(ca) Tierra y Libertad #325 - La propiedad sigue siendo un robo

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Thu Sep 17 18:40:52 CEST 2015


Aprovechando que se han cumplido 150 años de la muerte de Proudhon hemos querido ofrecer a 
nuestros lectores una antología de su pensamiento. Los textos están tomados de sus obras, 
tanto de las que se tradujeron al castellano como de las que están todavía inéditas en 
nuestra lengua. El título de cada obra va como epígrafe de los textos. ---- Proudhon nació 
el 15 de enero de 1809, en Besançon (Francia), la misma ciudad en donde vieron la luz 
Charles Fourier y Victor Hugo, y murió en Passy a los 56 años de edad. Por ser hijo de 
familia humilde tuvo que dedicarse a trabajar desde su más temprana infancia, oficiando de 
pastor y otros menesteres de la vida campesina. A los 18 años entró en una imprenta, en la 
que pronto se hizo cajista y luego corrector. Como siempre había acusado una inteligencia 
excepcional y un singular cariño por los libros, su nuevo trabajo fue para él una 
universidad. Con motivo de que en dicha imprenta se imprimió una edición de la Biblia, se 
le despertó la curiosidad de saber latín. Luego aprendió el griego y el hebreo sobre los 
mismos textos teológicos para entrar más tarde, con energía y pasión únicas, en el estudio 
de las graves cuestiones económicas y sociales, en las que tanto había de brillar.

También por una edición de El nuevo orden industrial, Proudhon entró en conocimiento de la 
obra de su conciudadano Fourier, el cual, a pesar de sus excentricidades intelectuales, no 
dejó de tener ideas luminosas y anticipaciones ideológicas de verdadero precursor. Como su 
pasión por el saber era incontenible, pronto adquirió amplísimos conocimientos de todas 
las ramas del saber humano, pero especialmente de filosofía y economía. De ahí que, aun 
siendo autodidacta, resultó uno de los hombres que más han escrito, a pesar de que murió 
en plena madurez. Basta decir que sus obras fueron extensas y numerosas, y que sólo su 
correspondencia enriqueció y nutrió catorce voluminosos tomos, que al decir de algunos 
biógrafos es donde está contenido lo más selecto de su fino espíritu y lo más agudo de su 
ingenio.

Después de leer a Adam Smith y a otros clásicos de la Economía Política y estudiar la 
dialéctica hegeliana, arriba al socialismo demostrando escandalosamente "que la propiedad 
es un robo". Sus tres Memorias sobre el tema de la propiedad, que luego sirvieron como 
fundamento del socialismo, le originaron persecuciones, procesos, destierros e incluso la 
suspensión de la beca Suard, que representaba su medio de vida, y que por sus méritos 
propios obtuvo de la Academia de Besançon. Que sus libros resultaron tremendamente 
ruidosos en aquella época nos lo prueba el hecho de que, antes de publicar la primera de 
las Memorias mencionadas, y consciente de cómo sería acogida por los académicos, le decía 
en carta a un amigo: "He aquí cuál será el título de mi nueva obra, sobre el cual deseo 
que conserves el secreto: ¿Qué es la propiedad? Es el robo o Teoría de la igualdad 
política, civil e industrial. La dedicaré a la Academia de Besançon. Este título es atroz; 
pero no les dejaré medio para que puedan morderme; soy un demostrador, expongo hechos; 
actualmente ya no se castiga por decir verdades sin herir a nadie, aunque sean molestas. 
Pero si el título es alarmante, la obra lo es mucho más. Si tengo un editor hábil y que se 
mueva verás pronto al público sumido en la consternación. Toma la proposición que sirve de 
frontispicio a mi carta y figúrate verla probada por razón matemática, lo que es mucho más 
decisivo para los hombres de hoy que por pruebas morales y metafísicas".

Por éstas y otras causas, toda su vida fue azarosa y llena de privaciones económicas, dada 
su integridad moral, rectitud de carácter e inconformismo con la sociedad burguesa y el 
misticismo religioso. Era, pues, un indomable que con singular entereza renunciaba a los 
bienes que le podía proporcionar la adaptación al medio político y social de su época. 
Para él, por encima de todas las comodidades estaban la razón, la justicia y la verdad.

