(ca) anarkismo.net: Mi Cambio de Parecer (Sobre el Sufragio Universal) by Kôtoku Shûsui

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Sat Nov 28 12:56:41 CET 2015


El siguiente artículo es una traducción del primer artículo en el que el anarquista 
japonés Kôtoku Shûsui comienza a hacer públicas sus simpatías con las ideas del 
anarquismo. Fue escrito en 1907, en un intento por revivir el popular y polémico periódico 
socialista Heimin Shimbun (Las Noticias del Pueblo), el cual había sido suprimido por las 
autoridades en 1905, luego de lo cual Kôtoku fue arrestado por atentar contra las leyes de 
prensa. Hasta ese entonces Kôtoku había sido un importante dirigente del movimiento 
social-demócrata en el Japón. Cuando es arrestado en 1905, por primera vez entra en 
contacto con las ideas anarquistas mediante la lectura de Kropotkin; posteriormente, viaja 
entre 1905-1906 por los EEUU, donde entra en contacto con el movimiento sindicalista 
revolucionario de los IWW, el cual lo impresiona profundamente, familiarizándose entonces 
con las ideas de la acción directa. En este documento, discute con sus camaradas del 
Partido Socialista Japonés la importancia desmedida que dan a la estrategia electoralista, 
planteando que los revolucionarios deberían ocupar sus energías y recursos en organizar a 
la clase obrera y al pueblo para la acción directa y para acumular hacia una estrategia 
revolucionaria, anti-capitalista.

Este documento no niega que el parlamentarismo o el reformismo puedan tener ventajas 
valiosas para los trabajadores, sino que plantea la sabiduría de que el Partido Socialista 
se entregue de lleno a esa lucha cuando los liberales y reformistas ya la están 
desarrollando, además considerando todos los riesgos que ella conlleva de desnaturalizar 
la lucha de los socialistas, de aburguesar a sus cuadros y de distanciarlos del pueblo. 
Los socialistas deben tener claridad de su rol en la lucha, no sólo por mejorar las 
condiciones de vida de los trabajadores, sino que por construir una nueva sociedad. Las 
ideas de Kôtoku sobre la acción directa y la democracia directa son de gran relevancia 
hoy, en que la democracia representativa está agotada, pero falta imaginación política 
para poder plantear mecanismos nuevos mediante los cuales volver a convertir la 
alternativa por un mundo nuevo y libre en una realidad concreta.

Traducción y Notas, José Antonio Gutiérrez D.

Edición del Heimin Shimbun en el que apareció este artículo.

Mi Cambio de Parecer (Sobre el Sufragio Universal)

I.

Quiero hacer una confesión honesta. Mis opiniones respecto a los métodos y la política a 
adoptar por parte del movimiento socialista, comenzó a cambiar poco a poco desde el 
momento en que fui a prisión hace un par de años[1]. Posteriormente, durante mis viajes 
del año pasado[2], el cambio fue dramático. Cuando hago memoria sobre mi manera de ser 
hace algunos años atrás, me da la sensación de ser ahora casi una persona diferente.

Debido a este cambio en mis ideas, he tenido una acalorada discusión con Sakai[3] en 
muchísimas ocasiones y también he intentado, frecuentemente, aclarar las cosas con mis 
otros amigos. Pues bien, ya que he tenido ocasión de cuando en vez de expresar algunas de 
mis ideas en el Hikari[4], habrá quien ya haya captado lo esencial de mis pensamientos. 
Empero, a falta de un órgano adecuado[5] y además porque mi enfermedad me ha hecho difícil 
escribir[6], hasta ahora no he sido capaz de dirigirme a todos los camaradas para explicar 
mis ideas básicas. Pero ha llegado la ocasión de hacerlo, ya que no sería consecuente con 
mis principios si los silenciara de manera indefinida.

Por esta razón, deseo -como ya lo he dicho- hacer una confesión honesta. Si tuviera que 
resumir mi modo actual de pensar, sería con las siguientes palabras: "una revolución 
social real no es posible de ser alcanzada mediante el sufragio universal y una política 
parlamentarista. No hay manera de alcanzar nuestro objetivo socialista sino mediante la 
acción directa de los obreros, unidos como un solo cuerpo".

II.

