(ca) Europa, donde vas By Embat - Artículos para el debate

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Fri Jul 8 09:28:18 CEST 2016


Un repaso sobre cómo se ha articulado sociopolíticamente el continente europeo en las 
últimas décadas. Artículo de Miguel Gómez, militante de Embat. ---- En los últimos años 
del siglo XXI se nos está sometiendo, tanto en el planeta como las personas que vivimos, a 
una gran presión. En algunos momentos da la sensación de que la sociedad está siguiendo un 
camino que nos lleva directamente al colapso. Colapso ecológico, colapso alimentario, 
colapso económico y también colapso social. ---- En Europa, los atentados de París y 
Bruselas nos hablan de una sociedad rota, cada día más polarizada entre extremistas 
islamistas y una extrema derecha en pleno auge ante la falta de una reacción por parte de 
la izquierda frente a los grandes problemas que aquejan al mundo.

En el planeta, la economía se encuentra en una situación de recesión provocada por una 
crisis doble, el económico-fininancera y la energética que se retroalimentando. Estas 
crisis sucesivas provocan graves consecuencias sociales y ecológicas. Además, la 
depredación planetaria ha llegado a su punto culminante en cuanto al uso del suelo, del 
agua, la deforestación, la utilización masiva de los recursos y eventualmente el cambio 
del clima.

Otro punto de análisis es el impacto de la política exterior de Estados Unidos en la 
política internacional Europea. Esta situación de sumisión, ha provocado en parte asumir 
situaciones de gran gravedad como el enfontament económico con Rusia o la actual "crisis 
de los refugiados".

El objetivo de este análisis es demostrar que las únicas soluciones para evitar la gran 
amenaza que se cierne sobre nuestras vidas pasan par atacar la raíz de los problemas, que 
no son otros que el capitalismo y el imperialismo. La causa finalista de nuestros 
problemas contemporáneos radican en la forma que se han configurado nuestras sociedades.

Como se ha construido la nueva Europa

La Europa de nuestro tiempo es el producto de una larga construcción social que comenzó en 
los años 50, en plena guerra fría. En aquellos años se forjaron las bases sobre las que se 
regirán los países del Mercado Común Europeo, que fue la fórmula para conseguir que los 
estados enemistados durante la Segunda Guerra Mundial (Francia y Alemania) empezaran a 
colaborar.

En ese momento, sin embargo, Europa no era más que una alianza entre productores de 
mercancías, bienes y servicios. La Europa de los mercaderes. Evidentemente, en un mundo de 
grandes bloques propios de la Guerra Fría era necesario un peso propio para poder ser 
tomado en consideración. Europa vivía sometida a la política imperialista de los Estados 
Unidos, que luchaba contra otra gran imperialismo, el de la Unión Soviética, que tenía 
sometida a la otra mitad del continente.

La Europa de nuestros días es, sobre todo, un producto del liberalismo económico. Para ser 
precisos, del neoliberalismo. No se entiende la actual Unión Europea sin la imparable 
ofensiva neoliberal de los años 70 y 80, además del hecho de formar parte del bloque 
geopolítico liderado por los Estados Unidos.

Contextualizando esta ofensiva neoliberal, calificada por algunos como "revolución" y 
otros como "contrarrevolución", deberíamos comprender la situación. Los Estados Unidos 
estaban luchando en Vietnam. La resistencia del pueblo vietnamita contra las tropas 
estadounidenses provocó que Estados Unidos se sobreendeutassin desmesuradamente, y para 
poder pagar la guerra imprimió una gran cantidad de dólares. Como consecuencia, la 
inflación en los países del bloque Occidental creció (dada la situación de centralidad del 
dólar en la relación con el resto de monedas).

En 1973, Arabia Saudí y otros países del Golfo de Persia subieron unilateralmente el 
precio de los carburantes. Este aumento de los precios de los combustibles golpeó de lleno 
la economía mundial. Es lo que se conoce como la crisis del petróleo.

Finalmente, para caracterizar la época, los años 60 abrieron al mundo una puerta de 
esperanza de cambios revolucionarios. La generación que nació en la posguerra mundial 
llegaba a la madurez y lo hacía de una manera ruidosa. Animada por la revolución cubana, 
los movimientos guerrilleros latinoamericanos, la descolonización de los países africanos 
(algunos de los cuales vivieron períodos revolucionarios), la lucha del pueblo palestino, 
la revolución cultural china y sobre todo la guerra de Vietnam (donde el pez pequeño se 
comía el grande), esa generación se vio impulsada a tomar el cielo por asalto.

