(ca) cnt cat: [SINDICAL] NOTAS SOBRE EL FUTURO EN UN IMPERIO DE MERCADERES por Yeray Campos

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Sab Jul 15 07:58:29 CEST 2017


La piedra fundadora del sindicalismo revolucionario es la carta de Amiens, declarada por 
el congreso de la Confederación General del Trabajo (CGT) francesa celebrado en esta 
ciudad en 1906. Allí están todas las claves que llevarían al movimiento obrero 
revolucionario muy cercano al triunfo pase una década. Producto de los errores del 
movimiento previo, la CGT señala que la lucha del proletariado hacia la revolución debe 
ser una lucha económica, separada de la política; una "doble tarea cotidiana y de 
porvenir" que busca la desaparición del asalariado y de la patronal. El autoabolició del 
proletariado por sus propios medios. ---- Es curioso como a lo largo de la segunda mitad 
del siglo XX se produce una inversión de papeles entre la derecha y la izquierda 
políticas. Si al comienzo de siglo era la burguesía la que construía Estados nacionales 
basados en la kultur y consigue que hablar alemán o inglés sea excusa suficiente para la 
masacre de cientos de miles de personas en unos cuantos kilómetros cuadrados de terreno; 
el proletariado, por su parte, construía organizaciones de masas donde lo único importante 
para unirse era la posición económica socialmente compartida. Georges Sorel, en sus 
Reflexiones sobre la violencia , retrata a una burguesía temerosa, reformista, reducida a 
centrar sus preocupaciones en cuestiones sociales y culturales, mientras la clase obrera 
mantiene una posición crudamente materialista, violenta, en torno a la lucha por sus 
intereses económicos.

Pero, tras la derrota del ciclo revolucionario y, sobre todo, después de la Segunda Guerra 
Mundial, la cuestión se invierte. El consenso socialdemócrata que se establece en 
occidente deja resuelta la cuestión económica en torno a un capitalismo "de rostro amable" 
y lo que llamamos izquierda queda arrinconada en torno a cuestiones sociales, culturales y 
nacionales. El fascismo, que buscaba precisamente acabar con el conflicto clasista 
mediante la construcción de Estados totalitarios (donde toda cuestión social, cultural o 
económica era dirimida por el Estado y las corporaciones) quizás fue derrotado 
militarmente, pero el mundo que sobrevive a 1945 nos hace plantearnos si no habrá vencido 
en sus posiciones políticas.

"Bajo los adoquines, la playa" es la consigna escrita en las paredes de París en mayo del 
68 y supone toda una declaración de la nueva correlación de fuerzas. Entonces los jóvenes 
universitarios de izquierdas (hijos precisamente los elementos de la clase obrera que 
sufrieron el conflicto mundial) declararon su renuncia a la lucha por el espacio 
económico, su ruptura con la tradicional asociación entre progreso económico y liberación 
que había hecho el movimiento obrero. El Capital parecía haber ganado su conflicto sobre 
el Trabajo.

Desde ese momento hemos vivido en un imperio de mercaderes gigantesco. En ninguna de las 
civilizaciones que nos precedieron ocuparon la mercancía y la producción de valor un lugar 
más preponderante. Las clases mercantiles y financieras, históricamente reducidas a una 
posición subalterna, han logrado imponer un mundo a su imagen y semejanza. Y, con el final 
del siglo XX, los papeles se invierten completamente. Ahora es el capitalismo, en su fase 
neoliberal, lo que adopta un papel violento, destructor del consenso social y económico, 
mientras jóvenes de izquierdas de todas las universidades del mundo se dedican a la cultura.

Me gusta comparar el neoliberalismo con la arquitectura brutalista. Las grandes 
estructuras de hormigón construidas por los seguidores de este enemigo de la humanidad que 
fue Le Corbusier, imponentes, parecen incontestables, como si nada más pudiera construirse 
tras ellas. Pero pronto comienzan a presentar grietas y, dentro de unas décadas y con un 
poco de suerte, todas acabarán siendo escombros. Algo parecido está pasando con el modelo 
neoliberal. Y es aquí donde empiezan los tiempos interesantes.

Hay tesis muy a tener en cuenta, como la que hizo la revista alemana Wildcat en abril de 
2013, sobre la formación de un nuevo proletariado. Según este análisis, en los últimos 
años miles de personas estarían siendo expulsadas de los sistemas garantistas, apareciendo 
una nueva capa de trabajadoras y trabajadores no cualificados (o que desarrollan trabajos 
para los que no es necesaria su calificación). Este fenómeno ha ido acompañado de una 
degradación de las condiciones del trabajo. Lo que en España se ha visibilizado 
últimamente en la forma de "trabajadores pobres". Esto es, el escenario que se dibuja tras 
la última crisis es la de una reducción del paro, sobre la base de la creación de empleo 
precarizada, temporal, desregularizada ...