Antes, solamente prestaba atención a las teorías de los socialistas alemanes y a quienes 
seguían su corriente, poniendo demasiado énfasis en la efectividad de los votos y del 
parlamento. Solía pensar: "si tuviéramos sufragio universal, seguramente la mayoría de 
nuestros camaradas serían elegidos. Y si tuviéramos la mayoría de los asientos en el 
parlamento, entonces nuestros camaradas podrían instaurar el socialismo mediante una 
resolución parlamentaria". Es cierto, desde luego, que yo reconocía al mismo tiempo la 
necesidad urgente de la solidaridad obrera, pero aún así creía que la prioridad para el 
movimiento social en Japón era luchar por el sufragio universal. Mis artículos y escritos 
reflejaban esta convicción, pero ahora creo que esta idea era extremadamente infantil e 
ingenua.

Entrando en un poco más de detalles, no puede promoverse la felicidad de las mayorías bajo 
el mal llamado sistema representativo actual. Los representantes son primero elegidos de 
entre un enjambre de candidatos, simpatizantes, aduladores, periódicos, mentiras, 
amenazas, banquetes y corrupción. Esto hace que uno se cuestione seriamente si acaso hay 
uno que se preocupe seriamente del Estado o del pueblo. Pero aún si asumismos, para seguir 
con el argumento, que los elegidos sean todos personas competentes, entonces ¿qué? Las 
personas cambian según sus circunstancias y como parlamentarios ya no serían, de ninguna 
manera, las mismas personas que cuando eran candidatos. Como políticos que viven en la 
capital, será ya personas diferentes a los individuos de espíritu orientado al servicio 
público que eran en sus distritos de orígen. Uno se pregunta si acaso hay alguien que 
realmente pueda seguir genuinamente apegado a los valores que sostenían antes de ser 
elegidos. ¿No es acaso el prestigio lo que más importa a todos los parlamentarios (o para 
la amplia mayoría de ellos)? Y después del prestigio, lo que más les importa es el poder, 
seguido por el dinero. ¿No está su campo visual restringido a ellos mismos, sus familias o 
a lo sumo -y esto es sólo cierto para los mejores entre ellos- a sus partidos?

Y esto no es una particularidad del Japón de hoy en día. No es sólo en Japón, con sus 
limitadas franquicias, donde esto ocurre. Aún en Suiza, Alemania, Francia y los Estados 
Unidos (y en otros países también, sin importar cuán universales sean sus sistemas de 
sufragio), la mayoría de quienes obtienen victorias en las elecciones son aquellos que 
tienen más recursos o que son los más descarados y los que tienen mayor habilidad en este 
juego. Tanto en el país como en el partido, es una cosa muy rara que alguien de primera 
categoría sea elegida.

Puede decirse que hasta ahora no existe parlamento alguno en el mundo que sea 
representativo, en el estricto sentido de la palabra, de la voluntad popular. El hecho de 
que aún mediante el sufragio universal el parlamento sea incapaz de representar de manera 
fidedigna la voluntad popular, es reconocido en estos días por la mayoría de los hombres 
de letras en el mundo que han propuesto un número de propuestas para remediar esta 
situación, mediante representaciones proporcionales, referéndum e iniciativas. Sin 
embargo, aún si dejamos de lado por ahora las consideraciones pormenorizadas de los pros y 
los contras de estas propuestas, podemos decir que los parlamentos no son representativos 
de la mayoría del pueblo -de la clase trabajadora, por decirlo de otra manera. El hecho, 
es que los parlamentos actuales los constituye la burguesía, aquella clase que recela de 
la clase trabajadora con hostilidad, y que la pisotea. Kropotkin, en el "El Trabajo 
Asalariado" que si bien el sistema parlamentario fue producto de la clase media -que por 
una parte- se oponía a la familia real, es, al mismo tiempo, un mecanismo diseñado por la 
clase media para gobernar y suprimir a la clase obrera. El sistema parlamentario es, en 
otras palabras, una forma específica de gobierno para las clases medias y, al decir esto, 
Kropotkin da justo en el clavo[7] [Nota del traductor: en este contexto -el Japón 
imperial-, "clase media" se refiere a la burguesía].