Se ha calificado a la época que aproximadamente 1965 a 1980 (y especialmente de 1968 a 
1977) como "el gran salto" o como "la segunda oleada proletaria". El caso es que Europa 
vivió el auge de las ideas revolucionarias de izquierdas y se vivieron gran luchas obreras 
y estudiantiles por todo el continente. Todo el mundo conoce el Mayo del 68 en Francia o 
la Primavera de Praga. La revolución de los claveles portuguesa o 77 italiano marcaron 
también la época donde parecía que se podía conseguir una transformación social profunda.

Inevitablemente, al igual como en otros procesos en los que no se gana, se pierde. Los 
poderes fácticos (y no fácticos también) actuaron de una forma decidida por mantener el 
control de la situación. Si en Latinoamérica se dieron golpes de estado y se recurrió al 
exterminio físico de la izquierda, en Europa se recorrieron de una manera más sutil a los 
servicios secretos y por otro lado el fantasma de la extrema derecha . El capitalismo 
logró sobreponerse tanto a la crisis como las oleadas de la izquierda revolucionaria ya la 
aparición de los movimientos de liberación nacional.
Pero lo que contribuyó más decisivamente a los movimientos revolucionarios, no fue otra 
cosa que la negativa de la izquierda de apostar por el socialismo. Es lo que permitió el 
apuntalamiento del capitalismo. La Unión Soviética tampoco movió un dedo para atraer 
ningún país nuevo de Europa. Se encontraba en la cómoda política de bloques. Cómodo o 
atemorizada por la amenaza de los Estados Unidos de desencadenar una guerra atómica. En 
resumen, la derecha, que a finales de los 70 preparó su propio "gran asalto", tomó buena 
nota de esta reacción tan "responsable" de las izquierdas europeas.

Las crisis económicas del 73 y 79 (producida por la revolución islámica en Irán) 
produjeron un aumento considerable del paro en Europa. A pesar de los que anunciaban que 
el paro era un peligro para la seguridad pública y que es constituía un "ejército" 
proletario en potencia, el paro masivo provocaba un auténtico pánico a las familias 
obreras. Tener un millón de parados garantía de que al menos otro millón viviría 
at1emorida para perder su trabajo.

El ascenso al poder de Margaret Thatcher en Gran Bretaña y Ronald Reagan en Estados Unidos 
cambió el mundo para siempre. Se encontraron con una izquierda desarmada, dividida y sin 
capacidad de reacción. Ambos líderes capitanear el asalto más grande de la historia contra 
las condiciones de vida de la clase trabajadora. Sus políticas se basaban en la 
liberalización de la economía, el desmantelamiento de la industria y su externalización en 
Asia, en la terciarización y en la destrucción definitiva del poder sindical. Los mantras 
repetidos hasta la saciedad eran la flexibilidad laboral, la bajada de impuestos, el 
fomento de la clase media, gana competitividad y privatizar el sector público.

Los sindicatos británicos habían ganado una batalla en 1974, con la derrota del gobierno 
conservador de Heath. Thatcher devolvió el golpe con la victoria electoral en 1979 y en 
1984 los derrotó definitivamente a la huelga de la minería. No estamos hablando de 
sindicatos revolucionarios, sino de sindicatos afines al laborismo que defendían una 
economía orientada a garantizar el bienestar de la mayoría de la población. Esto, sin 
embargo, parecía inasumibles para las élites.

El ondeada conservadora se extendió a toda Europa occidental en los años 80. Incluso la 
socialdemocracia que se encontraba en el poder (François Miterrand, Felipe González) la 
fue adaptando como propia. Era el signo de los tiempos. Cuando en 1989 cayó el muro de 
Berlín, y más adelante se desintegró la Unión Soviética, parecía casi una señal divina que 
dictaba que el único camino viable era el liberalismo salvaje.

Evidentemente, la Unión Europea se fundó bajo estos parámetros. Se fomentó la libre 
circulación del capital, el crédito fácil y también (como medida positiva), la libre 
circulación de las personas de la Unión. El colofón de este proceso fue el nacimiento del 
Euro, la moneda europea transnacional.

En definitiva, esta situación provocó un gran cambio en la vida de las poblaciones y las 
barriadas obreras de Europa. El paro masivo para la destrucción de la industria provocó 
una crisis de identidad de la clase obrera. La fábrica, los astilleros o la mina era la 
seña de identidad de muchas ciudades y pueblos. Su cierre provocó el desánimo y la falta 
de perspectivas. Así creció una nueva clase que vivía de los subsidios, de las ayudas 
gubernamentales o que vivían de la economía sumergida, ya que el sector servicios (basado 
en trabajo temporal) que venía a sustituir a los puestos de trabajo que se habían 
eliminado con el cierre de las empresas principales (puestos de trabajo estables, 
sindicalizado y por tanto bien pagado) no era capaz de asumir toda la fuerza laboral que 
sobraba. En este contexto, proliferaron las drogas, la depresión y una población que vivió 
a partir de aquellos momentos en la pasividad y el desánimo.

