y explotación se deben 
desmantelar en virtud de la libertad y la autodeterminación. Para los anarquistas, un 
individuo sólo puede ser libre en una comunidad de iguales. Tal como lo expuso el 
anarquista ruso del siglo XIX, Mikhail Bakunin: "La libertad política sin igualdad 
económica es una pretensión, un fraude, una mentira". Entonces, no debería ser ninguna 
sorpresa que los libertarios siempre hayan sido socialistas, ya que el capitalismo se basa 
en la dominación de clase.

Aunque la posible confusión es comprensible, el socialismo libertario es más bien una 
redundancia que una contradicción. La libertad y el socialismo son indispensables entre 
sí. Sin uno, el otro pierde su significado. De modo que, el socialismo libertario 
simplemente significa "socialismo libre". Como lo expuso el pensador anarquista Rudolf 
Rocker: "el socialismo será libre o no será".

Parte 2: Libertad del poder estatal
Socialismo libertario vs. Socialismo estatista
Históricamente han existido dos tendencias generales en los movimientos socialistas, que 
se pueden describir a groso modo como los "de arriba" y los "de abajo". Ambos lados están 
dedicados a la abolición del capitalismo, pero difieren significativamente en su visión de 
la sociedad futura y cómo se debe alcanzar. La diferencia clave entre estas tendencias es 
su enfoque con respecto al poder estatal. Mientras que los socialistas estatistas ven al 
estado como el medio para lograr el socialismo, los libertarios lo ven como una barrera.

Socialismo desde abajo:
Los socialistas libertarios durante mucho tiempo han argumentado que los estados (o los 
gobiernos) no son instituciones neutrales, sino instrumentos de la regla de clases, 
establecidos para proteger a una minoría gobernante a través del monopolio de la 
violencia. Sin la policía, las cárceles, las fronteras militarizadas y un control político 
centralizado, un estado ya no es un estado. Dicha concentración de poder es antiética para 
la autogestión democrática y, por lo tanto, para el socialismo.

Para lograr un "socialismo libre", quienes carecemos de poder bajo el capitalismo debemos 
empoderarnos mediante la organización en las áreas donde vivimos, trabajamos y estudiamos, 
creando organizaciones populares (es decir, sindicatos de base para trabajadores y 
arrendatarios, asambleas populares, organizaciones comunitarias) y el desarrollo de poder 
colectivo, no solo para contrarrestar los problemas que se nos imponen, sino para someter 
las instituciones que nos rodean al control democrático. Eventualmente, los trabajadores 
pueden arrebatarles sus lugares de trabajo a sus jefes, los inquilinos pueden tomar las 
viviendas de los arrendadores y las comunidades indígenas pueden ejercer soberanía sobre 
los territorios colonizados. Si los movimientos están suficientemente organizados y unidos 
entre sí, las acciones pueden crecer hasta convertirse en una revolución social a gran 
escala que siente las bases para una nueva sociedad en la que los gobiernos y las 
corporaciones sean reemplazados por entidades coordinadas de autogobierno.

Dichas estructuras se deben basar en el principio de democracia directa, en la cual, las 
personas participan directamente en las decisiones que afectan sus vidas. En lugar de 
simplemente elegir a nuestros gobernantes (lo que se conoce como "democracia 
representativa"), la democracia directa empodera a las personas para gobernarse 
colectivamente a sí mismos.

El mundo es complejo y los detalles siempre dependen de las circunstancias, pero nuestros 
principios rectores son inflexibles: se debe descartar el poder concentrado en todas sus 
formas a favor de la libertad, la igualdad y la democracia directa.

Socialismo desde arriba:
Los socialistas estatistas poseen una visión distinta. En lugar de ver la revolución como 
una ola de transformación desde abajo, se debe -en cambio- implementar desde arriba. Desde 
esta perspectiva, se entiende el socialismo como una ciencia que requiere administración 
profesional. Por lo tanto, un núcleo de revolucionarios profesionales (la "vanguardia") 
debe tomar el control del estado capitalista en representación de "las masas" (ya sea a 
través de los medios electorales o militares) y administrar el socialismo mediante los 
mecanismos existentes de poder. En vez de situar la economía bajo la autogestión de la 
comunidad y los trabajadores, la tierra y la industria se nacionalizan y se ponen bajo el 
control directo del estado.

