(ca) FAI, tierra y libertad #341 - Dinámica tecnocientífica de la producción

a-infos-ca en ainfos.ca a-infos-ca en ainfos.ca
Vie Ene 6 09:04:20 CET 2017


Al hilo del artículo anterior, hemos recordado que ese tema se trató en el Congreso 
Anarquista Internacional de Carrara en 1978. Lo hemos releído y nos ha parecido muy 
actual, por lo que decidimos reproducirlo. Su nombre completo es "Dinámica tecnocientífica 
de la producción en el plano económico y social (papel de las multinacionales), en 
relación con la lucha contra el Capitalismo y el Estado y la solidaridad de los obreros en 
el mundo". ---- El Congreso de la IFA confirma las causas originales de los problemas 
sociales que el anarquismo denunció en todo momento. ---- El empleo de nuevos términos y 
conceptos correspondientes a la nueva evolución de las técnicas no significa en modo 
alguno que haya habido ningún cambio en los orígenes y evolución de la crisis social 
permanente de la sociedad capitalista y del capitalismo de Estado.

Nuestro análisis confirma la vigencia de los principios básicos de la lucha que el 
anarquismo mantiene, así como sus tácticas de combate contra la alienación permanente del 
ser humano.

Producción de los bienes de consumo

La ciencia y la técnica no pueden, solas, condicionar la totalidad de las estructuras 
internas de una sociedad. Sin embargo pueden intervenir como un factor material 
determinante en la formación de las clases y de sus luchas.

Si el elemento tecno-científico principal del siglo XIX fue la máquina de vapor, hoy 
estamos asistiendo a la intervención progresiva de otros factores materiales que nos 
obliga a considerar alguno de los conceptos que teníamos de la sociedad burguesa. Tenemos 
cada día una conciencia más clara del cambio de forma (no de esencia ni de fondo) de las 
presiones, de las enajenaciones que sufrimos en nuestra vida cotidiana.

La categoría técnica que sustituye a la máquina de vapor como eje en torno al que se 
articula la estructura de la sociedad, que definen los grupos sociales, es la electrónica, 
elemento central de la producción de las riquezas materiales, sustituyendo por ejemplo a 
la imprenta, instaura el reino de la imagen y de la palabra televisada, creando así para 
una ideología dominante nueva, un medio de difusión. Con la utilización de la máquina 
electrónica se pueden delimitar tres conjuntos sociales en función de las relaciones que 
se establecen con ella.

1°) El conjunto de los que utilizan el computador electrónico.- La complejidad técnica y 
la extremada especialización que implica su utilización ha condicionado la aparición de un 
grupo social específico: los tecnócratas. Hijos de la burguesía o del proletariado, 
indiferentemente, formados por el Estado en sus escuelas especializadas, son los que 
dirigen, "programan", planifican el conjunto de la producción ya que son los únicos en 
dominar completamente las computadoras. Son ellos los que dan la totalidad de las 
directivas que rigen, en los niveles inferiores, la producción: en consecuencia son ellos 
los que ejercen el poder activo, real, sin poseerlo; en efecto, si saben utilizar el 
computador electrónico (mediatización moderna del poder) no lo poseen.
2°) El conjunto de los que poseen el computador electrónico.- Capitalistas en el sentido 
clásico del término, ya que son propietarios de los medios de producción, son sin embargo, 
totalmente diferentes de los burgueses de las épocas anteriores. Completamente anónimos, 
poseedores del capital, en migajas, con "acciones" de sociedades o bancos, no intervienen 
en ningún nivel decisivo de la producción. Si siguen poseyendo el poder, no lo ejercen. Su 
potencia tiene origen en la posibilidad que tienen de barrer en todo momento al equipo 
tecnocrático que ejerce el poder.
3°) El conjunto de los que obedecen a los computadores.- Compuesto por los proletarios en 
el sentido estricto de la palabra, este grupo reúne a todos los que ejecutan órdenes 
transmitidas, codificadas y racionalizadas por los computadores. Lo que les diferencia 
esencialmente de los proletarios del siglo pasado es la ausencia de relación personal en 
los antagonismos sociales. La división del trabajo ha despersonalizado la lucha de clases.