Quizás los parlamentarios no deben siempre ser de orígen burgués. Si se conquista el 
sufragio universal, muchos parlamentarios de orígen obrero puede que sean elegidos. De 
hecho, en Inglaterra unos 50 obreros fueron elegidos el año pasado[8]. Pero apenas estos 
parlamentarios son elegidos, pierden su mentalidad proletaria y desarrollan el gusto por 
las ropas y las comidas exquisitas, por el estilo de vida burgués, por darse sus aires y 
adoptar sus ademanes. ¿Y no han sido amargamente denunciados por esto?

Para dar un par de ejemplos, los vendedores hacen frecuentemente todo lo posible por 
complacer a su patrón, de la misma manera que el abogado lo hace por sus clientes. ¿Y los 
parlamentarios? Los parlamentarios no hacen ningún esfuerzo por las masas obreras. Aún si 
por fortuna revisaran alguna legislación considerada nociva por el pueblo, o crearan otra 
que fuera beneficiosa, esto por lo general es hecho con miras a adquirir fama o 
beneficiarse de manera temporal -¡o tiene que ver con sus planeas para la re-elección!

III.

Existe, sin embargo, la creencia de que aún si nuestros parlamentarios actuales son tan 
despreciables como los he descrito, los parlamentarios socialistas tendrían motivaciones 
sinceras y no hay razón para temer que traicionen la confianza del pueblo. Admito que 
todos los socialistas japoneses actuales son hombres y mujeres sinceros. Sea cual sea su 
grupo, mientras las condiciones sean adversas, son pocos quienes traicionan sus 
principios. Esto ocurre sencillamente porque no hay nada que ganar con unirse a un grupo 
que va contra corriente, por ello los que no son sinceros no se unen a nosotros en primer 
lugar. Pero llegado el día en que el socialismo sea una fuerza que deba ser reconocida, y 
si llegara a ganar una mayoría parlamentaria, ¿qué ocurrirá entonces? En esas 
circunstancias, muchos de los candidatos que habrán entrado a la contienda electoral 
profesando ser socialistas, no serán en nada parecidos a los socialistas de hoy en día. 
Por el contrario, habrá gente que se una al partido socialista solamente por un asunto de 
honor, poder y ganancias personales -o meramente por tener un puesto en el parlamento. Y, 
de hecho, la mayoría de quienes sean elegidos serán como quienes hemos mencionado antes 
-adinerados, descarados y los más arteros para dirigirse a la galería.

En épocas en que el antiguo Jiyûtô (Partido Liberal)[9] era un partido que nadaba contra 
la corriente, sus miembros eran todos patriotas que ardían de justa indignación. Y si 
pensamos en su espíritu y élan, era de lejos superior al de los socialistas actuales. Sin 
embargo, apenas convertidos en una fuerza parlamentaria, en vez de poner los intereses 
populares a la cabeza, se preocuparon de mantener su fuerza propia en el parlamento, 
defendiendo sus asientos y luchando por sus propios intereses. ¿No terminó ese otrora 
revolucionario partido totalmente esclavizado a las élites gobernantes que alguna vez 
fueron sus amargas enemigas, mediante una maraña de bellas palabras tales como 
"cooperación", "compromisos", "concesiones mutuas"? Y no hay nada sorprendente en esto, ya 
que es natural que un partido que avanza en su objetivo de llegar al parlamento y de 
lograr una mayoría parlamentaria se corrompa por completo una vez alcanzado ese objetivo. 
¿Y si el Partido Socialista también también se viera seducido y deslumbrado por este tipo 
de poder mundano que se adquiere con las victorias electorales? Si convierte al parlamento 
en su objetivo primordial, su suerte no será en nada diferente de la lamentable manera en 
que terminó el Jiyûtô y uno podría decir que su futuro está plagado de peligros.

No sólo el Jiyûtô puede ser utilizado para ejemplificar esta tendencia. Hay lecciones que 
podemos extraer de los partidos socialistas modernos también. ¿No fue Millerand quien 
pactó con la burguesía francesa hace un tiempo para ser aceptado en el gabinete? ¿No fue 
el inglés John Burns quien cooperó con los individualistas[10] en esa ocasión, uniéndose 
también al gabinete? Como sea, respeto tanto a Millerand y a Burns como individuos, pero 
al mismo tiempo se debe admitir que como revolucionarios han sido corrompidos en cierta 
medida. La esperanza de ganar tantos asientos en el parlamento y una mayoría de votos, no 
es otra cosa que esperar echar mano al poder. ¿Y no es echar mano al poder lo que 
posibilita la cooperación y las claudicaciones al enemigo?