La consecuencia de todo este proceso largo ha sido la destrucción de los vínculos 
comunitarios que había creado la clase trabajadora durante el largo periodo anterior. La 
fuga de la burguesía del centro de las ciudades para instalarse en urbanizaciones 
periféricas y la droga y marginalidad dejó estas zonas vacías, degradadas y envejecidas. 
El envejecimiento de la población no es causa del liberalismo sino debido al reajuste 
social proveniente de la generación del "baby-boom" (la gran expansión geográfica de los 
años 50 y 60) que llegó a la madurez y no quiso ni pudo seguir los pasos de sus padres. 
Sus familias eran más pequeñas y, a menudo, monoparentales. La aparición de la pílodra 
abortiva, los anticonceptivos y los primeros casos de aborto legal produjeron un control 
de natalidad que ayudó a tener familias más pequeñas. Pero también permitió el 
envejecimiento de la población europea que poca a poco fue invirtiendo la pirámide de 
población. La única manera de rever esta tendencia fue a través de la migración de 
trabajadores extranjeros y de sus familias, más prolíficas que las europeas.

Pero esta llegada masiva de personas de otros orígenes culturales irremediablemente iban a 
afectar a la composición social de los barrios obreros, donde se instalaron 
mayoritariamente. En algunos países, como Francia, fueron colocados en barrios-ghetto. En 
altas países se evitó esta situación instalándose en barrios obreros o de clase media. De 
todos modos, la izquierda tradicional se dedicó a intentar integrar a estas nuevas 
poblaciones en las sociedades occidentales a través de una política social del 
multiculturalismo, integrando la cultura foránea a la nuestra y creando una nueva cultura, 
producto de las fusiones, algo que en realidad no fue mala idea.

La parte negativa es que la aparición de este multiculturalismo estaba producido de forma 
paralela a una humillación y degradación mediática de la clase trabajadora local. Se la 
presentaba como una población de borrachos, pandilleros, violentos, vagos y aprovechados 
del estado del bienestar. Ignoraba el hecho de que si vivían en parte de los subsidios era 
porque se había desindustrializa el país. Además, se presentaban casos excepcionales de 
comportamiento antisocial como si fueran la norma entre la juventud obrera (desde las 
subculturas quinquis a la de los canis, pasando por la ruta del Bakalao, el tunning, el 
reggaeton. También proliferan los programas de TV que sacan lo peor de las personas de 
clase trabajadora caricaturizándola las y humillante-las, programas como Gran Hermano, 
Aida, Hermano Mayor, Gandía Shore ...). El proceso era culpabilizar al individuo de sus 
condiciones vitales. Por el otro lado, a ensalzar la figura de los "emprendedores", los 
nuevos triunfadores de la sociedad. Se estaba provocando el hecho de que nadie quisiera 
formar parte de una clase obrera que se equiparaba a ser pobre, antisocial o marginal. A 
partir de ese momento la mayoría de población se consideraba de clase media, aunque 
estuviera trabajando en la obra.

Alzaba el hecho de que la inmigración trabajara más intensamente que la población local. 
Era el discurso de los explotadores capitalistas locales que utilizaban la mano de obra de 
inmigrantes para reducir los derechos laborales o para saltarse directamente las 
regulaciones laborales. Son este tipo de agravios comparativos los que producen un 
resentimiento latente en la sociedad.

Es decir, se derrota a la clase obrera a los 80, se mina definitivamente sus derechos a 
los 90, se provoca la destrucción de los vínculos comunitarios (sindicatos, asociaciones, 
vida en las calles ...), que a su vez ayuda a la promoción de la individualismo desde los 
medios de comunicación ya la cultura popular. En los años 2000 llega una inmigración 
masiva que algunos capitalistas veían como una bendición necesaria.

Otro cuestión a tener en cuenta son los procesos de gentrificación. Una vez los barrios 
estaban totalmente degradados, se iban reconstruyendo sobre otras bases. Se creaba un 
centro cultural o un edificio emblemático. Se introducía el turismo en el barrio y con 
ellos los hoteles. O bien se ponía de moda un barrio entre estratos de gente joven, 
profesionales, etc y los alquileres empezaban a subir y más adelante entre el turismo de 
masas. Es el caso de muchos barrios obreros de los centros de las ciudades que se vieron 
afectados por este procesos que ante el encarecimiento y la revalorización de la vivienda, 
muchas familias se vieron expulsadas ante la incapacidad de afrontar sus facturas.

