(ca) Tierra y Libertad #326 - ¿Quién construyó las pirámides?

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Mon Sep 21 13:41:26 CEST 2015


En un famoso poema, Bertolt Brecht se pregunta, a través de la voz de un obrero: "¿Quién 
construyó Tebas, la de las Siete Puertas? En los libros se mencionan los nombres de los 
reyes. ¿Acarrearon los reyes los bloques de piedra?" ---- Si bien la pregunta de Brecht se 
refiere a la Tebas griega, en alguna que otra ocasión se ha citado este poema en relación 
con la construcción de obras monumentales y de ciudades en el antiguo Egipto. El sentido 
de esta referencia está en el hecho de que permite visibilizar nuestro habitual 
desconocimiento acerca de la identidad de los constructores que trabajaron al servicio de 
los reyes y de sus altos funcionarios. ---- Ello nos conduce a pensar en las famosas 
pirámides de la planicie de Guiza, en el norte de Egipto, que fueron construidas a 
mediados del III milenio a.n.e. como tumbas para tres reyes del periodo conocido como 
Reino Antiguo y cuyo tamaño y disposición las ha convertido en las pirámides más famosas 
de Egipto.

La más grande de ellas, perteneciente a un rey llamado Khufu (Keops, según los griegos) y 
construida con gigantescos bloques de piedra, medía originalmente 146 metros de altura y 
alrededor de 230 metros de lado. Dada la majestuosidad de la obra y la inexistencia de 
documentos que expliciten cómo fue erigida, se ha especulado mucho sobre el proceso de 
construcción y la mano de obra empleada, apelándose en ocasiones a la imagen de ingentes 
cantidades de esclavos, de tecnologías que serían modernas hasta para nuestros parámetros, 
e incluso fomentando la idea de una intervención de entes extraterrestres. El estado del 
conocimiento actual en el terreno estricto de la egiptología y de la historia antigua 
reconoce que tamaña obra, ejecutada a lo largo de décadas mediante sistemas tecnológicos 
perfectamente compatibles con la sociedad que le dio origen, debió sostenerse en el empleo 
de gran cantidad de trabajadores que recibían raciones y que, lejos de tener un estatus de 
esclavitud, debían pertenecer a los sectores artesanos de una sociedad estatal sostenida 
en la tributación de bienes y servicios.

De este modo, si bien se ha procurado en diversos ámbitos orientados a la vulgarización 
instalar la sospecha respecto al carácter exógeno de la construcción de la gran pirámide 
(una antigua civilización superior desaparecida o una entidad extraterrestre), las 
indagaciones académicas permiten, no sólo no subestimar las capacidades creativas del ser 
humano, sino tampoco desestimar la capacidad logística y coercitiva de un Estado 
fuertemente centralizado como el que decidió la construcción de tales obras monumentales.
Entre quienes abordan el problema desde un punto de vista histórico, es decir, allí donde 
se reconocen las potencialidades creativas del ser humano sin necesidad de recurrir a 
explicaciones basadas en la existencia de entes extraterrenales, hay quienes afirman que 
se debe diferenciar entre aquellas poblaciones que debieron haber podido realizar este 
tipo de obra monumental y aquellas cuya inferioridad en términos de desarrollo o 
civilización las habría hecho materialmente incapaces.

En el Egipto antiguo, el primer grupo corresponde a los periodos de dominación estatal, 
cuyos primeros indicios se testimonian en el registro arqueológico a partir de mediados 
del IV milenio a.n.e. y cuyo momento de fuerte centralización del poder político hacia 
mediados del III milenio a.n.e. se corresponde con la construcción de las grandes 
pirámides, las cuales de hecho son un indicio bastante elocuente de las capacidades 
coercitivas y logísticas del Estado de este periodo. El segundo grupo, en cambio, lo 
constituyen las comunidades que habitaron el valle del Nilo en los periodos previos a la 
aparición de lo estatal, de las cuales lo poco que sabemos proviene del registro 
arqueológico (fundamentalmente tumbas, aunque también se han excavado antiguas áreas de 
residencia), el cual permite inferir una organización comunal basada en lazos de parentesco.

Esta separación interpretativa entre ambos tipos de población y sus respectivas 
potencialidades se basa en un hecho concreto: las obras monumentales que nos ocupan fueron 
efectivamente construidas en contextos estatales y no en los periodos previos a la 
aparición del Estado. Lo que en todo caso supone una lectura sesgada es cierta afirmación 
según la cual tal diferencia es expresión de una capacidad o incapacidad intrínsecas a los 
variados grados de civilización o desarrollo representados por las entidades sociales 
estudiadas, donde el tipo de realización arquitectónica que venimos considerando no sería 
otra cosa que un indicador de progreso.

Damos la razón a la consideración general (aun cuando lo "monumental" permanece en el 
terreno de lo cuantitativo y, por lo tanto, su evaluación necesariamente será relativa en 
función de los distintos contextos de estudio). Pero debemos señalar que el énfasis puesto 
en la incapacidad material es cuando menos discutible. Una comunidad no estatal, como 
aquellas que habitaron el valle del Nilo antes de la aparición de lo estatal hacia 
mediados del IV milenio a.n.e., difícilmente hubiera realizado tamaña obra, no importa si 
por incapacidad, sino por el más inmediato motivo de que una comunidad no estatal no 
habría concebido un monumento que conmemorara la presencia de lo estatal en la tierra, 
esto es, la conexión de la realeza con el cielo, el carácter divino del rey como expresión 
simbólica de un poder terrenal lo suficientemente concreto como para incidir en las pautas 
de vida social de los habitantes del valle a lo largo de más de 1.000 kilómetros.

Abusando un poco de la terminología proveniente de nuestra experiencia contemporánea, 
diremos que la comunidad no estatal no construiría una pirámide u otras tantas obras 
monumentales, no por incapacidad, sino por desinterés, porque aquellas obras no tendrían 
ningún tipo de referente en la cosmovisión, en las pautas de vida y en los intereses de la 
comunidad. Se puede afirmar que, logísticamente, no habrían podido realizarlas, pero eso 
es irrelevante, pues lo que interesa es que tales monumentos no habrían tenido sentido 
para la experiencia cotidiana de las comunidades no estatales.

De este modo, retomando a Brecht, efectivamente los bloques de piedra con los que se 
construyeron los grandes templos, ciudades y tumbas no fueron cargados por los reyes. Pero 
dichos monumentos sí fueron concebidos por el Estado, su construcción fue ejecutada por el 
Estado, su sentido está dado exclusivamente por la existencia del Estado. Y su 
inexistencia previa a la aparición de reyes y funcionarios no es síntoma de incapacidad, 
de carencia o de escaso desarrollo en términos de civilización, sino que es expresión de 
la afirmación de un orden sociopolítico determinado, de un tipo de vida social más difícil 
de reconocer en el registro documental (por la precariedad de la evidencia disponible) 
pero a todas luces comunitario, basado en la existencia de lazos de solidaridad y de ayuda 
mutua. Es decir, de un mundo sin Estado.

Augusto Gayubas

http://www.nodo50.org/tierraylibertad/326articulo7.html


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