(ca) I.F.A. tierra y libertad #333 - ¿Por qué somos anarquistas y otros muchos no? -- Original de Sergio Staino para A rivista anarchica

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Sat Apr 9 07:51:12 CEST 2016


Lo que sucede en el mundo hoy, lo que sucedió ayer, lo que podrá suceder mañana, induce a 
la mayor parte de las mujeres y los hombres a reflexiones a menudo pesimistas, críticas, a 
veces en forma de lamento, otras veces desesperantes. Parece como si una especie de gran 
vacuna nos haya dejado inmunes e insensibles a todo esto; todo parece sistemáticamente 
inmutable e inevitable, a veces incluso por descontado. ---- Una de las preguntas más 
recurrentes que me suelo plantear (y estoy seguro de no ser el único) se refiere 
precisamente a por qué mujeres y hombres pueden aceptar todo esto sin, aparentemente por 
lo menos, oponer resistencia o activar una rebelión que vaya más allá de la simple 
protesta o de la lamentación de turno. En otras palabras, a menudo parece que lo que 
tenemos enfrente sea inmodificable o constituya la estructura psicológica de nuestro 
pensamiento.

Pero el problema existe, está delante de nosotros, basta con dejar de fingir no verlo, con 
no bajar la cabeza, con no escapar a un limbo de certezas mesiánicas, para darse cuenta. 
Probemos ahora a sugerir algunas hipótesis.

Como sucede a menudo, me parece importante antes que nada interrogarnos a nosotros mismos, 
leer nuestra historia, empatizar con el prójimo, adentrarnos en una situación, un 
contexto, una realidad. Probablemente cada uno de nosotros podrá, recorriendo su historia 
personal, descubrir e identificar algún elemento de clarificación sobre por qué hemos 
reaccionado ante un atropello o continuamos resistiendo a una modalidad de relaciones 
autoritarias. Seguramente podremos comprender que, en un momento dado, hemos roto 
radicalmente con el imaginario social dominante y estamos mejor así. No añoramos muchas 
cosas que una sociedad monstruosamente consumista nos publicita cada día, por ejemplo. Por 
el contrario, tenemos el placer de saborear momentos y situaciones en los que los demás 
aparecen en todo su esplendor y no como una amenaza. Y muchas otras cosas. Pero eso no 
basta, no es suficiente para explicar o intentar comprender; necesitamos más.
Este tema del servilismo difuso ha sido magistralmente indagado por Étienne de La Boétie a 
finales del siglo XVI, en su extraordinario y siempre actual libro Discurso sobre la 
servidumbre voluntaria (si todavía no lo habéis leído, leedlo y difundidlo). De La Boétie 
concluía, refiriéndose a una verdad insoslayable: las raíces del dominio están dentro de 
quien lo sufre, por lo que o se sale de esta lógica con un acto de ruptura, o se acaba 
siempre por justificar lo existente. Pero, y este es el problema de los problemas, ¿por 
qué sucede esto raramente y con tanto esfuerzo? De hecho, me he preguntado muchas veces 
por qué los hombres y las mujeres están dispuestos a creer en todo, realmente en todo, en 
las absurdeces irracionales de la fe, antes que a nosotros. La primera respuesta que me ha 
surgido, sobre la que obviamente soy el primero en tener dudas, es que ser anarquistas, 
vivir como anarquistas, es difícil y cansado. Caminar y proceder según la ola de la 
costumbre y de la seguridad de lo habitual ofrece indudablemente a muchas personas la 
posibilidad concreta de no formularse preguntas, de considerarse a salvo de cualquier 
turbulencia y de sentirse parte de un mundo que es, sobre todo, un modo de ser. Esto es 
así para quien no sale del cascarón de lo existente y para quien tiene miedo de cualquier 
cosa diferente, probablemente incierta, insegura.

