(ca) Anarquistas europeos sobre la lucha kurda - DE ALEMANIA A BAKUR 21 NOVIEMBRE, 2015 ACRACIAOAM DEJAR UN COMENTARIO

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Thu Nov 26 09:51:19 CET 2015


A partir de la exitosa defensa de Kobanê contra el Estado Islámico de hace un año, el 
movimiento kurdo de resistencia ha atraído la atención de los medios internacionales de 
comunicación. Mientras tanto, sus experimentos de formación de una sociedad sin estado en 
los cantones autónomos de Rojava tienen fascinados a los anarquistas alrededor del mundo. 
Pero para entender la resistencia kurda en Rojava (Kurdistán occidental), tenemos que 
buscar una visión más amplia sobre las luchas por la libertad y la autonomía que se 
suceden en la región. ---- Entrevistamos a dos miembros de una red de anarquistas 
internacionalistas de Alemania que han pasado un tiempo en Bakur (norte de Kurdistán), 
aprendiendo de las luchas que allí tienen lugar. Comenzando por un repaso histórico de la 
aparición del movimiento kurdo y del “nuevo paradigma” del PKK de la última década, 
describen cómo sus experiencias en el Kurdistán les han hecho replantearse su manera de 
entender la lucha anarquista en otras partes del mundo.

Anarquistas europeos sobre la lucha kurda

En nuestro artículo “Understanding the Kurdish Resistance” y los episodios 36 y 39 del 
programa de radio Ex-Worker nuestro interés por la lucha kurda por la libertad y la 
autonomía se centró en Rojava (Kurdistán occidental). Pero en otras partes del Kurdistán 
también se están llevando a cabo luchas importantes, algunas de los cuales no han recibido 
tanta atención. ¿Podríais contextualizar históricamente el surgimiento del movimiento 
kurdo, y describir las luchas que se desarrollan hoy en Bakur (norte de Kurdistán)?

Bueno, la historia comienza con gente sentada alrededor de una fogata en la alta 
Mesopotamia mucho, mucho tiempo atrás. Hace unos 4.300 años, una nueva estructura social 
comenzó a evolucionar en el Medio Oriente, una forma de organización social muy agresiva 
que atacó a las viejas estructuras comunitarias: el estado sacerdotal sumerio. El proceso 
histórico que llevó a la revolución en el Kurdistán sirio no puede entenderse sin tener en 
cuenta la larga tradición de resistencia y levantamientos en las regiones kurdas asentadas 
en las cadenas montañosas de Zagros y Tauros. Esa zona fue objetivo, probablemente por 
primera vez, de los intentos colonizadores del sistema estatal naciente, cuyas raíces se 
asientan en la baja Mesopotamia, el actual norte de Irak, y que también es el predecesor 
del sistema estatal occidental de hoy en día.

Hoy el PKK y el movimiento kurdo se consideran parte de esta larga tradición de 
resistencia antigubernamental, contándose a sí mismos como el vigésimo noveno 
levantamiento kurdo de la historia. Las regiones kurdas siempre están situadas en la 
fronteras de imperios fuertes y se han enfrentado a ataques prácticamente por parte de 
cada una de las estructuras imperiales que han surgido en la región desde hace unos 
cuantos miles de años. Debido al terreno montañoso y la organización social 
descentralizada de los kurdos en confederaciones de aldeas, estas regiones nunca fueron 
totalmente conquistadas y asimiladas. Como resultado, durante miles de años se han 
enfrentado a los esfuerzos de las potencias extranjeras por adentrarse en su territorio y 
cooptar a las élites feudales kurdas a fin de asegurar la obediencia y evitar (o al menos 
aislar) la rebelión.

Si avanzamos hasta el siglo XX, podemos observar cómo estas dinámicas se siguen 
reproduciendo de igual forma que cuando emergía el sistema de estado nación. El Estado 
turco fue fundado en 1923 tras la caída del Imperio Otomano, que había gobernado sobre los 
territorios kurdos en el este, pero les había otorgado autonomía cultural e incluso 
política. Durante la I Guerra Mundial, los otomanos se aliaron con las potencias 
centrales, forjando particulares vínculos políticos e ideológicos con Alemania que se han 
mantenido hasta nuestros días. Tras la derrota de las potencias centrales y el colapso del 
Imperio Otomano, los grupos nacionalistas turcos lucharon por un estado propio. Desde su 
fundación, la ideología del nuevo Estado era ultranacionalista. Proclamaron Turquía un 
estado para la población turca, y definieron a todas las personas que viven dentro de sus 
fronteras como parte de la gran nación turca, vinculando su estado a la idea de 
superioridad étnica. Como resultado, las personas que reivindicaban una identidad étnica o 
nacional diferente, ya fueran asirios, armenios, kurdos, u otros, fueron tratados como 
traidores y terroristas separatistas. Hasta la década de 1990, las lengua kurda y otras 
lenguas no turcas estaban oficialmente prohibidas en Turquía —no sólo como lenguas 
oficiales, sino incluso para el uso privado.

Desfile de soldados turcos

Hablamos sobre historia porque es importante entender la dureza de las condiciones en las 
que fue fundado el Partiya Karkeren Kurdistán (PKK), el Partido de los Trabajadores del 
Kurdistán. El movimiento kurdo contemporáneo surgió durante la revuelta juvenil de 1968 de 
Turquía, cuando creció la agitación revolucionaria entre organizaciones socialistas, 
estudiantes radicales, trabajadores y campesinos. En la década de 1970, un grupo de amigos 
kurdos y turcos alrededor de Abdullah Öcalan, Kemal Pir, Haki Karer y otros, se reunieron 
en Ankara y comenzaron a discutir la cuestión kurda desde una perspectiva revolucionaria. 
Una de sus ideas centrales fue que el Kurdistán era una colonia interna, y necesitaba ser 
liberada de la opresión colonial para establecer una utopía socialista. Así fue que el PKK 
fue fundado en 1978, y se comenzó a organizar de acuerdo a los principios de la clásica 
teoría marxista-leninista. Bajo “el viejo paradigma”, como lo llaman hoy en día, el PKK se 
propuso organizar una vanguardia política y comenzar una guerra revolucionaria para 
liberar los territorios kurdos y establecer un estado kurdo, que sería utilizado para 
implantar el socialismo.

