(ca) IFA: Tierra y Libertad #332 -- Objetivos y visiones

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Mon Apr 4 12:59:11 CEST 2016


En un artículo de 1996, Noam Chomsky ejemplificaba de manera clara la diferencia entre un 
"objetivo" y una "visión" escribiendo: "Con visión entiendo la concepción de una sociedad 
futura que anima a lo que hacemos realmente, una sociedad donde pueda querer vivir un ser 
humano digno. Con objetivo me refiero a la opción y a las tareas que nos caracterizan, que 
perseguiremos de una u otra manera, guiados por una visión que puede ser lejana e 
indistinta". En esta breve pero eficaz distinción, están contenidas numerosas cuestiones 
que seguramente son interesantes para nuestras reflexiones. ---- Sobre todo está claro que 
para todo el que se plantee el problema de apoyar y promover un cambio en sentido 
libertario, es indispensable tener una visión. Esta se configura en cualquier modo como 
una proyección de un "en otra parte" de los deseos y las expectativas del aquí y ahora.

Se trata por tanto de un tiempo y de un espacio que se configuran como diferentes de 
aquellos en los que estamos viviendo hoy. Pero ¿cuánto de condicionante y cuánto de 
indispensable puede ser proceder según una visión? Condicionante, seguramente; 
indispensable, todavía más. Una visión, en primer lugar, no es un proyecto definido, y 
muchos menos un programa detallado: aparece más como una utopía, como un sueño con 
perfiles no especificados ni delimitados, como una hipótesis de gran calado. Se trata de 
un conjunto de sentimientos y de situaciones concretas que se presentan a menudo de manera 
desdibujada pero no por ello indefinida o caótica.

La visión no nos confunde, nace de un deseo profundo, se alimenta de la esperanza y del 
razonamiento consciente. Sin embargo, hay algo que no está completo, tal vez aparece 
lejano, imposible o incluso irrealizable. Este aspecto, esta perturbadora dimensión, puede 
condicionar pesadamente y frustrar nuestro deseo, hasta llegar al abandono y la pérdida de 
esperanza. Debemos por ello ser conscientes de estas dimensiones, a veces contradictorias, 
que cada visión puede inducir en nuestro pensamiento. La utopía entonces no es tan 
importante porque haga aparecer lo que debemos ser, o mejor lo que queremos, sino por el 
contrario, porque realiza un trabajo constante de desestabilización en lo que vivimos 
cotidianamente.

Una prisión desconocida

Otro aspecto importante sobre el que reflexionar es el relativo al análisis que el sujeto 
cumple respecto a su visión, es decir, cuánto condicionamiento y determinación en el aquí 
y ahora (la sociedad existente) están presentes en nuestra proyección. En suma, hasta qué 
punto nuestro imaginario social se puede liberar de sí mismo cuando pensamos e imaginamos 
otra realidad.

Para que una visión no se convierta en una prisión desconocida y en una hipoteca mesiánica 
de nuestra vida, es indispensable plantearse esta proyección. Desde luego, no es siguiendo 
una postura milenarista o escatológica como podremos garantizar "otra" idea que nos ayude 
verdaderamente en el proceso de autoemancipación y de autoliberación.
Por último, no es pensando y abandonando completamente esta visión como podremos confiar 
en el cambio de nuestras condiciones de sufrimiento y frustración. Cada vez es más 
necesario, a pesar de todo, verdaderamente a pesar de todo, alimentar la otra dimensión de 
la vida a partir de esta que estamos viviendo. Y si es indispensable, con la dimensión de 
la revuelta (Albert Camus), romper con el imaginario dominante, diluir los límites y 
fronteras de las lógicas de dominio en sus muy variadas formas, es también importante 
liberar todas las características positivas y altruistas que marcan nuestras relaciones y 
califican nuestra existencia. El odio y la violencia se producen y se alimentan a sí 
mismos, lo mismo pasa con el amor y la compasión. Está fuera de toda duda que tanto la 
violencia como el amor tienen el poder de contaminación y difusión de la propia práctica, 
por lo que debemos ser conscientes de esta enorme responsabilidad. La revuelta es la 
acción necesaria e inevitable, pero la degeneración de sus efectos en nombre de una visión 
autoritaria produce y ha producido los monstruos del totalitarismo.

Cuando se pasa al tema de la relación entre una visión y los objetivos, a menudo nacen y 
se desarrollan contradicciones y problemáticas que parecen irresolubles. Si el 
enquistamiento de los proyectos puede conducirnos a la impotencia o, peor aún, al 
aislamiento elitista e inconsecuente, el énfasis exclusivo en el objetivo puede determinar 
una fractura radical e irreparable con la dimensión estratégica del otro en el aquí y 
ahora. Y en esto los ejemplos son tantos, y tan evidentes para todos, que resulta 
superfluo enumerarlos y ponerlos en evidencia.