Afortunadamente, los partidos socialistas en Francia e Inglaterra no han sido del todo 
corrompidos con Millerand y Burns. Pero pese a haberse separado de ellos para preservar su 
integridad, es necesario entender que, si uno busca la raíz del problema, tanto Millerand 
como Burns, son el producto de la política electoral y del parlamentarismo de los partidos 
socialistas en su conjunto.

IV.

¿Y si yo cediera en todas mis observaciones y asumiera que las elecciones en efecto se 
pudieran conducir de manera justa, que solamente los parlamentarios idóneos serían 
elegidos, y que en términos generales ellos representaran la voluntad popular, podríamos 
entonces alcanzar el socialismo por esa vía? Tomemos como ejemplo a Alemania, el país de 
Marx y de Lasalle. Cuando los primeros camaradas fueron elegidos mediante el sufragio 
universal, no eran sino dos. Pasaron más de 30 años de luchas cotidianas para que se 
alcanzaran los 81 parlamentarios. Y los frutos de esos treinta años de amarga lucha y 
esfuerzo, fue que terminaron siendo despachados por un insignificante edicto imperial que 
ordenó la disolución del parlamento, siendo incapaces de oponer ninguna clase de 
resistencia. ¿No demuestra esto la fragilidad de una mayoría parlamentaria?

Hay momentos en que se suspende la constitución, cuando el derecho al sufragio universal 
es arrebatado, cuando el parlamento es disuelto. De hecho, cuando la déspota clase 
dominante constata la fuerza triunfante del socialismo parlamentario, es seguro que 
recurrirá a estos métodos. En Alemania, por ejemplo, tal cosa ha sucedido con frecuencia. 
Y cuando este giro en los eventos ocurre, no queda otro remedio que apoyarse en la fuerza 
mancomunada de la clase obrera. ¡Si! No queda más recurso que apoyarse en la acción 
directa de la clase obrera. Pero entonces la pregunta es si acaso es posible recurrir a la 
acción directa de la clase obrera inmediatamente, apenas se la requiera, si antes no se 
han hecho los esfuerzos para educar a los trabajadores en la escuela de la solidaridad.

Hyndman, líder de la Federación Socialdemócrata de Inglaterra, se quejó el año pasado, en 
la revista de EEUU "Wilshire's Magazine" que "en apenas cuarenta años los japoneses habían 
podido pasar de un sistema medieval y feudal a un sistema capitalista moderno. Les tomó 
apenas cuarenta años realizar una transformación que a otros imperios les tomó varios 
siglos. Por otra parte, ¿qué es lo que nosotros, los socialistas, hemos logrado en esos 
mismos cuarenta años? El Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) tiene tres millones de 
miembros. Es decir, tiene una cantidad de seguidores equivalentes a más de las dos quintas 
partes del ejército alemán. Tienen sus objetivos claros y saben que la hora para ellos ha 
llegado. Entonces, ¿no constituye el hecho de que aún no se hayan alzado un caso de 
excesiva paciencia, humildad y modestia? Se llaman un partido revolucionario, pero ¿qué 
han logrado en más de cuarenta años? Pregunto a los alemanes y a otros pueblos: ¿No es la 
muerte en Europa o en Estados Unidos aún más aterradora que las muertes que han ocurrido 
en Manchuria?"[11].