En el extremadamente opresivo clima de la Turquía de la década de 1970, muchos estaban 
desesperados por luchar por otra vida, y la estrategia y la convicción del PKK se 
extendieron rápidamente. En 1984, comenzó una lucha de guerrillas que se convirtió en una 
brutal guerra civil. El movimiento guerrillero atrajo un apoyo social considerable, y en 
muchas regiones no podía distinguirse de la población en general. En respuesta, el 
ejército turco, la policía militar y los servicios secretos realizaron campañas de 
represalia para derrotar a los rebeldes e intimidar a la población. Bajo los auspicios de 
“Gladio”, el programa anticomunista patrocinado por la OTAN, destruyeron unas 4.000 aldeas 
y mataron a más de 40.000 personas.

Una aldea kurda en Bakur

A raíz de este derramamiento de sangre, el movimiento de liberación kurdo inició a 
principios de 1990 un proceso de reflexión y autocrítica. Además de enfrentarse a un 
estado brutal y a la represión paramilitar, el movimiento guerrillero estaba sacudido por 
problemas internos: algunos líderes del PKK actuaban como caudillos feudales, según la 
lógica militarista del ‘sangre por sangre’. Había quedado claro que una lucha meramente 
militar no resolvería nada. El viejo paradigma había llevado a una guerra y una hostilidad 
implacables, y tampoco permitía abordar los problemas sociales dentro de los territorios 
kurdos, ni tampoco defenderlos eficazmente de las amenazas externas. El PKK puso fin a la 
guerra civil en 1993, declarando un alto el fuego unilateral, para crear un espacio en el 
que el movimiento pudiera formular un paradigma diferente para la transformación social. 
El movimiento kurdo enfrentó muchos reveses y desafíos durante este proceso de reflexión 
—debido a los repetidos esfuerzos del Estado turco para provocar nuevos brotes de guerra 
civil, el secuestro y encarcelamiento del presidente del PKK, Abdullah Öcalan, y el 
ascenso de partidos al viejo estilo feudal kurdo, como el clan Barzani en el norte de 
Irak. Sin embargo, a pesar de estos desafíos, entre 1993 y 2005, el movimiento kurdo 
desarrolló lo que ahora llaman “el nuevo paradigma”, que cambiaría profundamente los 
objetivos y estrategias del movimiento kurdo.

Uno de los impulsos más importantes en este proceso interno de transformación provino del 
movimiento de mujeres kurdas. Miles de mujeres se habían unido a las fuerzas de la 
guerrilla durante la guerra civil. A menudo, se encontraron en conflicto con anticuados 
comandantes que intentaban que se mantuvieran en los roles tradicionales de género y no 
las trataban igual que a los hombres. En respuesta, se establecieron grupos guerrilleros 
femeninos completamente autónomos, lo que fue todo un acto revolucionario en su contexto 
cultural. Ellas reclamaron para sí el derecho a entrar en combate y se organizaron por su 
cuenta, como parte del movimiento pero tomando sus propias decisiones de manera autónoma. 
Según nos han dicho nuestros amigos, también su manera de luchar era distinta: en las 
unidades masculinas o mixtas, persistieron los comportamientos competitivos, herencia de 
una sociedad jerárquica transmitida de generación en generación que continúa siendo un 
problema en la actualidad. Las dinámicas entre las mujeres combatientes eran menos 
competitivas; encontramos evidencia de esto en el número de combatientes caídos. La 
mayoría de las muertes tuvieron lugar al regresar de una acción, momentos en que eran 
bastante comunes entre los combatientes masculinos las actitudes de arrogancia y orgullo 
por la victoria. Por el contrario, las unidades de mujeres estaban en guardia a más largo 
plazo, y sus combatientes resultaron ser menos vulnerables a este exceso de confianza 
potencialmente fatal.

Combatientes kurdas

Además de las unidades militares autónomas, las mujeres kurdas también formaron comités 
sociales y políticos para discutir el problema de la opresión patriarcal. Hoy en día, el 
organismo más importante del movimiento de mujeres es el Komalen Jinen Kurdistán (KJK), la 
Confederación de Mujeres del Kurdistán, que es parte de la KCK, la confederación general, 
pero que toma sus decisiones autónomamente. Además, el movimiento de mujeres tiene 
capacidad de veto sobre las decisiones tomadas por los grupos de hombres o por las 
asambleas generales. Bajo su influencia, el movimiento kurdo ha desafiado desde hace mucho 
tiempo los patrones patriarcales y jerárquicos en sus modelos de organización.
El proceso de cambio hacia un nuevo paradigma también fue impulsado por un ala ideológica 
dentro del PKK en torno a su presidente, Abdullah Öcalan, quien formuló la idea de 
confederalismo democrático tras la realización de un análisis histórico profundo del 
sistema jerárquico de Oriente Medio y otras partes del mundo. Hizo hincapié en que los 
problemas del poder, opresión y violencia surgieron del propio desarrollo histórico de la 
civilización, empezando por los antiguos estados sacerdotales sumerios, que plantearon el 
desafío inicial a las formas más igualitarias y con frecuencia matricéntricas de 
organización social que les habían precedido.