Observaciones sobre el papel de
la tecnocracia en el terreno social

Materialmente, la tecnocracia está totalmente integrada en el ciclo de la producción. 
Asimismo puede considerarse que el técnico es, como el último de los braceros, un 
proletario, ya que se encuentra en la imposibilidad de ejercer el menor poder sobre el 
fruto de su trabajo y el empleo de su vida. Sin embargo su nivel cultural, las 
posibilidades económicas de que dispone y la propaganda de la ideología dominante le 
inducen a pensar que es un miembro de ésta o por lo menos un aliado de la clase dominante. 
La tecnocracia se encuentra pues, objetivamente, en un estado de subdeterminación social 
ya que, por otra parte dispone de un nivel de vida incomparablemente superior al de los 
obreros. El trabajo del proletariado consciente es el de convencer a esta clase intermedia 
de su condición esencialmente proletaria, señalándole el carácter real de su alienación e 
ilusorio de su bienestar. Este proceso de proletarización de una parte de la tecnocracia 
ha podido verse en el Mayo parisino y en el "malestar de los cuadros".
Está claro que el capitalismo, hoy como ayer, intenta por todos los medios dividir a sus 
explotados para lograr sus fines. De no realizarse esta unión entre obreros y técnicos, 
los conflictos sociales se limitarán a una lucha entre estos dos grupos dejando en paz a 
sus enemigos comunes: el capitalismo y el Estado. La tecnocracia vendría a ser así un 
dique de contención para la clase dominante.

Sobre el papel de la burguesía

La clase burguesa existió antes que el Estado burgués. El proceso de conquista del Estado 
por la burguesía no fue sino la instalación de un aparato de represión disimulado por 
algunas funciones de carácter social y que estaba atento a las órdenes de la clase 
dominante. Su función era impedir por todos los medios, brutales o sutiles, los anhelos 
emancipadores del proletariado. Durante toda esa época, época del capitalismo puramente 
liberal, el Estado forma parte del aparato doméstico de la burguesía. Más tarde, las 
propias contradicciones del capitalismo, la competencia, impuso al Estado un papel de 
regulación y, de hecho, el ejercicio de un poder en el seno mismo de la burguesía.
Cada vez más planificador y centralizador, el Estado va interviniendo cada día de manera 
más visible en todos los órdenes de la producción, lo que nos lleva a afirmar que hoy más 
que nunca el capitalismo y el Estado están confundidos y que la lucha contra uno es 
inseparable de la lucha contra el otro. Este doble combate contra el capitalismo y el 
Estado reúne en un mismo movimiento histórico a los proletarios del mundo entero, porque 
las oposiciones entre los Estados con pretensiones socialistas y los Estados occidentales 
no son más que mascaradas, si se tienen en cuenta las buenas relaciones que existen a 
menudo entre ellos, para perpetuar el sistema de explotación de los pueblos.
En relación con el desarrollo del problema de la electrónica podemos ver que, por una 
parte el Estado ejerce el monopolio de la formación intelectual de los técnicos, y por 
otra ese mismo Estado está compuesto por hombres que poseen y ejercen el poder. Lo que nos 
permite apreciar el formidable desarrollo de la potencia del Estado. Aunque ganan mucho 
dinero, sólo se reúnen una vez cada año para discutir la gestión de una empresa que 
desconocen por completo, y para renovar su confianza, puramente interesada, en el equipo 
dirigente.