El tema del turismo es especialmente interesante. Se produce a partir de la explotación 
del sentimiento de pertenencia a la clase media. Como tal, una persona tiene su derecho a 
viajar. Y con la llegada de los viajes bajo coste las masas de turistas llegaron a las 
ciudades cuando antes sólo iban a las playas. El turismo ha cambiado la fisonomía de motas 
ciudades y también ha precarizado mucho los puestos de trabajo, especialmente en cuanto la 
temporalidad.

A toda esto, ¿qué hacía la izquierda?

Se dice que la victoria más grande de las derechas ha sido que la izquierda 
socialdemócrata y laborista haya adoptado la ideología neoliberal. Sin un base obrera a la 
que apelar más claramente (la derecha había contribuido a destruirla) los partidos de 
izquierdas, en manos de personas de clase media burguesa, se adoptaron al neoliberalismo. 
Esto fue terrible para las clases populares, ya que estos partidos continuaron a realizar 
la misma política que los atacaba, pero acompañado de una retórica y discurso de 
izquierdas. Esto ha tenido un impacto sobre la percepción y la esperanza en el cambio 
social a millones de personas. No ha sido canalizado por las opciones revolucionarias ni 
por nadie. Los sindicatos, han perdido millones de afiliados en toda Europa y la izquierda 
revolucionaria no ha sabido ocupar el espacio que ha dejado el desencanto. Gran parte de 
la clase trabajadora queda resignada y muy hostil a todo lo que tenga que ver con la vieja 
izquierda, incluso sus valores.

La izquierda burguesa ha pecado de soberbia (siempre adoctrinando a sus bases, 
infantilizante-las, traiciones-las y mintiendo sin ningún tipo de rubor), sectarismo (más 
pendiente de atacar las otras posiciones de izquierdas que atender los problemas de la 
gente), estética (un lenguaje estético de izquierdas que no tenía nada que ver con la 
realidad de las clases populares) e ingenuidad (con un análisis de la sociedad muy 
superfluo, sin asumir en el mundo que vivimos), entre otros. Se resume muy bien en el 
artículo de Xavier Díez, de "los siete pecados capitales de las izquierdas" 
[http://www.elcritic.cat/blogs/sentitcritic/2015/06/26/els-set-pecatscapitals-de 
-las-izquierdas /]. Pero sobre todo, la izquierda se ha identificado con el proyecto 
histórico de la derecha. Este es el más grande de sus pecados.

La izquierda es profundamente pro sistema. Está a favor de la Unión Europea, que es el 
"garante" de las libertades y nuestra riqueza. Eso dicen. Pero ha propiciado que la 
derecha consolide su poder y que sean estos años de la crisis los que concentran más 
millonarios a la historia junto con los beneficios récord de las grandes empresas y la 
banca. Han sido los años de las ayudas a la banca con dinero público para que "eran 
demasiado grandes para caer".

Donde ha gobernado la izquierda, no ha controlado el poder, aquel poder que tiene la 
burguesía. Cuando ha intentado cambiar las cosas no ha podido. La derecha que controla los 
medios de comunicación le ha hundido de forma despiadada. Se la presenta como "blanda" 
ante los problemas de seguridad, inmigración, política exterior, corrupción. Se crean 
crisis internas de la nada propiciadas por los medios de comunicación. En definitiva, 
hacen que la izquierda esté más pendiente de quedar bien que gobernar por sus votantes. 
Más bien, el grueso de sus políticas están más basadas en los derechos civiles (ley de la 
dependencia, matrimonio gay, aborto) que en los derechos sociales que afectan a las mayorías.

También debemos reconocer que la izquierda libertaria no ha sabido levantar hacia donde se 
la necesitaba, demasiado preocupada en la contracultura y en una dinámica de ghetto 
autorreferencial. El activismo por el activismo contribuye a no entender los problemas de 
la gente trabajadora y que nos aleja de ella. Saltamos de una campaña a otra, 
inalcanzables, los problemas del mundo son masas por la poca gente que somos.

Hoy en día, sorprende y nos alegra ver cómo funciona La comunidad Esperanza en Canarias, 
el barrio okupado de Errekalor Bizirik en Vitoria-Gasteiz o los 42 bloques okupados de la 
Obra Social de la PAH. Todos este proyecto tienen en común que se han llevado adelante y 
desarrollado por gente corriente, que sufre y que lucha y tienen una cobertura y un apoyo 
de la izquierda alternativa o libertaria.