Los problemas de opresión, guerra y búsqueda del poder están vinculados a la 
institucionalización de las relaciones patriarcales en las estructuras del Estado y el 
sacerdocio. El sistema capitalista, el Estado-nación, y el industrialismo son conceptos 
que se desarrollaron a partir de estos modelos de pensamiento jerárquicos y dominados por 
los hombres. Öcalan también se basó en las ideas del anarquista estadounidense Murray 
Bookchin en su análisis del potencial utópico del confederalismo democrático, y destacó la 
importancia de adoptar un nuevo paradigma ecológico, democrático y de liberación de 
género. La idea central de su concepción del ‘nuevo paradigma’ del PKK era el comunalismo; 
que cada parte de la sociedad debe organizarse por sí misma y unirse en una confederación 
comunitaria descentralizada.

Con este nuevo paradigma como inspiración, fue fundada en el año 2005 la Komalen Ciwaken 
Kurdistán (KCK), la Confederación de Sociedades del Kurdistán. Es en esencia un sistema de 
consejos de barrios, pueblos y ciudades que actúa como un potente contrapoder civil 
desarrollando la autonomía frente al estado-nación y la economía capitalista. El KCK 
convoca la asamblea general de la red de consejos del Kurdistán, que incluye delegaciones 
de todas las regiones kurdas participantes. Eligen un órgano ejecutivo con el mandato de 
trabajar en temas de importancia para todas las regiones, como la representación 
diplomática a nivel global, las propuestas ideológicas y estratégicas y las cuestiones de 
defensa. También administran las Fuerzas de Defensa del Pueblo (HPG), de las que forman 
parte los brazos armados de todas las partes del movimiento. Durante la última década, a 
pesar de las duras condiciones de represión y de guerra, el movimiento en el norte de 
Kurdistán ha creado estructuras para una sociedad democrática, ecológica, y de liberación 
de género.

Al igual que el KCK abarca las estructuras de la autonomía democrática en todo el 
Kurdistán, el Demokratik Toplum Kongresi (DTK), el Congreso de la Sociedad Democrática, 
comprende el sistema de consejos en la región de Bakur —el norte de Kurdistán, que está 
dentro de las fronteras de la nación-estado turca. La estructura federada del DTK comienza 
a nivel de aldea o barrio urbano y pasa por el distrito, la ciudad, y en última instancia 
la región de Bakur. En el nivel más alto de la federación, la asamblea del DTK incluye 
delegados revocables de más de medio millar de organizaciones de la sociedad civil, los 
sindicatos y los partidos políticos. Tiene una cuota de género del cuarenta por ciento y 
puestos reservados para las minorías religiosas en las asambleas y un sistema de 
presidencia compartida con un puesto reservado para un hombre y el otro para una mujer. Al 
estilo clásico de los movimientos de base, los participantes tratan de resolver sus 
problemas locales a nivel local, y sólo si no pueden encontrar una solución la buscan en 
el siguiente nivel. La gente no kurda, incluidos los miembros de las comunidades de 
Azerbaiyán y los arameos, participa en alguna de las asambleas.

Además, los jóvenes se están organizando tanto dentro de estas estructuras como 
paralelamente a las mismas bajo el lema “el capitalismo es un hombre viejo —somos un 
movimiento formado por las fuerzas unidas de las mujeres y la juventud”. Este sentimiento 
hace hincapié en la importancia de la juventud y la organización de las mujeres para poder 
superar el arraigado legado jerárquico presente en la sociedad kurda, pero también refleja 
la idea de que la juventud no es en realidad una cuestión de edad, sino más bien una 
mentalidad similar a la del lema zapatista “caminando preguntando,” que invita a avanzar 
sin dejar de cuestionarse las cosas.
Esta estructura federal de asambleas y organizaciones civiles se estableció para resolver 
problemas comunes y apoyar la auto-organización de la población a través de procesos 
democráticos de abajo a arriba. Por lo tanto, en lugar de ser definido únicamente en 
términos de origen étnico o territorio, el concepto de autonomía democrática propone 
estructuras locales y regionales a través de las cuales las diferencias culturales pueden 
ser libremente expresadas.

Como resultado, por todo el norte de Kurdistán, hay una colorida variedad de 
organizaciones educativas, culturales y sociales y de experimentos que desarrollan la 
economía cooperativa. Vale la pena destacar los comités de mediación, cuyo objetivo es 
encontrar un consenso entre las partes en conflicto y, por tanto, un acuerdo a largo 
plazo, en lugar de posponer el problema a través del castigo. Esto a menudo da lugar a 
muchas largas discusiones, pero muestra una concepción colectiva de responsabilidad en la 
que el acusado no debe ser excluido mediante detención o sanciones, sino que debe ser 
consciente de la injusticia y el daño que su comportamiento ha causado. Esto ha hecho 
innecesarios en la práctica los tribunales estatales en muchos bastiones del movimiento de 
liberación kurdo. Junto a estos comités de mediación y otros consejos, se pueden encontrar 
centros sociales para los jóvenes y para las mujeres en todos los niveles de la sociedad, 
con actividades que van desde cursos de lengua kurda y seminarios políticos a grupos de 
música y teatro.

Este es el contexto en el que debemos entender el éxito de la revolución en curso en 
Rojava. El movimiento kurdo puede mirar hacia atrás a cuarenta años de lucha radical, con 
sus fracasos, reflexiones y avances. A pesar de que la formación de la autonomía 
democrática en el norte de Kurdistán es mucho más caótica, de que crece enmarañada con las 
viejas estructuras del Estado, y de que está atrapada en una guerra social y ecológica más 
que en una militar, es ampliamente comparable con los procesos que se están produciendo en 
Rojava.