El verdadero poder

La asfixia del capitalismo tradicionalmente liberal y la dominación del mundo occidental 
por el Estado capitalista queda perfectamente ilustrada con la disminución de la 
importancia del dinero en la estructura social. Con el desarrollo enorme de los cheques 
para el pago de los sueldos y de las mercancías, el Estado reconoce implícitamente lo que 
ya sabíamos desde años: el verdadero poder está en la producción de mercancías y no en la 
posesión pasiva del oro o de cualquier otro valor muerto. El cheque que, no es sino un 
bono equivalente a una cierta cantidad de bienes de consumo, pone en evidencia al 
capitalismo en estado de bancarrota permanente, ya que no dispone de la equivalencia 
monetaria de los valores bancarios que pone en circulación. Sin embargo, este sistema le 
permite ejercer un control estricto de las posibilidades mercantiles de cada uno y 
preservarse de las fluctuaciones del patrón monetario, eliminando así una de las 
principales contradicciones propias. El revés de la moneda es que el proletariado, 
productor de todos los bienes, ve confirmada por sus propios enemigos la potencia del 
conjunto de los productores de las riquezas sociales.

Dependencia de la tecnocracia
frente al capitalismo y al Estado

Teniendo en cuenta que el poder equivale para una empresa a la producción de una cierta 
cantidad de mercancía, ésta se obliga a producir de una manera desenfrenada. Si, durante 
algunos decenios (de hecho durante un siglo entero) la producción del capitalismo 
-teniendo como motivación el provecho- tendía a cubrir necesidades efectivas del conjunto 
de la población, hoy -cuando todavía podemos considerar que el pueblo está en estado de 
subdesarrollo permanente- la producción ha dejado de tener un carácter utilitario. La 
democracia estudia qué producto daría el margen máximo de beneficios en función de las 
posibilidades de su empresa y después, sin preocuparse de saber si este producto es útil o 
no, se empuja a través de la publicidad al público a comprarlo.
La competencia entre empresas consiste en encontrar de qué manera la gente consumirá lo 
que producen. Esto nos confirma cómo la clase dominante impone sus opiniones al pueblo.