Proudhon, como precursor del socialismo, precedió a Marx. Mucho antes de que el economista 
y filósofo alemán entrase en conocimiento de la idea socialista, nuestro hombre había 
estudiado a Saint-Simon, Owen y Godwin, amén de las utopías que se lanzaran como 
anticipaciones de lo que debiera ser la sociedad organizada sobre bases de mayor justicia 
y equidad. Por eso se le consideraba como el escritor más denso de ideas renovadoras; el 
más avanzado de la época y el que más a fondo removiera la conciencia social de su tiempo. 
La fuerza activa y fecunda de su concepción consistió en hacer del socialismo un 
movimiento cuyo porvenir estará seguro con las actividades y desarrollo de la clase obrera 
y de la producción en su conjunto, cuyas instituciones van abriendo cauce e iluminando un 
nuevo ordenamiento de la sociedad regida por ese principio moral de la justicia y por las 
esencias federalistas que concibió él antes que nadie.

Fue un pensador profundo y genial; nos lo prueba el hecho de que sobre su vida y su obra 
se ha escrito mucho. Su cultura era tan rica que le permitió escribir páginas abordando 
temas de toda índole: sobre la idea de Dios, sobre la propiedad, la dialéctica, la 
justicia, la certidumbre, la moral, las costumbres, etc.; pero especialmente sobre 
economía política, a la que atribuyó tanto función meta metafísica como práctica. Por eso 
el 4 de junio de 1847 respondía a objeciones de su amigo Bergman: "Persisto en creer que 
las cuestiones acerca de Dios, del destino humano, de las ideas, de la certidumbre, en una 
palabra, que todas las altas cuestiones de la filosofía forman parte integrante de la 
ciencia económica, que no es, después de todo, más que su realización exterior".

Karl Marx fue un admirador de Proudhon, y probablemente debe su evolución -del 
hegelianismo al socialismo- a los escritos del pensador francés. Nos lo demuestra 
claramente -antes de escribir su violenta crítica titulada Miseria de la Filosofía- al 
reconocer con Engels, en La Sagrada Familia, que ellos encontraron en la obra de Proudhon 
sobre la propiedad un progreso científico "que revoluciona la economía política y por vez 
primera hace realmente posible una verdadera ciencia de la economía política"; además, 
llegaron a declarar paladinamente que nuestro pensador no sólo escribía en interés del 
proletariado, sino que él mismo era proletario y que su obra era "un manifiesto científico 
del proletariado francés", de "importancia histórica". Pero todo esto lo dijeron me dio 
año antes de que comenzaran a redactar la polémica contenida en su agria Miseria de la 
Filosofía. Es cierto que cuando Marx publicó este libro polémico ya Proudhon había 
publicado su Sistema de las contradicciones económicas o filosofía de la miseria, pero 
esta obra no constituía una modificación sustancial de su pensamiento, sino la evolución 
de sus interpretaciones, que le condujeron directamente a convertirse en precursor del 
socialismo antiautoritario.

Sin embargo, sépase que Marx, cuando estuvo en Francia, se pasó noches enteras discutiendo 
con Proudhon, y que más tarde invitó a éste a colaborar en una "correspondencia" que 
sirviera para "un intercambio de ideas y para una crítica imparcial", porque -escribe 
Marx- "creemos todos que, por lo que respecta a Francia, no podríamos encontrar mejor 
corresponsal que usted". Proudhon contestó lo siguiente: "Busquemos conjuntamente, si 
usted lo desea, las leyes de la sociedad y el modo cómo se realizan, pero, por el amor de 
Dios, una vez que hayamos escombrado todos esos dogmatismos a priori, no pensemos en 
cargar al pueblo con doctrinas por nuestra parte. No incurramos en el error de su 
compatriota, Martín Lutero, que, después de haber derrocado la teología católica, sin 
perder tiempo se dedicó con gran derroche de excomuniones y anatemas a fundar una teología 
protestante... Por el hecho de que estemos al frente de un movimiento, no nos convirtamos 
en jefes de una nueva intolerancia, no nos comportemos como apóstoles de una nueva 
religión, aunque esa religión fuera la de la lógica, la de la razón". Aquí se trata, como 
muy bien dice Martin Buber, "esencialmente del modo de proceder político, pero muchas 
manifestaciones de Proudhon atestiguan que también veía la meta bajo la luz de la libertad 
y la diversidad".