Policía turca bloqueando el paso a sirios kurdos que intentan huir de ISIS

Una pregunta que los anarquistas se han hecho acerca de esta lucha es cuánto del reciente 
rumbo antiautoritario de la lucha —incluyendo las estructuras de confederalismo 
democrático, los principios de la liberación de la mujer, y así sucesivamente— vienen de 
arriba a abajo, de Abdullah Öcalan y los dirigentes del PKK. ¡Si una revolución 
antiautoritaria estuviera siendo dirigida desde arriba se vería como una contradicción! 
¿Cuál es vuestro punto de vista sobre la relación entre la ideología de los líderes de 
estas organizaciones y la transformación de las relaciones sociales y las estructuras en 
el Kurdistán?

Es un debate pesado, en el que hemos discutido mucho, y que, al menos en Alemania, está 
vinculada a un cierto temor derivado de las malas experiencias con otras luchas 
revolucionarias. Por supuesto, la cuestión del liderazgo e iniciativa es de las más 
difíciles cuando hablamos de autoorganización, y también es algo difícil para el 
movimiento kurdo. Las verdaderas preguntas son: ¿cómo puede haber un cambio revolucionario 
radical en la sociedad?, ¿quién evalúa las necesidades? y ¿quién toma las decisiones sobre 
la dirección del movimiento? La respuesta tiene que ser: todo el mundo, todas las cosas, 
siempre. Tal vez la evolución del movimiento kurdo y el PKK puede ofrecer un ejemplo útil, 
que todavía tiene que ser comprendido plenamente en el mundo occidental. Öcalan y el PKK 
no están simplemente actuando según un patrón ideológico fijo o un sistema dogmático, como 
el único y verdadero camino del marxismo-leninismo reivindicado por los antiguos estados 
socialistas. Tal vez estamos siendo engañados por la estética del socialismo 
revolucionario —líder barbudo y sombrío y abnegado guerrillero—, y no miramos más allá de 
la imagen y nos hacemos otras preguntas.

Lo que estamos presenciando hoy en día en Kurdistán, tanto en Rojava como en el norte, es 
un nuevo método por el cual toda la sociedad está concienciándose. Si entendemos que la 
persistencia del Estado y la opresión patriarcal es debida a que la gente no es consciente 
de las posibilidades de resistencia, comprenderemos la importancia de la activación de la 
conciencia en la sociedad. En todas las partes del Kurdistán donde se organiza el 
movimiento de liberación, nos encontramos con comités creando lo que ellos llaman 
academias. Una academia puede adoptar muchas formas diferentes, pero podemos comprenderla 
más fácilmente como un espacio colectivo para la formación de una conciencia común. 
Algunas pueden ser tan simples como un grupo de discusión que se reúne una vez a la 
semana, pero también las hay más intensas, en las que todos los activistas participan (y, 
en los últimos años, a las que puede unirse cualquier miembro de la sociedad que así lo 
desee).

Las academias siempre están vinculados a otras organizaciones sociales; los grupos de 
jóvenes y el movimiento de mujeres tienen las suyas propias, mientras que otros grupos 
organizan academias generales para todo el mundo. En cada una de ellas se hace hincapié en 
el auto-empoderamiento, y en estas instituciones las propuestas de Öcalan y el PKK son 
discutidas y criticadas intensamente. Esos líderes no son los únicos que ofrecen 
propuestas: cada institución, cada comité, y cada individuo pueden difundir sus propias ideas.

Esta práctica se desarrolló a partir de las clases de formación política del antiguo PKK, 
donde era obligatorio para todos los combatientes y militantes de la guerrilla recibir 
formación tanto militar como ideológica. Al surgir el nuevo paradigma, quedó claro que el 
objetivo no era simplemente crear una vanguardia filosófica bien educada como en el 
antiguo sistema de cuadros leninista, sino liberar la conciencia de, literalmente, cada 
persona que participa en el proceso de creación de la nueva sociedad. Quienes quieren 
autoorganizarse tienen que reflexionar sobre su relación con el mundo, lo que significa 
profundizar en la exploración filosófica propia.

Un práctica frecuente en estas academias es lo que podríamos llamar análisis asociativo. 
Cuando se habla de un tema determinado, todo el mundo expresa sus asociación con el mismo, 
y a través de ese proceso, de cada persona compartiendo sus impresiones y experiencias 
mientras que el resto escucha atentamente y trata de entenderla, se puede formar un 
consenso. A nivel teórico, este enfoque niega la “objetividad”, y pone en su lugar 
múltiples subjetividades. Cuando identificas tu propia postura frente a cierto argumento, 
incluyendo tanto tu voluntad de actuar como tus propios temores, entonces se pone de 
manifiesto lo que es estratégicamente necesario.

A día de hoy, el papel y la postura de los militantes del PKK y el PAJK (el Partido de las 
Mujeres Libres) ha cambiado en comparación con los años 1980 y 90. La imagen de sí mismos 
ha crecido aproximándose a lo que podríamos entender como una personalidad de militante 
anarquista: alguien en lucha por la autonomía y el apoyo mutuo. Bajo el viejo paradigma, 
el militante tenía que ser desinteresado y abnegado. Aunque este concepto no ha 
desaparecido totalmente, está cambiando, ya que las discusiones en el movimiento rechazan 
dicotomías y apoyan la lucha tanto en los procesos individuales de auto-transformación, 
como por la fuerza y belleza colectivas. A medida que su concepción del papel de los 
militantes ha cambiado, han rechazado la anticuada idea de convertirse en una vanguardia. 
En su lugar, se trata de vivir de forma ascética, laica y bien organizada, basada en la 
idea de que luchar por nuestros amigos y por la revolución es la mejor manera en la que 
una vida puede ser vivida.

¿Qué lecciones aplicables a las luchas radicales en Alemania y otras partes has aprendido 
de tu tiempo de permanencia en el Kurdistán?

En primer lugar, mi compromiso con el movimiento de liberación kurdo, como lucha histórica 
y sociedad en rebelión, en realidad ha hecho posible que crea de nuevo no sólo que este 
mundo es absolutamente inaceptable, sino en la posibilidad de luchar por otro distinto. Yo 
llamaría a esto reivindicar el poder de la imaginación, lo que ha desatado una enorme 
sensación de motivación y también una cierta gravedad en muchos de nuestros amigos. Es 
abrumador ver la enorme conciencia colectiva en la sociedad kurda.