Pero faltan miles de estos ejemplos por toda Europa para poder ser algún día una 
alternativa realista. Hay que seguimos con el sindicalismo alternativo, llevando los 
sindicatos en los barrios obreros y en la comunidad, es necesario organizar el 
precariedad, a la juventud, a las mujeres trabajadoras y los espacios de socialización 
popular en los barrios. El objetivo debe ser el de organizar a las clases populares y 
trabajadoras, no podemos alejarnos de ello.

La crisis en la que nos ha metido el imperialismo

Desde el inicio de la Guerra Fría, la política exterior europea ha sido sometida a los 
intereses de Estados Unidos, que en aquellos años ocupaba Europa a través de una red de 
bases militares. Los ejércitos de la OTAN garantizaban que los países de Europa Occidental 
fueran libres de la amenaza soviética. Ante esta amenaza superior cualquier acción quedaba 
disculpada. El ejemplo más claro es el apoyo táctico de Estados Unidos al régimen 
franquista, siendo consciente de que se trataba de una dictadura sangrienta. El apoyo de 
este tipo de dictaduras en los cinco continentes ha sido la norma durante décadas.
En nuestro tiempo, esta política perdura con el apoyo de regímenes afines a la política 
exterior de Estados Unidos, como el caso de Marruecos, Arabia Saudí, Turquía o Israel.

El final de la guerra fría supuso la victoria moral del modelo capitalista que defendía 
Estados Unidos y sus aliados europeos. Al no tener frente a un bloque socialista (con 
todos sus fracasos evidentes que le llevaron al colapso), el neoliberalismo se veía libre 
para desarrollarse en plena libertad. Es lo que se conoció como "El fin de la historia", 
concepto acuñado por Francis Fukuyama, en el que se daba por supuesto el triunfo 
definitivo del capitalismo en la historia de la humanidad. A partir de ahí se 
desarrollaron planes para crear grandes mercados de comercio "libre", sin aranceles, que 
desprotege aún más las economías locales. La globalización de finales del siglo XX fue un 
hecho plenamente establecido. Los tratados de libre comercio a escala mundial eran el 
garante y por supuesto, también lo eran las armas de la OTAN. Y quien no estaba en esa 
dinámica, era completamente destruido, como fue el caso de Serbia.

Esta política de impunidad total se desarrolló en la primera década del siglo XXI. El 
ataque yihadista del 11-S de 2001 contra Estados Unidos fue la excusa perfecta para 
desarrollar una política militar muy agresiva. Las invasiones de Afganistán e Irak 
reafirmaron la fuerza norteamericana. Además, ayudaron extender el Cáucaso y Asia Central 
el poder atlantista y neoliberal. No dudaron en derribar regímenes (poco o nada 
democráticos, por cierto) empleando la táctica de las "revoluciones de colores", que eran 
procesos de protestas callejeras utilizadas políticamente para hacer caer gobiernos.

La crisis internacional de 2007-8 desencadenó graves problemas económicos a muchas 
naciones y por lo tanto fue relativamente más fácil impulsar procesos populares de 
desestabilización de gobiernos hostiles o no colaboradores. En parte, esto es el origen de 
la primavera árabe de 2011 que provocaron la caída de los regímenes en Túnez y Egipto y 
luego las guerras de Libia, Siria y Yemen, cuando han provocado un caos en la región.

A grandes rasgos, paradójicamente, la amenaza que Estados Unidos intentó derribar con su 
invasión de Afganistán ha crecido enormemente en la última década. Ahora estamos hablando 
de una fuerza verdaderamente global. El yihadismo ha ganado adeptos en todo el mundo a 
partir de las comunidades obreras y campesinas musulmanas golpeadas por la crisis 
económica, el desarraigo social y una situación de crisis político-social permanente en 
muchos de sus países. Las guerras civiles en Siria, Libia y Yemen han logrado forjar a una 
gran cantidad de combatientes yihadistas que se pueden cifrar en varias decenas de miles. 
A su vez están golpeando otros estados muy débiles como Nigeria Malí o Somalia y amenazan 
con desbordar cualquier tipo de contención, ya que han conseguido ser hegemónicos en 
algunas zonas. Hegemonía que encuentra apoyo con los intereses de Arabia Saudí, Qatar y 
Turquía de controlar la región en Oriente medio, enfrentándose a cualquier precio 
(financiando a la yihad incluso) contra Irán.

El otro lado de la balanza es Occidente, donde el miedo crece a grandes pasos. La 
situación creada por el imperialismo y su pésima gestión de la situación está produciendo 
una reacción contraria mediante el aumento de la intolerancia al continente. El reflejo es 
la actual situación con la "crisis de los refugiados", que es la vergüenza más grande para 
todas nuestras sociedades. Los políticos de derechas han llegado a acusar a los refugiados 
de yihadistas, comparándolos con los mismos que los han expulsado de sus hogares.