Y el mismo Buber añade que cincuenta años después de aquella carta, Kropotkin resume la 
idea fundamental del objetivo en estas frases: "El desarrollo máximo de la individualidad 
deberá ir unido al máximo desarrollo de la asociación voluntaria en todos sus aspectos, en 
todos los grados posibles y para los fines más variados: una asociación en cambio 
constante que lleve en sí misma los elementos de su duración y adopte las formas que en 
todo momento correspondan mejor a las aspiraciones de todos". Es exactamente lo que quería 
Proudhon en la madurez de su pensamiento.

Es muy posible que Proudhon viese en la carta que le envió Marx, como también en las 
conversaciones particulares que habían tenido, al hombre que acariciaba el sueño de llegar 
a ser un redentor mediante la elaboración de una doctrina despótica y centralista que el 
filósofo francés no compartió. Pero aunque algunos han argüido que la finalidad del 
pensamiento de Marx no difiere mucho del "utopismo" proudhoniano, no es menos cierto que 
nuestro hombre no creía en el centralismo, ni tampoco en el salto posrevolucionario 
vislumbrado por Marx, sino que juzgó que era preciso crear desde ahora el ambiente 
necesario al cambio que se operará mediante el triunfo de la revolución. Es decir, 
Proudhon abogaba por una continuidad dentro de la cual la revolución significa solamente 
el cumplimiento la liberación y ampliación de una realidad que, en lo posible, se ha 
desarrollado ya.

Enfocándola desde otro ángulo, esta diferencia aún se puede aclarar más, pero como el 
espacio es limitado nos vemos obligados a dar de lado a más razonamientos para poder tomar 
nota de algunas ideas esbozadas por Proudhon respecto al socialismo, y que son esenciales 
para una justa interpretación de sus aportaciones.

En 1844 escribió Proudhon en una carta: "Cuando las contradicciones de la comunidad y de 
la democracia, una vez descubiertas, corran la suerte de las utopías de Saint-Simon y 
Fourier, entonces el socialismo, que no es otra cosa que la economía política, se 
apoderará de la sociedad y la empujará con poder irresistible a su ulterior destino... El 
socialismo no tiene aún conciencia de sí mismo; en la actualidad se denomina comunismo".
Y hablando del predominio del principio económico sobre el de la religión y del gobierno, 
dice: "Este principio es el que con el nombre de socialismo removerá a Europa con una 
nueva revolución, la cual, después de haber constituido la república federativa de los 
Estados civilizados, organizará la unidad y solidaridad de la especie humana en toda la 
superficie del globo terrestre". Y después de afirmar que una genuina reforma de la 
sociedad sólo puede lograrse partiendo de una modificación radical de las relaciones entre 
el orden social y el político, y de que no se trata de sustituir una constitución política 
por otra, en vez de la organización política impuesta a la sociedad autoritariamente, es 
preciso que aparezca una que provenga de la sociedad misma, dice: "La causa primera de 
todos los desórdenes que afligen a la sociedad, de la opresión de los ciudadanos y de la 
ruina de las naciones, consiste en la centralización exclusiva y jerárquica de los poderes 
públicos (...); es preciso acabar cuanto antes con ese enorme parasitismo". Y luego: 
"Desde la Reforma, y en particular desde la Revolución francesa, un nuevo espíritu ilumina 
al mundo. La libertad se ha enfrentado al Estado, y desde que se universalizó la idea de 
libertad se comprendió que no es meramente cuestión del individuo, sino que debe existir 
asimismo en el grupo".