Pensando en la vida metropolitana occidental, parece muy obvio cómo el patriarcado y el 
capitalismo se han extendido en cada ámbito de nuestras vidas. Creo que hemos hecho 
enormes avances en la comprensión de nuestra propia historia y sociedad a través de 
discusiones con nuestros amigos del movimiento juvenil kurdo. En particular, su enfoque en 
la filosofía y la autopercepción ha dejado claro lo mucho que, como anarquistas o 
izquierdistas radicales, estamos obstaculizados por el moralismo. Hemos aprendido a basar 
nuestras acciones, más que en nuestros propios lazos éticos y de amistad, en estas 
nociones de bueno/malo, correcto/incorrecto, y culpa/lástima, que nos han sido inculcadas 
a través de la religión y la teoría del mundo académico. Para iniciar nuestro propio 
proceso de liberación y vencer a nuestra propia mentalidad, tenemos que superar la 
personalidad burguesa liberal y el comportamiento capitalista.

En contraste con esto, en Alemania y en el occidente en general, nos enfrentamos con la 
interiorización del individualismo y el liberalismo, no sólo en la sociedad en general, 
sino también dentro de nuestra “escena” política —escena con una tendencia general hacia 
estilos de vida nihilistas y hacia la política identitaria. Según he observado, la mayoría 
de los militantes en nuestra escena, así como la mayoría de la juventud liberal, dan una 
prioridad absoluta a la “libertad” del individuo; básicamente siguen sus impulsos e 
inclinaciones allá donde les lleven en un entorno donde todo esta permitido. Al mismo 
tiempo hay una sensación de sujeción y, por tanto, una aceptación de un ambiente 
predeterminado inmutable. Esto a menudo conduce por un lado a una pesimista sensación de 
parálisis, desesperanza y depresión, y por otro lado a, con el sentimiento de culpa como 
combustible, el atrincheramiento en identidades que se derivan de las estructuras de poder 
que se critican (blanco, de clase media, con privilegios) y la inmersión en las diversas 
formas de escenas de estilos de vida comercializados (punk, hardcoreta, izquierdista 
radical, “anarquista”)... todo lo cual surge del y conduce al individualismo omnipresente. 
Creo que podría ser interesante analizar el impacto de las rebeliones juveniles de 1968, 
porque le dio una gran unidad a este desarrollo. Estamos enfrentados a las masas de gente 
que nos rodea, despotricando de esta sociedad inconsciente, de los políticos, de los 
policías, o de los fascistas como si fueran el coco. En cambio, la mayoría de nosotros 
sigue viviendo el mito liberal de éxito económico y posterior jubilación, evadiéndonos en 
los estudios, el trabajo, el ocio, el activismo político de autoconsumo, las vacaciones, 
las fiestas, las drogas, el consumo —¡suicidio!

Sólo hay una delgada línea entre el actual concepto occidental de anarquismo y el 
liberalismo. Aunque anarquistas clásicos como Emma Goldman reconocieron la importancia de 
la libertad positiva, “libertad para”, el liberalismo se centra en la libertad negativa, o 
“libertad de”, la idea de que la gente es libre en la medida en que no se ven limitados 
por leyes y reglamentos. Esta comprensión de la libertad se adapta fácilmente a la ética 
del individualismo, la propiedad privada y el capitalismo, negando por completo la 
relación dialéctica entre el individuo y la sociedad y el hecho de que los seres humanos 
siempre han vivido en comunidades como individuos sociales, unidos entre sí a través de 
normas y valores comunes. Creemos que los valores humanos son determinados socialmente, y 
que las normas y los reglamentos sociales para defenderlos no representan una restricción 
de cierta libertad preexistente, sino que forman parte de las condiciones de una vida 
libre, que debe incluir la libertad individual y colectiva.

Como contraejemplo a la “libertad” liberal del anarquismo occidental y otras corrientes de 
la izquierda radical, vale la pena mencionar que el movimiento juvenil kurdo está luchando 
muy estrictamente contra el tráfico de drogas y la drogadicción, debido a que el Estado 
turco claramente está tratando de destruir el movimiento no sólo con gas lacrimógeno y 
arrestos, sino con todos los medios disponibles de la moderna contrainsurgencia, 
incluyendo el apoyo al tráfico de drogas y la prostitución. Creemos que debe haber una 
reflexión colectiva sobre cómo el consumismo, el individualismo, y otras formas de 
liberalismo funcionan como contrainsurgencia y cuánto las hemos interiorizado en nuestra 
mentalidad y conducta. Necesitamos organizar la autodefensa contra los ataques de estas 
ideologías capitalistas que nos reducen a consumidores y emprendedores/trabajadores por 
cuenta propia.

En contraste con estas ilusiones liberales, nuestras experiencias con compañeros del 
movimiento kurdo nos han proporcionado perspectiva sobre la importancia de resolver esta 
polarización occidental entre individuo y sociedad, centrándonos en los valores y la ética 
colectiva más que en puntos de vista políticos e identitarios. Inspirado por el ejemplo 
del movimiento kurdo, creo que hay que estudiar y recuperar nuestra historia como parte 
del proceso de desarrollo de la autoconciencia que necesitamos para resolver el dilema 
occidental al que nos enfrentamos. A través de la crítica a la civilización y el análisis 
de nuestro patrimonio comunal y democrático, podemos desarrollar la conciencia histórica y 
la confianza en lo que estamos haciendo. Abdullah Öcalan intentó, en sus escritos de 
prisión, profundizar en los antecedentes históricos de la lucha kurda, a fin de tener la 
oportunidad de compararla con anteriores experiencias revolucionarias. Hoy en día muchos 
en el PKK se inspiran en la historia para reflexionar críticamente sobre su ideología y 
estrategias, insertándola en el proceso de cuestionamiento propio y creación de su propia 
filosofía de liberación —una mitología revolucionaria, tal vez.