Las duras palabras de Hyndman no carecen, después de todo, de razón. Si los tres millones 
de miembros del SPD fueran efectivamente miembros concientes, la revolución ya se hubiera 
logrado hace mucho tiempo. Pero ser un miembro de un partido que vota y ser un miembro 
conciente son dos cosas muy diferentes. Aún si uno tuviera tres millones de personas 
entrenadas para fines electorales, éstas son inútiles a la hora de la revolución. Los 
defensores del sufragio universal y de la política parlamentaria predican a la clase 
obrera: "¡Voten por nosotros!, ¡Voten por nosotros! Si eligen a nuestros camaradas al 
parlamento, y si ganamos una mayoría parlamentaria, eso será la revolución social. Todo lo 
que los trabajadores deben hacer es votar". Y los obreros honestos creen en esto y confían 
en completamente en el parlamento. Vota, y así suman más de tres millones de votos. Pero 
son solamente tres millones de votos. No son tres millones de socialistas concientes, 
unidos. Entonces, lo que sucede es que cuando a los obreros se les dice "¡Ahora hay que 
hacer la revolución! ¡Alcémonos!" se quedan atónitos y al descubrir que las urnas son 
inútiles, deben repensar sus ideas nuevamente. Así vemos que en la medida en que se impone 
la política parlamentaria, el movimiento revolucionario es castrado.

En aquellas zonas de la Confederación Alemana como Sajonia, Lübeck, Hamburgo, y otras en 
que el socialismo es fuerte, hubo varias limitaciones impuestas en el derecho a votar en 
las elecciones que tuvieron lugar hace unos cuantos años. Pero en lugar de rebelarse en 
contra de ellas, solamente protestaron. Bebel[12] dice que la huelga general y otras 
formas de acción directa son nuestro último recurso, que mientras tengamos el derecho a 
votar deberíamos luchar en el terreno electoral. Pero tengo serias dudas que no hay manera 
de que lo que sucedió hace un par de años no se vuelva a repetir cuantas veces sea necesario.

V.

Durante los últimos cuarenta años, la sangre, el sudor y las lágrimas de los socialistas 
alemanes han ido a dar al movimiento electoral. Si se hubiera gastado ese mismo esfuerzo 
en fomentar la conciencia y la solidaridad de los obreros, quizás no estaríamos hoy en la 
situación actual en que los obreros aún permiten que el Kaiser y el primer ministro 
alardeen sobre sus victorias. No estoy diciendo, desde luego, que el partido socialista 
alemán no haya enseñado nada a los obreros, pero nadie puede negar que el grueso de su 
actividad ha sido canalizada hacia el electoralismo.

Por supuesto, aún los defensores del sufragio universal y del parlamentarismo, no pueden 
hacer nada sin la conciencia y la solidaridad de los trabajadores. Reconocen que aún 
habiendo sufragio universal, no pueden hacer nada en el parlamento sin esa conciencia y 
solidaridad de la clase obrera. Pero por otra parte, si los obreros pueden lograr una 
genuina conciencia y solidaridad, ¿no pueden entonces lograr cualquiera de sus objetivos 
por medio de su propia acción directa? Y cuando los acontecimientos hayan evolucionado a 
este punto, ya no hay nignuna necesidad de que elijan parlamentarios o dependan del 
parlamentarismo.

Si los parlamentarios se corrompen, se pierde todo. Si el parlamento es disuelto, también 
se pierde todo. Lo que esto significa, es que la revolución social (en otras palabras, la 
revolución de los trabajadores) debe, en última instancia reposar en la fuerza de los 
mismos trabajadores. En vez de que los trabajadores sirvan de peldaño para aspirantes 
parlamentarios que no son más que confabuladores burgueses, deberían avanzar 
inmediatamente para asegurarse una vida decente. Es decir, para lograr comida y ropa decente.

Puede argumentarse que los movimientos por el sufragio universal y de carácter 
parlamentarista, son una forma de propaganda, pero aún si así lo fueran ¿no se recurre con 
ellos a métodos indirectos de propaganda, en lugar de agitar directamente? ¿no es esta una 
cuestión que imposibilita el desarrollo de una solidaridad poderosa, confiando en vez en 
algo tan frágil como el voto? En el Japón actual cuesta no menos de ¥2.000 participar en 
elecciones en una localidad cualquiera. Sin embargo, si este dinero fuera gastado en 
propaganda pura y simple, y en estimular la solidaridad entre los trabajadores, me 
pregunto si no tendríamos mejores resultados.

La mayoría de los socialistas europeos están desilusionados con los pobres resultados del 
parlamentarismo. Ha surgido una tendencia entre los movimientos continentales a la 
fricción entre los parlamentarios socialistas y la clase obrera. Aún los sindicatos 
ingleses, que han hecho frenéticos esfuerzos por la elección de ciertos parlamentarios, 
han visto un gradual declive en el número de sus miembros y en sus fondos. ¿No deberíamos 
los socialistas japoneses prestar mucha atención a esto?