Capacidad y responsabilidad ética

En nuestro caso, en la consolidada tradición del pensamiento anarquista, estamos 
habituados, con razón, a recurrir a la conocida máxima de que fines y medios deben estar 
ligados entre sí por una relación coherente. Dado un cierto fin, los medios que utilicemos 
para conseguirlo deben contener las características determinantes del fin en sí mismo. El 
medio es un fin en potencia. Pero si esto está claro y es fácilmente definible en 
determinadas situaciones, en otras ocasiones esto es como poco más problemático y no está 
tan rígidamente conectado. Y también tenemos muchos y conocidos ejemplos.

En este caso, lo que marca la diferencia es la capacidad y la responsabilidad ética del 
individuo o del grupo que debe intervenir, al tomar conciencia de la contradicción que se 
está expresando y, al mismo tiempo, al comprobar con continuidad y severidad los efectos 
que un determinado medio está produciendo. Llegados a este punto, me parece oportuna una 
reflexión de Paul Goodman: "Supón que has hecho la revolución de la que estás hablando y 
con la que sueñas. Supón que tu tendencia ha vencido y que habéis logrado la clase de 
sociedad que queríais. Personalmente, ¿cómo vivirías en esa sociedad? Empieza a vivir de 
ese modo ahora mismo. Cualquier cosa que harías entonces, hazla de ese modo ahora mismo. 
Cuando te topas con obstáculos, personas o situaciones que no quieren dejarte vivir de ese 
modo, comienza a pensar en cómo podrías superar o dar la vuelta a ese obstáculo, o en cómo 
lo podrías empujar fuera del camino, y tu política será concreta y práctica".

Existen situaciones que parecen difícilmente comprensibles y, sobre todo, modificables en 
sentido libertario, no tanto si se sitúan en el espacio y en el tiempo de la visión, sino 
en el de hoy y ahora, como el deber de responder a preguntas precisas, el deber escoger 
comportamientos inmediatos en la confrontación con los demás, con los que compartimos 
trabajo, amistad, aficiones, gustos, etc. En estos casos, ¿qué hacer? ¿Cómo tomar postura? 
¿De qué manera reaccionar? Quizás estemos constreñidos a realizar una resiliencia en lugar 
de una resistencia, somos propensos a adoptar una condición de compromiso que no nos 
parece en absoluto satisfactoria pero que resulta de hecho inevitable. Muchas veces, cada 
día, nos encontramos con situaciones de este tipo y muchas veces sentimos una profunda 
insatisfacción interior y un deseo de rebelarnos a todo esto. Pero igualmente actuamos, 
vivimos, nos relacionamos, sufrimos derrotas y acumulamos frustraciones y, al mismo 
tiempo, ¡no fustigamos nuestra visión!

Dar voz a la desobediencia

Trazamos un límite, eso es lo que hacemos en estos casos. Trazar un límite significa saber 
que hay un momento, un espacio, un tiempo, por el que no podemos ni queremos transitar. 
Significa utilizar nuestra coherencia en definir concretamente el límite de aguante del 
dominio y la contradicción; en la práctica quiere decir transformar la resiliencia en 
resistencia y decir ¡no! Fácil no es, no siempre es automático, pero es necesario.

Trazar el límite, como sugería Paul Goodman, es dar voz a la desobediencia, liberar 
nuestra energía, no sucumbir a la asfixia del dominio y el servilismo. Esta acción no es 
suficiente si no se acompaña de otra de similar intensidad pero colectiva. Mucho se puede 
hacer para señalar objetivos concretos, aunque limitados, pero que son, en la vida diaria, 
los únicos que nos permiten vivir dignamente nuestra autonomía y libertad. Porque, en el 
fondo, tenía razón Alexander Herzen cuando escribía: "Una meta que se sitúe infinitamente 
lejana de nosotros no es una meta, es una burla".

Siempre tenemos la necesidad de alcanzar objetivos que vayan en la dirección de acercarnos 
a una mayor libertad y a una más completa igualdad. Tenemos necesidad ahora mismo y esto 
no nos impedirá mantener, e incluso potenciar, nuestra visión. Porque no solo es una 
lucha, son muchos los lugares y los tiempos en los que es posible trazar un límite.

Francesco Codello

http://www.nodo50.org/tierraylibertad/332articulo8.html


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