Y al mismo tiempo, esto no significa dejarse atrapar por la nostalgia. En su lugar, tomar 
la inspiración de la fuerza renovadora de la juventud, de avanzar continuamente mientras 
se cuestionan las cosas. No tener miedo de la propia evolución, estar abierto a las 
críticas y aprender de los errores propios y ajenos. Dejar que el proceso de cambio 
revolucionario comience en uno mismo. Tal vez eso es algo que merece la pena que recuerden 
los anarquistas europeos: el proceso revolucionario no es algo que ocurre fuera de la 
persona; tiene que ir acompañado del propio progreso hacia la libertad, porque te 
conviertes en una parte simbiótica de una sociedad libre. Creo que cada militante 
anarquista debe aceptar su responsabilidad histórica y la posibilidad de unir nuestro 
poder y voluntad colectivos para construir y defender una sociedad basada en la 
creatividad, la diversidad y la autonomía. Pero esto significa que tenemos que vivir de la 
manera en que pensamos y hablamos. Así que vamos a llevar nuestras ideas liberales al 
basurero de la historia. ¡Sólo entonces seremos capaces de pasar de un acuerdo teórico 
común a ser capaces de “cambiarlo todo”, como dices!

Kurdos en Turquía protestas en solidaridad con la lucha en Kobanê

La conexión entre anarquistas o izquierdistas radicales y el movimiento de liberación 
kurdo parece ser fuerte en Alemania, con muchos anarquistas activos en las iniciativas 
solidarias e inspirándose fuertemente en Rojava y otros lugares del Kurdistán. ¿Puedes 
hablar sobre la historia de estos lazos de solidaridad? ¿Cuáles son algunas de las formas 
concretas que ha tomado la solidaridad?

Al principio, los grupos solidarios surgieron en Alemania del movimiento okupa. Desde la 
década de 1990 también hubo compañeros alemanes que se unieron a la lucha guerrillera. 
Algunos de ellos murieron en combate, como Shehid Ronahi (Andrea Wolf). Ella tenía que 
huir, pues estaba perseguida por el estado alemán por acciones de la Fracción del Ejército 
Rojo, por lo que se unió a las filas del PKK y luchó como internacionalista. Hubo varios 
militantes alemanes que se unieron a la lucha armada kurda, y gracias a ello hay algunos 
compañeros mayores que pueden compartir sus experiencias y reflexionar sobre los errores 
que se cometieron en aquellos días. En los años 90 hubo también una gran cantidad de 
problemas entre la izquierda alemana y el movimiento kurdo, por ambas partes. Por una 
parte, el PKK siguió atrincherado en el viejo paradigma y se centró en gran medida en la 
lucha en el Kurdistán excluyendo todo lo demás, lo que hacía difícil establecer una 
verdadera relación de amistad. Por otra parte, los alemanes mantuvimos nuestros patrón 
clásico de guardar distancias, criticar sin entender, y la arrogancia propia de la 
metrópoli. Cuando Öcalan fue detenido y el movimiento luchó duramente para sobrevivir, 
esta tenue solidaridad se vino abajo.

Afortunadamente, al surgir el nuevo paradigma, comenzó un nuevo proceso de acercamiento, 
aunque durante mucho tiempo iba muy despacio, con múltiples tanteos. Nuevamente compañeros 
alemanes visitaron el Kurdistán y se pusieron en contacto con las organizaciones de la 
diáspora, mientras que otros se unieron a la lucha guerrillera. El PKK se declara 
internacionalista, y el fortalecer las relaciones internacionales es de gran valor para 
ambas partes. Siempre fue difícil organizarse con las comunidades kurdas en la diáspora, y 
honestamente, sigue siendo un gran problema en la actualidad. Aunque hay un buen montón de 
personas kurdas que viven en Europa, las conexiones entre ellas y otros radicales europeos 
no son muy fuertes. Eso tiene diferentes razones: una de ellas es el hecho de que la 
sociedad alemana es bastante racista, y una gran cantidad de comunidades de migrantes se 
organizan sólo entre su propia gente como una especie de mecanismo de autodefensa. Además, 
el nacionalismo tiende a ser más fuerte entre los kurdos en la diáspora, y la sociedad en 
la diáspora a menudo todavía está organizada según prácticas feudales. Pero en la década 
de 1990, hubo manifestaciones comunes, y en la actualidad grupos alemanes y kurdos marchan 
juntos de nuevo. Pero a nivel de autoorganización común, todavía somos débiles.

Tras el ataque a Shengal y el asedio de Kobanê el año pasado, la atención aumentó 
inmediatamente y toda la escena radical de Alemania despertó. Desde entonces, algo ha 
empezado lentamente a cambiar y más y más personas están tratando de encontrar su camino 
hasta Rojava y algunas se están uniendo a las filas del YPG/YPJ.

¿Qué sugeriríais a los anarquistas de América del Norte y otros lugares acerca de cómo 
aprender de la lucha de liberación kurda y mostrar solidaridad con la misma?