La tormenta perfecta de la Extrema Derecha

Tenemos el caldo de cultivo para el crecimiento y desarrollo de la extrema derecha 
europea. La destrucción de las comunidades obreras tradicionales, la individualización, la 
precariedad y la crisis se juntan con la inmigración, una política exterior sin soberanía 
y además sumamos la explosión de una crisis de millones de refugiados que huyen de las 
guerras provocadas por la nuestra política exterior. Este descontento en el ámbito europeo 
la está recogiendo la extrema derecha, que ve como amplía su influencia electoral.

La ultra derecha ha sabido modernizarse con el paso del tiempo mientras la izquierda ha 
continuado con los discursos del pasado. Han cambiado de color, discurso, estética y se 
han hecho mediáticos utilizando el morbo de los medios de comunicación para crecer. En 
definitiva, han podido canalizar políticamente lo que está sucediendo en la actualidad. Es 
más, han retomado un discurso parcialmente tradicional de la izquierda como la defensa de 
los derechos sociales, el antiimperialismo (contra el poder de Estados Unidos en Europa), 
el proteccionismo y la lucha contra la globalización capitalista.

Como la izquierda socialdemócrata ha renunciado a defender la soberanía nacional y la ha 
dejado en manos de entidades supranacionales (UE, OTAN, OMC, FMI, Ttipia ....), Es la 
extrema derecha quien ha aprovechado para retomar la defensa de la soberanía y la ha 
convertido en su bandera de identidad. Sus militantes ya no provienen de la ultra derecha 
tradicional, ya pueden ser incluso opción de gobierno en varices países de Europa.

Sin duda, será uno de los problemas más importantes con el que tendrá que enfrentarse la 
izquierda europea ya que en el momento que el ultra derecha consiga el gobierno de un 
país, estará mucho más cerca de convertirse en opción de gobierno en muchos otros.

El factor UE

Como hemos visto en las elecciones del parlamento europeo, la derecha conservadores y la 
socialdemocracia son tan hegemónicas que parece imposible una victoria de izquierdas que 
pueda hacer girar la política europea de forma decisiva. La entrada de los países de 
Europa oriental han servido para afianzar el poder de la derecha europea. En estos países 
los conservadores son mayoría desde la caída de la URSS. En los últimos años incluso han 
demostrado un giro hacia la derecha más "dura".

Las políticas de la troika basadas en proteger los intereses de la banca alemana y las 
grandes empresas han empobrecido y arruinado los países del sur, que han vivido a base de 
crédito desde hace décadas. En tiempos de crisis, los que tenían crédito y los endeudados 
han pagado los platos rotos de quien ha promovido el sistema económico actual. La 
aparición de numerosos casos de corrupción en el Partido Popular español demuestra la 
generalización de este fenómeno en todo el sistema capitalista. Los "papeles de Panamá" 
demuestran el nivel de arraigo en el que se encuentra la corrupción en todo el continente, 
y también que la fuga de capitales es un rasgo común de las clases dirigentes.

Al mismo tiempo, los de abajo nos impone todo tipo de recortes sociales que han 
precarizado nuestras vidas. Inciden incluso en nuestras propias vidas con los recortes en 
sanidad y en la ampliación de nuestra vida laboral. La crisis (junto con la demografía) ha 
puesto en peligro nuestro sistema de pensiones que probablemente veremos quebrar en la 
próxima década. Los pensionistas son los que ahora sostienen a familias enteras, 
garantizando un problema social de grandes dimensiones si la caja de las pensiones se 
viera afectada.

Europa, tal como está construida, es en definitiva un impedimento para cualquier cambio 
social. La izquierda alternativa al parlamento europeo, atacada por la ultraderecha, se 
erige en defensor de una "Europa de los pueblos" y por tanto contribuye a su 
consolidación, reforzando el bloque dominante.

La Espada de Damocles de las crisis energéticas, ecológicas y alimentarias

El último punto a tener en cuenta son las diferentes crisis globales que encontramos en el 
siglo XXI. Son crisis diferentes pero relacionadas con el impacto que ha tenido el ser 
humano sobre el planeta .. Concretamente nuestra forma de vida.

La crisis energética se basa en el consumo de combustibles fósiles, esenciales para que 
todo funcione. Sin transporte no existe un capitalismo avanzado y es en los próximos años 
cuando estos combustibles empiecen a escasear. Ese mismo año muchas empresas energéticas 
han quebrado por el efecto de la bajada del precio del petróleo. Además, países como 
Canadá, Brasil, Argelia, Nigeria o Venezuela están en números rojos y sus economías caen 
de forma empinada. También se ha dado un hundimiento de la industria del fracking en 
Estados Unidos.