Lo que la clase trabajadora necesita no es la conquista del poder político, sino que la 
"conquista del pan"[13]. No son más leyes, sino comida y vestido. Se desprende de ello que 
el parlamento prácticamente no tiene ninguna utilidad para la clase obrera. Supongamos que 
fuéramos tan lejos como para poner nuestra fe y confianza solamente en incorporar nuevos 
párrafos en las leyes del parlamento por acá o en revisar las varias cláusulas de un 
decreto por allá. En tal caso podríamos lograr nuestros objetivos meramente 
encomendandonos a los paladines de la reforma social y del socialismo de Estado. Pero si 
en vez de hacer esto, lo que buscamos es la genuina revolución social así como mejorar y 
mantener los niveles de vida reales de la clase obrera, debemos entonces concentrar todos 
nuestros esfuerzos no en el parlamentarismo sino que en el desarrollo de la solidaridad 
obrera. Y los trabajadores mismos deben estar dispuestos a no confiar de esas creaturas 
burguesas como son los parlamentarios y los políticos, sino que alcanzar sus objetivos 
mediante su poder propio y su acción directa. Lo repito: lo último que los trabajadores 
debenhacer es poner su fe en el voto y en los parlamentarios.

VI.

A pesar de que yo me exprese de esta manera, ciertamente no creo que conquistar el derecho 
a votar sea algo malo. Ni tampoco me opongo de manera vehemente al movimiento por reformar 
las leyes electorales. Si se conquistara el sufragio universal, al menos la opinión de los 
trabajadores debería ser tomada en cuenta, en cierta medida, por el parlamento a la hora 
de hacer las leyes. Nadie podría negar que hubiera alguna ventaja en ello para los 
obreros. Sin embargo, debe decirse que sea lo que sea que los trabajadores ganen con esto, 
no sería nada más que otra de las ventajas que acumulan los obreros mediante los proyectos 
de reforma social. Podríamos mencionar beneficios que los obreros podrían obtener 
mediantes leyes relativas al seguro obrero, inspección laboral, problemas de los 
inquilinos, protección laboral y asistencia a los pobres. Se beneficiarían también con la 
modificación o la derogación de la ley de paz pública o la ley de prensa. Ya que hay 
beneficios que se pueden obtener en esta arena, el promover movimientos que persigan estos 
fines no es algo malo. Por el contrario, es algo bueno -pero esto no significa que, por 
ser socialistas, estemos nosotros también obligados a hacernos cargo de estos movimientos.

Insisto en que no me parece algo para nada malo que los compañeros se presenten a 
elecciones parlamentarias y que participen de la contienda política. Ni tampoco me 
opondría si, una vez elegidos, los compañeros se mantuvieran activos en el parlamento. Por 
el contrario, me complacería en ver al número de nuestros compañeros en el parlamento 
aumentar, por la misma razón que me alegraría ver ver el número de nuestros compañeros 
aumentar en todas las esferas de la sociedad y en todas las clases sociales. Me 
complacería ver el número de nuestros compañeros aumentar en el gobierno y en el mundo de 
los negocios, en el ejército y en la armada, en la educación y entre los obreros y 
campesinos. Entonces, si es posible dar la lucha electoral, no tengo objeciones. Pero en 
lo que no puedo estar de acuerdo es que el librar la lucha electoral sea algo que, como 
partido socialista, deba preocuparnos de manera desproporcionada.

Lo que intento decir es que como socialista y como miembro del partido socialista, hay 
ciertas cosas que creo importantes para lograr nuestros objetivos. A lo que apuntamos es a 
una revolución fundamental en la organización económica -la abolición del sistema del 
salario, en pocas palabras. Pues bien, yo creo que a fin de lograr este objetivo, es más 
importante agitar la conciencia de diez obreros que obtener mil firmas en un petitorio por 
el sufragio universal. También creo que es más urgente que usemos ¥10 para promover la 
solidaridad de los obreros que gastar ¥2.000 en una campaña electoral, y que hay de lejos 
más mérito en una sola discusión con un grupo de trabajadores que en hacer diez discursos 
en el parlamento.