Creemos que los anarquistas deben entender la lucha de liberación kurda, como una lucha 
internacionalista. Entender a los compañeros en el Kurdistán puede ayudarnos a superar las 
ilusiones liberales que hemos estado discutiendo. Tiene que haber un reconocimiento, una 
conciencia, de la responsabilidad en el dilema del Oriente Próximo. Abrir las miras y 
tener voluntad de participar filosófica y teóricamente en la ideología del movimiento es 
importante, para que podamos expresar posibilidades en muchos idiomas y colores. Para ello 
es necesario que apoyemos la lucha en cuestiones de comunicación, lo que puede ser una de 
las varias maneras de apoyar la lucha técnicamente. Por otra parte, siempre ha habido una 
cálida invitación a ir al Kurdistán para aprender, criticar, y refinar las ideas sobre la 
organización local e internacional. Y como nuestros amigos kurdos han subrayado en 
repetidas ocasiones, es cosa de los que vivimos en la metrópoli occidental construir 
nuestros propios movimientos revolucionarios —que es la mayor ayuda que podríamos darles, 
porque abriría una oportunidad de defensa mutua. Además, por lo que hemos oído, se 
necesita ayuda práctica en varios temas: pueden ser útiles conocimientos de ingeniería, 
material médico, y todo tipo de cosas prácticas.

¿Puede decirnos algo sobre la reciente ola represiva antikurda en Turquía? ¿Cómo está 
respondiendo el movimiento kurdo a esta violencia?

En este momento nos encontramos en una situación de escalada represiva. En respuesta a la 
dura derrota electoral de su partido en las elecciones parlamentarias del 7 de junio de 
Turquía, el presidente Erdogan declaró la guerra a la población kurda y por lo tanto dio 
por terminado el proceso de paz iniciado por Öcalan en 2013. Desde la masacre en la ciudad 
fronteriza de Suruç a finales de julio, que costó la vida de 34 jóvenes radicales kurdos y 
turcos que se dirigían a Kobanê, ha habido miles de detenciones y bombardeos de 
campamentos guerrilleros del PKK tanto en Bakur (norte de Kurdistán/sureste de Turquía) 
como en Bashur (el sur de Kurdistán/norte de Irak). Mientras, durante semanas se han 
venido dando ataques al estilo pogromo contra los kurdos y otros movimientos sociales en 
el norte de Kurdistán y por toda Turquía, el conflicto militar se está intensificando, con 
muchos militantes y civiles disparados por el estado. Más recientemente, el ejército turco 
sitió la ciudad kurda de Cizre durante una semana, mientras que turcos ultranacionalistas 
atacaron a civiles kurdos y oficinas de la HDP (un partido político kurdo) por todo el 
país. Muchas tiendas kurdas fueron quemadas por los partidarios del AKP, el conservador 
Partido Justicia y Desarrollo de Erdogan, así como por miembros de organizaciones 
fascistas como los Lobos Grises, la organización juvenil del fascista Partido del 
Movimiento Nacionalista. Ataques similares contra los kurdos y otros opositores a la 
guerra han tenido lugar en Europa en los últimos días, y mientras el estado alemán guarda 
silencio sobre estos ataques de los nacionalistas turcos, militantes kurdos han sido 
criminalizados y detenidos.

Civiles kurdos asesinados por bombardeos turcos

Nacionalistas turcos atacando las oficinas del partido kurdo HDP
Frente a esta violencia, el movimiento ha desarrollado un modelo llamado ‘teoría de la 
legítima defensa’, o ‘teoría de la rosa’. Es una metáfora basada en la idea de que cada 
ser vivo tiene que defender su propia belleza en su lucha por la supervivencia. Todos los 
seres deben crear métodos de autodefensa de acuerdo a su propia manera de vivir, crecer, y 
relacionarse con los demás. Métodos en los que el objetivo no es destruir al enemigo, sino 
disuadirlo de su intención de atacar. Los guerrilleros se refieren a esto como una 
estrategia defensiva en un sentido militar, pero también trabaja a otras escalas.

En esencia, podemos entenderlo como un método de autoempoderamiento. Durante mucho tiempo, 
los guerrillas del PKK no hicieron nada, dejaban que el estado turco continuara con las 
negociaciones, porque sabían que no podían derrotarlos militarmente. Si eres lo 
suficientemente fuerte y te mantienes firme, no hay necesidad de violencia; simplemente se 
convierte en una cuestión de organización. Esta perspectiva de la autodefensa es también 
parte del nuevo paradigma.

Dado el complejo contexto geopolítico de la lucha kurda, atrapada entre varios estados y 
fuerzas armadas hostiles, ¿qué crees que se necesita para que una revolución genuinamente 
antiautoritaria se afiance y perdure en la región?

Bueno, como hemos aprendido del estudio de otras revoluciones a través de la historia: la 
única oportunidad para que una revolución perdure es que se extienda, que amplíe sus 
horizontes y supere todas las fronteras establecidas para contenerla. Como nuestros 
compañeros kurdos explican, hay dos pilares de la lucha revolucionaria. El primero y más 
importante es el proceso de construcción de la autonomía democrática; todo se reduce a la 
simple pregunta de cómo queremos vivir, de cómo organizar nuestra vida cotidiana. En este 
momento, es difícil centrarse en esa cuestión, pues toda la región está ardiendo y 
atrapada en la guerra. Es por ello que el segundo pilar es la legítima defensa por 
cualquier medio necesario. Ambos son cruciales, y debe aplicarse en diferentes niveles. 
Los levantamientos revolucionarios de la historia de Europa y en otros lugares que 
descuidaron un pilar u otro fueron inevitablemente derrotados.

Es muy importante fortalecer la posición revolucionaria en el Kurdistán, no sólo 
militarmente, sino también construyendo canales de comunicación con compañeros de todo el 
mundo. A medida que el levantamiento revolucionario en Turquía se expande y el apoyo desde 
Occidente crece, otras potencias regionales tienen menos posibilidades de atacar el 
movimiento kurdo. Por otra parte, hay que reconocer el enorme potencial que la experiencia 
de este movimiento nos ofrece para ampliar nuestra propia perspectiva. Ellos se 
organizaron con una situación que ha sido desde el principio más desesperada que la 
nuestra, y sin embargo han tenido éxito. Yo diría que en cierta manera el tener que hacer 
frente a un peligro concreto es lo que los hizo tan fuertes. Además, sería muy productivo 
para el intercambio de experiencias. En las cuestiones específicas de autoorganización, 
los métodos y herramientas de los movimientos anarquistas en Occidente son muy creativos y 
pueden ofrecer mucho apoyo.