Revolución vs. cambio de régimen:
No existe un atajo hacia el socialismo. Reemplazar una clase gobernante capitalista por 
una clase gobernante autodenominada "socialista" no es una revolución social, sino un 
golpe de estado; un cambio de régimen. Por lo tanto, el socialismo de estado es una 
contradicción, que se podría describir con mayor precisión como "capitalismo de estado", 
ya que la población general continúa teniendo la necesidad de alquilarse a un jefe (en 
este caso, el todopoderoso estado "socialista").

Si el núcleo del socialismo es la autogestión colectiva, entonces el socialismo a punta de 
pistola no puede ser socialismo en absoluto. Incluso el mismo Karl Marx señaló: "la 
emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos". Una sociedad en que 
el poder fluye desde abajo hacia arriba solo puede construirse desde abajo hacia arriba. 
Por lo tanto, resulta lógico que cualquier intento de imponer el socialismo desde arriba 
terminará fallando en su objetivo profesado. A lo largo de la historia, siempre que un 
pequeño grupo de personas se ha apoderado del poder estatal en nombre del socialismo, en 
lugar de crear una sociedad sin clases, el estado se hace cada vez más centralizado, lo 
que con frecuencia produce una sociedad más opresiva que la derrocada.

El ejemplo ruso:
La ideología "vanguardista" del socialismo de estado fue desarrollada por primera vez por 
Vladimir Lenin durante la Revolución Rusa y luego se implementó una vez que él junto con 
el partido bolchevique tomaron el control estatal en 1917. Pese a que efectivamente se 
esparció una auténtica revolución socialista por el país, fue rápidamente absorbida y 
anulada por el nuevo estado "socialista". Los bolcheviques desmantelaron los recientemente 
formados consejos democráticos de trabajadores (sóviets) y las comunas agrícolas -los 
cimientos mismos de una revolución socialista- y los pusieron bajo el control directo del 
estado. Mientras que los trabajadores rusos exigían "¡Todo el poder a los consejos!", 
Lenin insistió en que: "la revolución exige... que las masas obedezcan indiscutiblemente a 
la única voluntad de los líderes". Se encarceló o asesinó a innumerables socialistas en 
nombre del socialismo mucho antes de que Stalin llegara al poder.

El vanguardismo en sus variadas formas (leninismo, trotskismo, maoísmo, etc.) se consideró 
como un modelo ideológico a lo largo del siglo XX por parte de muchos que tuvieron éxito 
en apropiarse del poder estatal. Desafortunadamente, debido al éxito del modelo en 
producir regímenes autodenominados "socialistas" (Rusia, China, Cuba), la ideología 
vanguardista se volvió en gran medida un sinónimo del socialismo revolucionario.

Revoluciones socialistas libertarias:
Afortunadamente, no todas las revoluciones socialistas han sido absorbidas por 
autoritarios. Desde la revolución anarquista española hasta el alzamiento zapatista y la 
revolución de Rojava en el norte de Siria, existen muchos ejemplos de movimientos que 
reorganizan la sociedad según los principios socialistas y sin un estado. Estos 
movimientos, como cualquier otro, no son modelos universales que se deban replicar, sino 
ejemplos que nos pueden enseñar lecciones importantes e inspirarnos con la esperanza de 
una posibilidad revolucionaria.

Parte 3: libertad de la opresión social
Solidaridad y liberación colectiva:
Para los socialistas libertarios, todas las luchas contra la opresión están necesariamente 
relacionadas en el contexto de una lucha más amplia para la liberación colectiva. Una 
sociedad cuyas raíces se encuentran en la autodeterminación requiere la emancipación 
completa de todas las personas, no solo de la explotación de clase y la autoridad del 
estado, sino de todas y cada una de las formas de opresión social, así de simple.

Como socialistas, creemos que el poder económico concentrado y la explotación de clase son 
fundamentales para la opresión que la gente enfrenta hoy bajo el capitalismo. Pero como 
libertarios, también rechazamos la idea de que con solo "socializar los medios de 
producción" se crearía automáticamente una sociedad libre. En cambio, creemos que en 
cualquier sociedad, capitalista o no, las personas con sus distintos senderos de vida 
tienen que defender sus derechos contra cada una de las formas de discriminación y opresión.

