(ca) FAI, Tierra y Libertad #343 - Ha muerto un ser humano

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Sab Feb 18 10:58:20 CET 2017


En la madrugada del 10 de enero murió Gonzalo Puente Ojea. Nació en Cienfuegos (Cuba), en 
1924, y este diplomático de carrera fue siempre una rara avis de las que están en peligro 
de extinción. Dedicó mucha parte de su vida a la difusión del ateísmo y a la lucha por 
combatir la influencia que el poder religioso mantiene en gran medida en nuestra sociedad 
gracias a la cohabitación entre Iglesia y Estado. Recorrió significativas embajadas, pero 
quizá su nombramiento más polémico fue el de embajador ante la Santa Sede de 1985 a 1987. 
Siempre se hace referencia a la polémica de su nombramiento, pero lo verdaderamente 
polémico fue su destitución al negarse a participar en un acto de homenaje a los 
religiosos ejecutados por su relación con el bando franquista durante el conflicto de 1936 
a 1939. Posteriormente no paró de dar conferencias y participar en tertulias y actos 
públicos hasta que la edad fue un impedimento. Era evidente que los serviles le 
sobrevivirían, pero sin su actividad es seguro que nuestro entorno hubiese sido mucho más 
hostil a la razón. Es autor de más de una veintena de libros, entre los que podríamos 
destacar su Elogio del Ateísmo (2007), El mito de Cristo (2000), La cruz y la corona. Las 
dos hipotecas de la Historia de España (2011) o Ideologías religiosas. Los traficantes de 
milagros y misterios (2013).

En otras ocasiones he conocido autores en esta materia por sus libros o sus artículos 
únicamente, pero esta vez tuve la suerte de cruzar mi camino con el de este hombre en 
varias ocasiones. La primera vez que lo vi fue durante la conferencia que pronunció en la 
Casa Revilla de Valladolid en el año 1993 dentro de los actos programados bajo el título 
de V Semana Cultural Libertaria, organizada por la CNT de la localidad. Simpatizando, pero 
sin haber comenzado mi vida militante, recuerdo la impresión que me causaron sus palabras 
sobre la peste religiosa y el respeto con el que un hombre adscrito al republicanismo y 
que había tenido responsabilidades de Estado trataba al anarquismo organizado y era 
tratado. Esa negación de las divinidades que planteaba, al igual que por otro lado 
negábamos la autoridad terrenal (coherencia bakuninista) fue parte de la mochila con la 
que inevitablemente se acababa dentro del movimiento antiautoritario, y así sucedió en mi 
caso.

Hubo otros actos suyos a los que asistí, pero la segunda vez que recuerdo con más fuerza 
fue la invitación que los compañeros de Barcelona me hicieron para participar en un mitin 
contra la visita de Ratzinger a la Ciudad Condal el 4 de noviembre de 2010. Sin muchas más 
explicaciones cogí un tren suponiendo que el acto tendría el tamaño al que estamos 
acostumbrados, en el que un centenar de personas es todo un éxito. Mi sorpresa fue 
encontrar un acto multitudinario (la Guardia Urbana habló de unas 2.500 personas) que 
colapsaba la plaza de San Jaime, donde se encuentra el Ayuntamiento, en el que además 
participaban pesos pesados como Leo Bassi o el propio Gonzalo Puente Ojea. Recuerdo que 
comparó los pactos de la transición a la democracia, en referencia a la continuidad del 
Concordato con la Santa Sede, con robarnos la cartera a todos. Una traición más 
aprovechando el despiste y el miedo para que todo siguiera igual.

El motivo que propició el tercer encuentro al que haré referencia ha sido una de las 
experiencias más gratificantes que he tenido. Se trató del rodaje de Ouróboros: La Espiral 
de la Pobreza. No había muchas dudas de que en un documental donde se pusiera en tela de 
juicio la caridad cristiana, la presencia de Gonzalo Puente Ojea era algo más que un 
acierto. La buena gente de AMAL (Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores) me puso 
en contacto con él, y aunque debido a su avanzada edad tuvo dudas, finalmente accedió a 
participar. En abril de 2014 nos presentamos cuatro personas en su casa y estuvimos casi 
hora y media grabando todo lo que nos contaba acerca de su vida, y sobre todo de la visión 
que tenía de la pobreza, el recorte de libertades, la explotación y las desigualdades 
sociales que asolan este país como tantos otros. Para el documental finalmente solo 
pudimos usar unos segundos, pero tanto a Rafael Fuentes como a mí nos pareció que 
propiciaban un comienzo excepcional a la película y esperábamos que sirviese también como 
un pequeño homenaje a su actitud en la vida y su consecuente obra. Queda grabada en mi 
memoria la lucidez con la que desde su escritorio hablaba de la importancia de la 
educación como motor de cambio mientras a su espalda, sobre una inmensa librería repleta 
de volúmenes, se hallaba una postal con un dibujo del fusilamiento de Francisco Ferrer al 
grito de ¡Viva la Escuela Moderna!

Este también era Gonzalo Puente Ojea, a quien lógicamente pocos medios han prestado la 
atención que merecía en los últimos años y ahora en el momento de su muerte. Estaremos 
atentos a los actos de homenaje que se le dediquen. Desde aquí nos sentimos cercanos a 
quienes le querían y le apreciaban y deseamos que su memoria, y a través de ella su 
trabajo, pervivan como herramienta de transformación social. Seguramente Diógenes hubiese 
detenido su farol ante la figura de Gonzalo afirmando, por fin, haber encontrado un ser 
humano.
Julio Reyero

http://www.nodo50.org/tierraylibertad/343articulo3.html


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