En este momento en el Oriente Próximo, tenemos la extraña coyuntura de un relativo 
equilibrio de poder, con Rojava situada en el ojo del huracán. Está la gran visión de la 
política islamista suní, impulsada principalmente por los gobiernos de Turquía y Arabia 
Saudí. Luego están los estados chiís de Irán, Irak, y los restos del régimen de Assad en 
Siria. También existe la OTAN, de la que Turquía es miembro, aunque también defienda sus 
propios intereses. En el medio tenemos también el Estado Islámico (IS), un ejército de 
zombis que ya no puede ser controlado por nadie, a pesar de que probablemente fue creado y 
apoyado para aplastar la resistencia kurda y el régimen de Damasco. Así que en esta 
situación caótica, Rojava sigue siendo necesaria para la OTAN, por ejemplo, como única 
opción local de la que te puedes fiar que ha sido capaz de derrotar al IS. Así que, sí, 
Rojava está bastante atrapada entre todas estas potencias militares. Pero como hemos 
aprendido de muchas revoluciones, la guerra no es simplemente una cuestión de matemáticas. 
Está más ligada a una determinada manera de luchar, y una cuestión de conciencia. Debemos 
aprender de eso.

¿Puedes explicar qué quieres decir con que esta ‘forma de lucha’, o ‘tipo particular de 
conciencia en la lucha armada’ convierte a la resistencia kurda en un caso particular?

Permíteme compartir una historia que un amigo me contó una vez. Tomó parte en la guerra 
Qandil en 2011. En ese momento, había una alianza pragmática entre Turquía e Irán: ambos 
tenían un problema con el movimiento kurdo, y eran temerosos de las oportunidades 
militares que tenían las guerrillas. Qandil es el extremo sur del territorio de Mediya, 
las montañas controladas por la guerrilla en las regiones fronterizas de Irán, Irak y 
Turquía. Me habló de una ocasión en que mil quinientos pasdaran, los regimientos de 
infantería iraníes, trataron de asaltar la colina donde la guerrilla se escondía. Sólo 
había unos treinta compañeros defendiendo su montaña. Explicó que lo que el ejército iraní 
trató de usar contra ellos fue sólo sus balas, y su temor al castigo de sus mandos. 
Corrieron ciegamente hacia arriba, y fueron derrotados. No tenían ninguna convicción, 
energía, ni amistad entre ellos. Por otro lado, cuando sus compañeros defendieron su 
posición, me dijo que no sólo utilizaron sus armas. Ellos luchaban por sus pueblos 
saqueados, por sus familias divididas, por el recuerdo de sus amigos caídos y con la 
certeza de que el ejército atacante quemaría las montañas y los bosques a sus espaldas y 
destruirían la naturaleza de su tierra. Lucharon por todos aquellos demasiado débiles para 
hacerlo por sí mismos, por todos los sectores de la sociedad que había detrás de ellos y 
les apoyaban. Tal vez sea difícil de entender si no lo sientes tú mismo. Pero su energía 
fue respaldada por una larga lista de amigos, la opresión históricamente experimentada, la 
protección mutua, el amor por la vida y la confianza en sí mismos.

Incluso el combatiente que es objetivamente más débil puede mostrar una gran fuerza, si 
está luchando por su propio bien y por el de aquellos a los que pertenece su corazón, sin 
ser empujado en una dirección o a una ideología o siendo presionado para hacer algo que no 
quiere. Los que luchan por su sociedad y por las relaciones simbióticas que les han 
protegido y nutrido siempre van a derrotar a los métodos convencionales basados en la mera 
destrucción, intereses hegemónicos y estrategias basadas en la hostilidad. Me recordó las 
palabras que dijo una vez un filosófico amigo de occidente: conectar la realidad con tus 
propios deseos tiene un significado revolucionario. Si sabes realmente por lo que estás 
luchando, si ves lo esencial de la situación en la que te encuentras, puedes vincularlo 
con tu voluntad de vivir, lo que te proporcionará belleza aún más allá de la muerte. Este 
guerrillero me explicó que se ven a sí mismos como guardaespaldas, utilizando sus propias 
capacidades para proteger la vida de su sociedad. Me impresionó mucho.

Esto plantea la siguiente cuestión: ¿de dónde procede la energía revolucionaria en 
Occidente? Apenas entendemos nuestra propia situación, empujados a decisiones pragmáticas 
basadas en un complejo sistema de dependencias. Tal vez esta sea una lección que debamos 
aprender por nosotros mismos: ¿cuál es la verdad de nuestra situación común que tenemos 
que entender para comenzar? Esta es la misma razón por la que ningún otro ejército en este 
momento puede hacer retroceder a las fuerzas de IS en Siria. Al defender Kobanê, el 
YPG/YPJ basa su defensa en esta misma conciencia. Nadie podía creer que iban a liberar su 
ciudad; va más allá del racionalismo. Se trata más de fe en sí mismos y fe en su energía 
revolucionaria, que se desarrolla a partir de su deseo de vivir. Eso es lo que ha sido 
casi eliminado de uno si ha sido criado en el capitalismo occidental.

Otro amigo agregó que si realmente deseas crear una nueva sociedad basada en relaciones no 
opresivas, estás tratando de construir algo que no existe todavía. Forma parte de un nuevo 
mundo, un mundo distinto. ¿Cómo te es posible entenderlo racionalmente desde tu punto de 
vista actual? No está en los libros. Tienes que volverte loco para superar el status quo; 
necesitas ser convencido por tu fantasía y tu deseo. Ese es vuestro problema en Europa, 
concluyó: se os olvidó cómo hacerlo.



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