También, declarándose contra las doctrinas dogmáticas y centralistas, advierte: "Al pueblo 
le gustan las ideas sencillas, y tiene razón. Desgraciadamente, esa sencillez que busca 
sólo puede hallarse en las cosas elementales, indisolubles, de principios opuestos y de 
fuerzas antagónicas. Organismo significa complicación, pluralidad significa contradicción, 
antagonismo, independencia. El sistema centralista puede ser muy hermoso por su grandeza, 
simplicidad y desarrollo; sólo le falta una cosa: en él el hombre ya no se pertenece a sí 
mismo, en él no se siente, en él no vive, en él no es tenido en cuenta".
Mas, como se sabe, el ideal verdadero de Proudhon es la anarquía, o sea, la ausencia de 
gobierno, el contrato libre en sustitución de la autoridad. Lo demuestra brillantemente 
cuando afirma: "Habiéndose cambiado la sociedad de adentro afuera, todas las relaciones 
quedan trastornadas. Ayer andábamos cabeza abajo, hoy la erguimos, y todo ello sin que se 
haya causado interrupción en nuestra vida. Sin que hayamos perdido nuestra personalidad, 
cambiamos de existencia. Tal es la revolución en el siglo XIX.

¿No es, en efecto, la idea capital y decisiva de esta revolución: 'No más autoridad', ni 
en la Iglesia, ni en el Estado, ni en la tierra, ni en el dinero?

Ahora bien, no más autoridad quiere decir lo que no se ha visto nunca, lo que nunca se ha 
comprendido: el acuerdo del interés de cada uno con el interés de todos; la identidad de 
la soberanía colectiva y de la soberanía individual.

¡No más autoridad!, es decir, además, el contrato libre en lugar de la ley absolutista; la 
transacción voluntaria en lugar del arbitraje del Estado; la justicia equitativa y 
recíproca en lugar de la justicia soberana y distributiva; la moral racional en lugar de 
la moral revelada; el equilibrio de las fuerzas sustituyendo al equilibrio de los poderes; 
la unidad económica en lugar de la centralización política. Una vez más, ¿no es esto lo 
que me atreveré a llamar una conversión completa, una vuelta sobre sí mismo, una revolución?"

Casa natal de Proudhon en Besançon

Pero Proudhon demostró ser un gran visionario cuando ya a mediados del siglo antepasado 
predijo para Europa sistemas parecidos al fascismo y al estalinismo. La amenaza para el 
futuro es, dice, "una democracia compacta con apariencia de estar fundada en la dictadura 
de las masas, pero en la que las masas no tendrán más poder que el necesario para asegurar 
la general servidumbre de acuerdo con los siguientes preceptos tomados del antiguo 
absolutismo: indivisibilidad del poder público, centralización agotadora, destrucción 
sistemática de todo pensamiento individual, corporativo y regional (que se considerará 
perturbador), policía inquisitorial (...) No nos engañemos. Europa está enferma de ideas y 
de orden; está entrando en una era de fuerza bruta y desprecio de principios. (...) 
Después empezará la gran guerra entre las seis grandes potencias (...) Habrá una 
carnicería, y la debilidad que seguirá a esos baños de sangre será terrible.

No viviremos para ver la obra de la nueva época; lucharemos en las tinieblas; debemos 
prepararnos para aguantar esa vida sin entristecernos demasiado, cumpliendo nuestro deber. 
Ayudémonos unos a otros, llamémonos en las tinieblas, y practiquemos la justicia siempre 
que haya ocasión. (...) La civilización está hoy en las garras de una crisis a la que sólo 
puede encontrarse otra parecida en la historia: la crisis que trajeron consigo los 
comienzos del cristianismo. Todas las tradiciones están agotadas, todos los credos, 
abolidos; pero el nuevo programa todavía no está listo, con lo que quiero decir que 
todavía no entró en la conciencia de las masas. De ahí lo que yo llamo disolución. Es el 
momento más cruel en la vida de las sociedades (...) No me hago ilusiones y no espero 
despertar una mañana para ver la resurrección de la libertad en nuestro país, como por 
arte de magia (...) No, no; podredumbre durante un tiempo cuyo fin no puedo precisar y que 
no durará menos de una o dos generaciones: eso es lo que nos ha tocado en suerte (...). 
Sólo veré lo malo, moriré en medio de las tinieblas".

He ahí, pues, trazada a grandes rasgos la figura genial del más grande creador del anarquismo.

J. P. V.

http://www.nodo50.org/tierraylibertad/325articulo2.html


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