Producción de la ideología dominante

El Estado, según Marx, tiene por función esencial la representación simbólica e ilusoria 
del interés general. Pero no siempre, a través de la historia, ha tenido la potencia de 
que dispone hoy, aunque la creación de ilusiones acompañe siempre al poder.
Estas ilusiones corresponden, en el terreno ideológico, a los órganos represivos de los 
que pueden disponer las clases dominantes. Cada categoría de ilusión o de ficción 
pertenece propiamente a una clase dominante de tal forma que su caída implica la caída de 
la ilusión que la caracteriza.
La religión, ilusión propia de las sociedades feudales, era el cemento que ligaba los 
siervos a la nobleza. La resignación, virtud esencial de las religiones cristianas, 
impedía al siervo rebelarse contra el señor so pena de comprometer su ascensión al 
paraíso. La religión motivaba por otra parte, una estructura mental que situaba al señor 
en condición esencialmente diferente y superior a la del siervo.
La burguesía, tras de haberse apoderado del Estado y haber instalado su poder de hecho en 
la posesión de la totalidad de los medios de producción, ha intentado destruir la ficción 
religiosa o por lo menos reducirla a un papel subalterno. Era inconcebible que la 
burguesía, habiendo liquidado el poder monárquico en todos sus aspectos, dejase subsistir 
la preeminencia de la ideología que le acompañaba. Por esta misma razón intentó 
simultáneamente limitar la influencia de la religión e imponer la nueva forma de ilusión 
que le es propia: la ilusión política.
Pero, en este doble movimiento, siempre hay un cabo difícil de franquear, cuando la 
ideología anterior ha muerto y la nueva es poco segura. Se notará con interés que la 
primera época revolucionaria (Comuna de París, acontecimientos de 1917 en Rusia) se sitúa 
en este lapso de vacío ideológico y que precisamente la contrarrevolución cogió la forma 
de ofensiva social-demócrata. Sin embargo, debemos notar que la ficción política no tiene 
las mismas cualidades que las diversas religiones, ya que en estos últimos años hemos 
asistido al desgaste progresivo de la política. La oleada de insatisfacción general que se 
va concretando en los hechos, acompañada por la defección hacia el electoralismo, la 
irrupción de la acción directa en la lucha de clases, son toques de atención para la 
burguesía y el Estado.
Al margen de las posibilidades que se abren en el terreno de la producción material, la 
electrónica ha permitido la implantación de un sistema de difusión de ideologías 
totalmente nuevo. Elemento central de la difusión de la ideología estatal, la televisión 
ha relevado a todas las ideologías del pasado ya que permite imponer fragmentos 
ideológicos en cualquier lugar instantáneamente. La televisión ha conseguido destruir 
completamente todas las formas de agrupaciones humanas, hasta la más antigua: la familia.
Cada individuo establece relaciones unilaterales con el Estado a través de su televisor. 
El Estado dispone en cada familia de un propagandista eminente que distrae el espíritu 
combativo de los pueblos con las ficciones políticas que transmite y la invención de polos 
de interés con la publicidad. El hombre moderno corre el riesgo en breve plazo de 
transformarse en una máquina atontada con las mentiras de los políticos y perpetuamente 
buscando comprar algún objeto inútil.
La burguesía, que nunca tuvo una ideología suficientemente fuerte para resistir a la 
presión de los hechos, ha tenido la suerte de encontrar una fuerza técnica que le permite 
imponer fragmentos ideológicos suficientes aunque insignificantes, al mismo tiempo que le 
da posibilidades, a través de la publicidad, de ocultar su máxima contradicción: la 
producción de objetos inútiles. La burguesía compensa la debilidad de su ideología con la 
fuerza de su medio de transmisión.
Creer, como lo han creído y siguen creyendo los marxistas ortodoxos, que el capitalismo 
morirá asfixiado bajo el peso de sus propias contradicciones, es un error en el cual no 
debemos caer. El capitalismo, basándose en el fantástico desarrollo de los medios 
técnicos, va resolviendo sus propias contradicciones o por lo menos las va ocultando tras 
la aceleración de la producción de bienes de consumo y de mercancías ideológicas. Si el 
movimiento revolucionario comprende que la fuerza del capitalismo moderno reside en el 
desarrollo de la electrónica y de sus aplicaciones en el terreno de las riquezas y de la 
ilusión ideológica, si sabe desviar la totalidad de estos medios técnicos para utilizarlos 
en provecho, no ya de una clase particular, sino de la totalidad del pueblo, se le abren 
perspectivas ilimitadas ya que el desarrollo técnico tal vez sea el argumento definitivo 
que pueda asegurar el triunfo revolucionario. La electrónica permitirá y favorecerá a una 
sociedad revolucionaria la realización de las ideologías "utópicas" que soñaron los 
revolucionarios del pasado.

A modo de conclusión

Hoy como ayer, la utilización particular de los logros científicos y tecnológicos por la 
organización de la clase burguesa y estatal ha dado, como resultado concreto y contrario a 
los objetivos humanos, una dependencia permanente y cada vez más estrecha del hombre a la 
máquina, del individuo atado a las técnicas determinantes y absolutas del sistema social.
La revolución social anarquista, en concordancia con los objetivos humanos que la guían, 
entiende y propugna que el progreso de las técnicas deberá colocarse al servicio del 
hombre y que aumentando las posibilidades de producción de riquezas necesarias, le 
liberará progresivamente de parte de las obligaciones, para permitirle relacionarse mejor 
con sus semejantes, aumentando a la vez su independencia en tanto que individuo.
Para ello es fundamental que la revolución revista las características que el anarquismo 
mantiene en sus principios, suprimiendo -con la eliminación del capital y de la coacción 
represiva del Estado- la ley del provecho financiero, palanca motora de la sociedad moderna.

IFA

http://www.nodo50.org/tierraylibertad/341articulo9.html


Más información sobre la lista de distribución A-infos-ca