El consumismo depredador enfrenta, en los próximos 20 años, a la llegada de cenit de una 
serie de materiales básicos como pueden ser el cobre o el uranio, entre una veintena más 
de materiales. Se sabe que cuando un recurso se queda escaso, pasan una serie de años de 
crisis hasta que lo sustituya otro. En un mundo cada vez más sobre poblado, la falta de 
algunos de estos recursos básicos pueden provocar problemas graves entre los estados.

Otro problema grave es el daño ecológico grave que estamos produciendo en el planeta. Con 
el desarrollo de nuestra sociedad, la biodiversidad se reduce, el impacto en forma de 
contaminación aumenta y profundiza en la deforestación y en la destrucción de los 
hábitats. Además, en estos años se hace más evidente que nunca el calentamiento del 
planeta y la eventual ruptura de la estabilidad climática que están entregando los 
procesos desconocidos en el ártico y antártico, que seguramente tendrán un impacto sobre 
el clima.

Por último, existe el problema del agua y del suelo. El crecimiento que ha sufrido la 
población mundial ha hecho que la explotación del suelo llegue a su límite. La 
introducción de los monocultivos y todo lo que implica (químicos, abonos, fertilizantes, 
pesticidas, un regadío intensivo) ha llevado al empobrecimiento definitivo de una gran 
parte del suelo. La explotación de los acuíferos y el desvío y embalsamando los ríos 
también inciden en el empobrecimiento del suelo del planeta.

En definitiva, todos estos problemas se retroalimentan entre ellos. Si añadimos al 
problema del empobrecimiento del sol, la imprevisibilidad del clima, la falta de lluvia o 
las inundaciones, esta claro que estamos hablando de un tema más grave. Podemos concluir 
que la mayoría de problemas y amenazas se agravan si añadimos el hecho de que vivimos bajo 
un capitalismo depredador y que éste no permite cambios de paradigma más allá de 
modificaciones que se puedan hacer en un nivel superficial.
La gran amenaza es una concatenación de catástrofes humanitarias que provoquen situaciones 
especialmente traumáticas que faciliten el camino a medidas aún más drásticas. Lo pudimos 
comprobar en 2011, cuando se desencadenó la conflictividad social en Oriente Medio en un 
contexto de alza de precios de los alimentos, en parte porque las cosechas del año 
anterior en el Sahel, Rusia y Pakistán se perdieron.

¿Qué hacer?

El mundo se enfrenta a unas décadas de una importancia trascendental. Cualquier persona 
con un ideario revolucionario no puede renunciar a esta realidad y deberá actuar de 
acuerdo con sus principios. La crisis (o la amenaza de crisis) descrita anteriormente 
cierran la puerta a medidas dentro de una lógica de progreso social lineal y por etapas. 
También nos deja claro que vienen tiempos de enfrentamiento entre modelos. Por tanto, una 
militancia basada exclusivamente en la autogestión o el cooperativismo, a pesar de ser 
positivos, tampoco es viable a largo plac.

Somos conscientes de que Europa en la que nos encontramos sigue dentro de una etapa de 
ofensiva neoliberal que persiste en aplicar las mismas políticas económicas y sociales que 
propiciaron la crisis de 2007. La falta de una alternativa por la izquierda ( ya que la 
socialdemocracia adoptó el neoliberalismo en bloque en los años 80 y 90 y que la izquierda 
post-comunista no llega ser percibida como alternativa - excepto en algunos países del sur 
de Europa) han dejado un vacío que obra camino a un crecimiento de las opciones de extrema 
derecha populista en el continente. La clase trabajadora atacada por el liberalismo, 
golpeada por la crisis, olvidada por la izquierda y por los sindicatos gira cada vez más a 
los que hablan de garantizar sus "derechos sociales" a la vez que su "identidad".

La identidad es un concepto ambiguo y peligroso, pero nos indica que la izquierda 
revolucionaria no ha sabido hablar en el lenguaje de la gente común, que después de la 
derrota del obrerismo en los años 70 y el ascenso del modelo neoliberal en los 80 , sólo 
busca encontrar su nicho en la sociedad. En un contexto donde se desmantela la industria y 
la minería, la vida en los barrios obreros cambia de forma radical, se da una 
precarización con la terciarización de la economía, se destruyen derechos sociales y entra 
población extranjera que es explotada como mano de obra barata. En definitiva, se está 
cambiando la fisonomía de estos barrios que llevaban décadas de la misma manera. Es 
precisamente en estos barrios y poblaciones obreras que sufren la crisis económica, el 
paro, la gentrificación y los grandes proyectos urbanísticos y especulativos donde el 
anarquismo debe tener su lugar. Es decir, con la gente humilde que sufre y resiste y no 
con la clase media ilustrada, abierta y cosmopolita como donde a veces tienden los 
ambientes libertarios o izquierdistas.

