(ca) lasoli.cnt.cat: PRIMERA PERSONA DEL PLURAL PROLETARIO.

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Wed Jul 27 12:15:11 CEST 2016


“Nosotros”, gritaba ante la muchedumbre reunida un ministro de justicia mientras alardeaba 
de sus hazañas juveniles. Lo cierto era que, más allá de servir de nombre para un grupo de 
acción anarquista, en aquel primer tercio del siglo XX se había conseguido levantar una 
conciencia y una identidad común en sentido revolucionario. La existencia de una prensa 
obrera tuvo mucho que ver en ese proceso. ---- El movimiento obrero coincide en su 
surgimiento con la industrialización de la prensa escrita. El linotipo se inventa en 1886, 
abaratando los costes y permitiendo a sus primeras organizaciones lanzar decenas de 
publicaciones en las décadas siguientes. En este incipiente movimiento los conocimientos 
relativos a la prensa escrita eran tan importantes que generalmente encontramos a 
tipógrafosi en los puestos de responsabilidad. Se trataba de adquirir una voz propia para 
no permitir que ningún medio burgués, por muy a la izquierda que se situase, pudiera 
hablar por la clase oprimida.

Con el surgimiento del sindicalismo revolucionario surge una estructura capaz de dotar a 
la prensa obrera de mayores medios y mayor penetración social. El proletariado industrial 
lee cabeceras como Industrial worker, La Vie ouvrière, o Solidaridad Obrera, que llegarán 
a mirarse de tú a tú con las de la burguesía, con decenas de miles de ejemplares de 
tirada.iiiii Que al final del ciclo revolucionario se convertirían en cientos de miles. 
Esa capacidad de formar una comunidad de ideas compartidas es lo que permite que cuando un 
obrero del metal de León dice “Llevamos un mundo nuevo en los corazones”, todos los 
trabajadores sepan exactamente a qué mundo se refiere. Creo que también es lo que permite 
que un camarero de Reus se identifique a sí mismo, en tono bravucón, como uno de los 
“reyes de la pistola obrera de Barcelona” y nadie se lleve las manos a la cabeza.

Tener sus propios periódicos hizo que la clase obrera contara historia en primera persona 
durante décadas. Pero la derrota de la revolución mundial de 1917-1939 logra enmudecer 
aquella voz propia, al menos durante un tiempo.

Ha pasado un siglo desde que se fundaran la mayor parte de aquellas publicaciones y la 
necesidad de disputar el terreno de la comunicación, lejos de desaparecer, se ha hecho 
todavía más urgente. El predominio de la prensa escrita dio paso a la radio, a la 
televisión y, en las últimas dos décadas, a internet, en una sucesión acumulativa que 
termina por invadir cada espacio de nuestras vidas. Cuesta ya encontrar una sola relación 
social no mediatizada y hoy en día la mayor parte de la población conoce lo que pasa en su 
propio barrio antes por lo que dicen los medios que por habitar en él.

Algo quedó en el espacio libertario de aquella idea pasada. De cada centro social, de cada 
asamblea, de cada sindicato no tarda en surgir un boletín o un fanzine. Ejercicio que, por 
lo general, se queda en el autoconsumo. Es decir, se vuelve inocuo para un capitalismo que 
hoy en día divide la sociedad no en una masa unitaria, sino en pequeños grupos de 
consumidores muy especializados. Si no hay posibilidad de transformación social no existe 
diferencia, para el capitalismo, entre un grupo de consumidores de, por ejemplo, cromos de 
fútbol y un grupo de consumidores de teoría revolucionaria.

El Estado asistencial ha reducido la capacidad de los sindicatos para formar comunidad con 
los sectores más precarios del proletariado. Ahora son precisamente los más acomodados los 
que se sindican. Igual que esto dificulta reconstruir los sindicatos revolucionarios tal y 
como eran antes, dificulta reconstruir la prensa obrera tal y como la conocimos.

Con el surgimiento de internet los medios de comunicación masivos se hacen abiertos. Los 
1090 millones de usuarios activos de Facebook o 310 millones de Twitteriv podrían hacernos 
pensar que, de nuevo, un importante sector de la clase obrera tiene la posibilidad de 
expresarse de forma masiva. Sin embargo, los proletarios se expresan en ellos no como 
clase, sino como individuos separados y reforzando esa misma separación. De forma mecánica 
estos medios terminan por formar grupos cerrados de usuarios que actúan como cámaras de 
eco en las que es muy complicado que entren ideas nuevas, pero también que salgan. De 
nuevo nos topamos con el capitalismo en su fase actual estructurando a la población en 
grupos de consumidores.

¿Quiere decir que debemos dar la batalla de la comunicación por perdida? ¿No contribuye 
todo intento de comunicar a alimentar el ensordecedor murmullo de información constante? 
Pienso que no, que solo significa que el combate, como se dio en los tiempos de predominio 
de la prensa en papel, debe realizarse en colectivo. Sólo en colectivo y bajo un programa 
podemos equilibrar la balanza entre la necesidad de conquistar una voz propia para nuestra 
clase y el evitar fortalecer la mediatización social. Quizá así un día no necesitemos que 
nadie cuente nuestra historia en tercera persona del plural.

http://lasoli.cnt.cat/25/07/2016/primera-persona-plural-proletari/


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