Luchar contra la opresión social como el racismo, el sexismo y la transfobia no se debe 
tratar como una idea adicional o una nota al margen del "trabajo real" de la lucha de 
clases. Al contrario, se debe considerar como una idea central e indispensable para 
cualquier proyecto socialista libertario. Con una comprensión holística de la opresión, 
podemos ver que si la lucha de clases significa la lucha de los miembros de la clase 
trabajadora por su libertad, entonces no puede haber una lucha de clases sin una lucha 
queer, feminista, antirracista y anticolonialista. Una sociedad socialista libertaria 
necesariamente demanda poner fin a toda la opresión social, ya que la verdadera libertad 
para todos requiere una vida digna para todos. O bien, como lo expone la vieja máxima 
Wobbly: "la herida de uno es la herida de todos".

Poder vs. privilegio:

Para los socialistas libertarios, la liberación colectiva también requiere que abordemos 
las causas raíces de la opresión. Las manifestaciones de privilegio personal y 
discriminación cultural se deben entender como síntomas de estructuras subyacentes en la 
sociedad, las que determinan quién tiene poder y quién no. Los poderosos (principalmente 
hombres blancos ricos) han utilizado su control de las instituciones de la sociedad para 
dar forma a la cultura dominante según su propia imagen y sus propios intereses. Solo a 
través de la lucha compartida y la transformación revolucionaria podemos transformar la 
esencia de estas instituciones para que sirvan a los intereses de todos.

Parte 4: en la práctica: creación de poder vs. toma de poder
¿Cómo podemos luchar por el socialismo sin caer en las trampas del liberalismo o el 
autoritarismo? La respuesta corta: creando poder popular. El poder popular es lo opuesto 
al poder concentrado. Significa crear movimientos sociales autogestionados independientes 
de la izquierda institucional que puedan ganar reformas significativas mientras sientan 
las bases del impulso que las llevará a superar sus limitaciones.

La pregunta que debemos hacernos no es quién debería sentarse en la sede del poder, sino 
más bien cómo podemos cambiar el equilibrio de poder para que esa sede pierda su 
significado. En lugar de depositar nuestra fe en quienes profesan representarnos como 
gobernantes benevolentes (en esta sociedad o la siguiente), debemos vernos a nosotros 
mismos como responsables de nuestra propia liberación. Esta es la diferencia entre la 
política representativa y la acción directa.

Política representativa:
La política representativa requiere que la mayoría de nosotros adopte una actitud pasiva. 
Al concentrarnos en candidatos políticos o congregarnos tras líderes carismáticos, estamos 
cambiando nuestra intervención por promesas. En la práctica, lo que nuestros 
"representantes" buscan es el acceso al poder estatal. Esto es peligroso porque, como lo 
mencionamos, los estados no son instituciones neutrales, sino instrumentos del dominio de 
una minoría. Los estados se pueden (y se deben) reformar para mejorar la vida de las 
personas, pero la historia de la política electoral demuestra que ésta desmoviliza y 
despoja de sus colmillos a los movimientos sociales, además de establecer relaciones de 
dependencia con ellos en lugar de fortalecerlos. Si queremos un cambio transformador, 
debemos luchar por reformas creando poder desde abajo, no reforzando el que está sobre 
nosotros.

Acción directa:
No hay ningún sustituto para el poder popular. Ni un partido ni un líder carismático. La 
acción directa significa luchar por nosotros mismos: unirse a otros y luchar contra la 
opresión con nuestro propio poder en vez de hacerlo a través de un tercero. Una huelga es 
el ejemplo perfecto: los trabajadores utilizan su propio poder colectivo para simplemente 
dejar de trabajar hasta que se cumplan sus demandas. Éste no es sólo un medio de cambio 
más directo y eficaz, sino que también es transformador, ya que incentiva a los 
trabajadores a avanzar hacia un futuro donde podrían administrar su propio lugar de 
trabajo. Esto mismo se aplica a las luchas por tierras, vivienda, educación, etc. El 
cambio transformador ocurre cuando la gente común descubre y ejerce su propio poder colectivo.

Conclusión
Si examinamos sinceramente las estructuras y relaciones que nos rodean hoy y nos 
preguntamos: "¿podría esto ser más libre, igualitario y democrático?", nuestra respuesta 
casi siempre sería: "sí". Si tomas estos principios en serio y los sigues a su conclusión 
lógica, tal vez podrías despertar y descubrir que eres un socialista libertario. ¡Pero no 
temas! El socialismo no es una quimera utópica. La libertad es posible. Y admitirlo es el 
primer paso de la revolución.

Arthur Pye es miembro de Black Rose/Rosa Negra Federación Anarquista en Seattle.

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