Para conseguir llegar a un proceso revolucionario, primero hemos de imaginar qué tipo de 
sociedad puede desarrollar dicha revolución. La debemos analizar, fortalecer sus aspectos 
positivos y eliminar los negativos. La apuesta en Cataluña pasa por lo que se denomina un 
Movimiento Popular. Ya que el "pueblo" no se puede organizar al 100% sí se puede apostar 
para que se organice un sector significativo. En otros países esto se conoce como frente 
deesquerres o anticapitalista. Se trata de unir muchos agentes diferentes (movimientos 
sociales, sindicatos alternativos, movimientos de izquierdas, organizaciones vecinales, 
estudiantes, etc) en un movimiento político social autónomo de los partidos políticos 
institucionales y que tenga su propia agenda de movilizaciones. Es primordial también 
conseguir convertir este movimiento popular en un referente para las comunidades de clase 
trabajadora y por gran parte de la sociedad.

Como el anarquismo por sí solo es incapaz de impulsar este tipo de movimiento popular por 
sí mismo, se debe buscar alianzas con otros movimientos anticapitalistas para poder 
llevarlo adelante. Como no es de recibo que estos movimientos sean utilizados 
electoralmente por fuerzas de izquierdas tenemos que garantizar su autonomía, una función 
que debe asumir espacios políticos como Embat.

El futuro de Europa implica crear una gran red de movimientos populares que se conviertan 
en "oposición" en la Europa del Capital. Esta es la verdadera "Europa de los pueblos" y 
tiene poco que ver con la praxis y las propuestas de la izquierda alternativa en el 
Parlamento Europeo. Nuestra apuesta debe pasar para revertir la globalización neoliberal y 
desconectarnos de las macros-estructuras capitalistas internacionales y reivindicar la 
soberanía popular. Esta soberanía debe ir más allá de la simple soberanía "nacional", de 
reivindicar la soberanía alimentaria (reducción drástica de la dependencia de los 
combustibles fósiles y el inicio de un proceso de transición postpetroli), la soberanía 
política (acabar con el sometimiento a instancias de la UE y OTAN) y la soberanía 
industrial (producir localmente lo que necesita el país). En definitiva, la soberanía 
popular supone una revolución democrática por sí misma que sería sin duda atacada por el 
capitalismo global.

Ya que construir un movimiento popular que reivindique las diferentes soberanías y que 
ejerza como contrapoder a los gobiernos, exigiendo el complemento de los derechos sociales 
y reivindicando la democracia real. Esto, ya implica de algún modo embarcarse en un 
proceso revolucionario, ya que produce un choque frontal a los intereses del bloque 
capitalista. Nuestra opción también implica la propuesta del socialismo libertario como 
modelo de sociedad. En este sentido, la aparición del Confederalismo Democrático Kurdo en 
el mapa político, o los primeros pasos de un movimiento internacional por la "democracia 
sin estado" (creado por algunos movimientos de liberación nacional europeos y por algunos 
municipios gobernados por la izquierda alternativa) puede ayudar en este sentido. Ayuda a 
abrir una brecha por donde introducir una alternativa a la izquierda socialdemócrata 
tradicional (hoy neoliberal) y el viejo comunismo estatista (en posiciones socioliberales) 
donde también podría entrar el socialismo libertario. Nos ayuda también porque están a 
favor de crear una sociedad democrática, soberana e igualitaria que podría atraer a la 
clase obrera y parte de la clase media.

En definitiva y para concluir, el socialismo libertario europeo debe convertirse en una 
opción de cambio viable. Por ello, se debe producir una articulación a escala continental 
con un análisis, una estrategia comunes (entendiendo las especificidades de cada 
territorio) y una línea comunicativa y gráfica con proyección mediática, también.

http://embat.info/europa-on-vas/2016-07-04T16: 32: 36 + 00: 00Embate Artículos para el debate

Un repaso sobre cómo se ha articulado sociopolíticamente el continente europeo en las 
últimas décadas. Artículo de Miguel Gómez, militante de Embat. En los últimos años del 
siglo XXI se nos está sometiendo, tanto en el planeta como las personas que vivimos, a una 
gran presión. En algunos momentos da la sensación de que la sociedad está siguiendo un ...
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