Sin el poder se está mejor

Fatalismo y determinismo caracterizan nuestras relaciones, monopolizan nuestros 
comportamientos, ocupan nuestros sueños. El sentido de la autonomía, este bien precioso e 
indispensable para ser libres, aparece cada vez más comprometido y vacío de respuestas 
prefiguradas y preestablecidas, hacia las que alimentamos una especie de paralizante 
devoción. De hecho, absorbemos todo, nos cuesta recuperar el sentido de elección auténtica 
y libre que solo la autonomía (al menos una buena dosis) nos permite practicar. De este 
modo huimos de la responsabilidad, es decir, de la capacidad de respuesta y, al mismo 
tiempo, de responder a los demás. Si no somos creíbles para la mayoría probablemente 
quiere decir, por nuestra parte también, que debemos asumir responsabilidades, practicar 
la elección, salir de las fortalezas consolidadas, encontrar a los demás, escuchar no solo 
con las orejas sino con todo el ser. Pero también significa no pensar en poder tener, en 
nombre y por cuenta de un sistema de pensamiento, una respuesta para todo, como piensan, 
con los resultados que hemos podido comprobar, la ideología totalitaria y la fe irracional.
Aceptar la propia parcialidad y la relatividad de las propias observaciones y de los 
propios análisis significa asumir la responsabilidad de no imponerse a los demás cada vez 
que se presenta la ocasión; significa caminar al lado, no ir en lugar de otro en un 
espacio y en un tiempo, aunque estos sean diferentes. Esta es la doble responsabilidad a 
la que, me parece, estamos llamados y a la que hemos de responder. Todo esto no significa 
diluir o, peor aún, escoger el propio anarquismo en una confusa miscelánea de sensaciones 
o gestos concretos. Quiere decir, más que nada, no vender un enésimo producto (aunque esté 
bien presentado) sino preguntar, formular dudas, descomponer situaciones, asumir 
comportamientos diversos, en resumen, perturbar la quietud asfixiante que gobierna este 
mundo. Una de las pocas convicciones sólidas que tengo es que una vez roto el encanto del 
dominio, rechazadas y alejadas las ansias del tener y del poder, se vive mejor, se está 
bien al menos consigo mismo. Y esto no es poco, aunque tampoco es bastante.
Me parece que se puede sugerir que el servilismo en el comportamiento cotidiano de tanta 
gente es debido, al menos en parte, a esta huida de la responsabilidad que hombres y 
mujeres practican porque simplemente es más cómodo y más fácil, aparte de automático, 
obedecer y adaptarse a lo existente. A fin de cuentas, nosotros proponemos una modalidad 
de relaciones que se basa en un continuo trabajo sobre uno mismo, sobre una progresiva y 
significativa liberación de cualquier dependencia no natural e impuesta, un modelo de vida 
basado en valores que van contra corriente respecto a la marcha general de la sociedad. 
Así pues, el esfuerzo que creo debemos hacer, tiene que ver con el hecho de proponer un 
anarquismo más creíble y más apetecible, si queremos, como yo creo que es lo justo, 
acrecentar la tasa de anarquismo en la sociedad.

¿Un anarquismo creíble?

Por tanto es importante, si no el único medio, demostrar que las soluciones que podemos 
sugerir, en los límites impuestos por la realidad existente pero de modo coherente con 
nuestros fines, están más en consonancia y son más eficaces para garantizar la solución 
concreta de un determinado problema y, en general, para aumentar la calidad de nuestra 
existencia. Por ello, las experimentaciones que podemos realizar, en los diferentes 
ámbitos de nuestra vida cotidiana, marcadas por una visión alternativa a la dominante y 
caracterizadas por una metodología coherente y libertaria, pueden demostrar que no solo es 
posible una cierta tasa de anarquismo aquí y ahora, sino que también se pueden ilustrar, 
con el ejemplo, posibles soluciones que puedan mejorar nuestra existencia.
Una de las cosas que creo útil subrayar es que gracias a las prácticas de libertad y 
autonomía, no solo aumenta nuestro sentido de la responsabilidad y se expande la tasa de 
influjo hacia los demás, sino que también se amplía nuestra satisfacción personal. De 
hecho, lo que aparece como imposible o indeseable para algunos puede por el contrario 
demostrarse como satisfactorio para muchos. No nos olvidemos de que si preguntamos a la 
gente que encontramos cotidianamente qué saben y qué piensan de la palabra "anarquía", 
todavía hoy y a nuestro pesar, las respuestas que podemos obtener son desoladoras. Por eso 
pienso, pero solo es una hipótesis de trabajo, que debemos esforzarnos en hacer nuestro 
anarquismo creíble, sobre todo en el sentido que he propuesto y definido. Con la modestia 
y la disponibilidad de quien sabe que solos y únicamente con nuestro pensamiento no 
podremos nunca tener respuestas para todo.
En cualquier caso, seguramente podremos inspirar un método radicalmente diferente.

Francesco Codello

http://www.nodo50.org/tierraylibertad/333articulo3.html


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