¡Camaradas! La conclusión que saco de todo esto es la siguiente: espero que desde ahora, 
nuestro movimiento socialista en el Japón, abandone su devoción al parlamentarismo y 
adopte como su método y su política la acción directa de los obreros, unidos en un solo 
cuerpo.

En momentos como el presente, en que muchos camaradas se encuentran celosamente absorbidos 
en el movimiento por el sufragio universal, he sido extremadamente reticente a expresar 
mis opiniones. Muchas han sido las veces en que he tomado la pluma para escribir 
-solamente para terminar pensándolo dos veces. Pero mi conciencia no me permite guardar 
silencio por más tiempo. Creo que seguir guardando silencio sería una completa traición a 
mis principios. Y, por lo demás, ya que algunos de esos mismos camaradas que se encuentran 
completamente dedicados al movimiento por el sufragio universal tuvieron la amabilidad de 
sugerirme que escribiera esta "confesión", he decidido llevarla al papel en la firme 
esperanza que los camaradas critiquen y comenten lo acá escrito. Espero, también, que 
todos los camaradas reconozcan la sinceridad de mi pensamiento.

Kôtoku Shûsui
(Heimin Shimbun, 5 de Febrero de 1907, p.1)


[1] Kôtoku fue apresado por ofensas contra la ley de prensa entre Febrero y Julio de 1905.
[2] Kôtoku no se encontraba en Japón sino en los EEUU, entre Noviembre de 1905 y Junio de 
1906.
[3] Sakai Toshihiko, periodista socialista co-editor del Heimin Shimbun.
[4] Hikari (Luz), periódico socialista que apareció del 20 de Noviembre de 1905 al 15 de 
Diciembre de 1906. Inicialmente, fue publicado dos veces por mes, después tres veces por 
mes. Kôtoku fue un colaborador irregular.
[5] Este artículo, "Mi Cambio de Parecer" apareció en el diario Heimin Shimbun el que se 
publicó del 15 de Enero de 1907 al 14 de Abril de 1907. Las palabras de Kôtoku "a falta de 
un órgano adecuado" se refieren a la situación anterior a la aparición del Heimin Shimbun, 
cuando no existía un único órgano reconocido por todas las facciones del movimiento 
socialista japonés.
[6] Kôtoku se encontraba, en esos momentos, semi-inválido y sufriendo de una tuberculosis 
intestinal crónica.
[7] El "Trabajo Asalariado" se refire al capítulo 13 de "La Conquista del Pan" de 
Kropotkin, llamado "El asalariamiento colectivista". Este capítulo había sido 
ocasionalmente publicado como un folleto independiente bajo el título "El Trabajo 
Asalariado". Kropotkin dice textualmente: "Elaborado por la burguesía para hacer frente a 
la realeza y consagrar y acrecentar al mismo tiempo su dominio sobre los trabajadores, el 
sistema parlamentario es la forma por excelencia del régimen burgués... Con el régimen 
parlamentario, la burguesía ha tratado simplemente de oponer un dique a la realeza, sin 
dar libertad al pueblo" (Pedro Kropotkine, La Conquista del Pan, Ed. Sempere, 1909, p.167-168)
[8] Se refiere a la elección general británica de 1906.
[9] El Jiyûtô nació en 1881, realizándose su conferencia inaugural el 18 de Octubre de ese 
mismo año. Por algún tiempo, fue la principal fuerza del Jiyû Minken Undô (Movimiento por 
la Libertad y los Derechos del Pueblo), movimiento policlasista opuesto a las medidas de 
modernización autoritarias impuestas por el Estado japonés en la Era Meiji, durante las 
últimas décadas del siglo XIX.
[10] Por "individualistas" Kôtoku al parecer se refiere a los liberales. John Burns se 
unió al gobierno liberal de Inglaterra en 1906 como Presidente del Panel de Gobierno Local.
[11] "Manchuria" es una alusión obvia a la Guerra Ruso-Japonesa de 1904-5.
[12] August Bebel, líder del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) desde su creación en 
1869 hasta su muerte en 1913.
[13] Referencia al famoso libro de Kropotkin del mismo nombre.

Oficinas en las que se publicaba el Heimin Shimbun (aprox. 1905)

http://www.anarkismo.net/article/28778


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