La quiebra de los modelos de Estado social, los mercados laborales protegidos y las 
grietas en la huida hacia adelante neoliberal expresarían, por un lado, en estallidos en 
los otros sistemas de opresión en los que el capitalismo se apoya -l aumento del conflicto 
racial en EEUU, el auge de los nacionalismos xenófobos en Europa o una mayor actividad de 
los feminismos ante la ofensiva neomasclista serían ejemplos de ello-; y por otra, en 
conflictos laborales tanto en sectores precarios (las huelgas del telemarketing o la 
organización sindical de colectivos como las limpiadoras de hoteles, los manteros o las 
trabajadoras sexuales), como en sectores relativamente protegidos que ven peligrar sus 
condiciones (caso de los controladores aéreos o los estibadores).

Todo esto abre un amplio campo en nuestra acción. Sin embargo, hay que decir que nos 
encontramos en un punto crítico. Es difícil decir hasta qué punto estos conflictos son los 
primeros gritos de un proletariado que se renueva o los últimos lamentos de una clase 
media que se resiste a proletarizó a.

Por poner un ejemplo que me es especialmente cercano, el sector del telemarketing lleva 
desde 2014 en negociaciones para un nuevo convenio. Durante este periodo se han sucedido 
una buena cantidad de huelgas y jornadas de lucha reivindicando una mejora de las 
condiciones en un sector donde la patronal abusa sistemáticamente de la temporalidad y 
donde los ritmos de trabajo y presiones a las que se somete a las plantillas rozan límites 
dickensianos . Mientras tanto, los sindicatos mayoritarios del sector firman un preacuerdo 
de convenio que mantiene en esencia la anterior y reafirma la pérdida de poder adquisitivo 
de las trabajadoras y trabajadores. Desde fuera podría parecer que estos movimientos 
significan un aumento en la conciencia y en la organización de esta nueva expresión de la 
clase proletaria, pero desde dentro la cual puede tener mucho más que ver con un recambio, 
con una renovación en la representación sindical, apoyada por nuevas fuerzas 
político-parlamentarias, que no pone en duda el modelo sindical en sí.

Y este mismo ejemplo puede trasladarse al resto. Sí, es muy posible que estemos 
asistiendo, en aquellos países donde hablar de clase parecía cosa del pasado, al 
surgimiento y expresión conflictiva de un nuevo proletariado. Pero esto no nos libra del 
peligro que esta expresión de clase sea canalizada por el parlamentarismo, o derive en 
posiciones gremialistas o reformistas. Y esto ocurre en un escenario en el que cada vez es 
más difícil distinguir a una izquierda que se cierra en torno al populismo ya la 
reivindicación de los Estados nacionales, los monstruos de la alto-right que prometen 
levantar muros mientras gritan "patria".

Existe, además, un factor añadido. El primer liberalismo se desarrolló en un momento de 
expansión capitalista, de escalada, sostenido por el descubrimiento de nuevas formas de 
aprovechamiento de los recursos energéticos y minerales. El neoliberalismo lo hace en un 
momento de atasco, de meseta. Un escenario que puede colapsar en un futuro cercano, si no 
es que ya lo está haciendo. Este escenario debe ser comprendido e incluido en cualquier 
futuro que nos atrevemos a soñar. Porque, y esto lo tenemos que tener muy claro, no hay 
refugio posible en el pasado. El socialismo revolucionario nunca se ha refugiado en ningún 
pasado.

Quedan claras las cuerdas sobre las que debemos movernos los equilibristas. Si la clase 
explotada está renovando, si la lucha económica vuelve a estar sobre la mesa, los que 
defendemos una acción sindical dirigida hacia la transformación revolucionaria debemos 
presentar batalla en todas las ocasiones que se nos presenten. El sindicalismo 
revolucionario tiene que salir, porque por fin tiene posibilidad de hacerlo, del sueño 
autorreferencial y estético en el que se ha pasado las últimas décadas. Ahora nuestra 
acción es clave. Una acción que debe ser, como ya lo fue, a la vez cotidiana y de porvenir.

http://lasoli.cnt.cat/11/07/2017/sindical-notes-sobre-futur-imperi-mercaders/


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