(ca) Pandora convergente. El Estado soberanista y sus enemigos auténticos

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Wed Nov 18 09:47:39 CET 2015


La detención de nueve jóvenes anarquistas en Barcelona y Manresa el pasado 28 de octubre, 
así como el registro de varios locales sociales y domicilios, se presentó como una segunda 
fase de la llamada "Operación Pandora", montaje policiaco-judicial iniciado en diciembre 
de 2014. Los esbirros esgrimían la misma acusación de "pertenencia a organización criminal 
con finalidad terrorista" basada en unos "indicios" igual de evanescentes y con el mismo 
resultado: la puesta en libertad de todos menos uno, retenido a causa de "la aparición de 
su alias en una acta encontrada en un ordenador confiscado durante los registros." La 
prueba, escogida para conceder una brizna de credibilidad a lo que sin duda ha sido una 
verdadera chapuza, no puede ser más ridícula. Cabe preguntarse el porqué de la misma. 
Parece como si los dirigentes de todo pelaje sintieran la cercanía del derrumbe de su 
mundo y se aprestaran a defenderlo con lo primero que les vendría a mano.

¡Lástima que sean los únicos en sentirlo! Ciertamente, aun bajo el reino autocrático del 
capital el Estado se considera vulnerable por débiles que puedan ser las protestas, y para 
cubrir sus puntos débiles de los ataques del sector de población irreductible necesita 
asegurarse la obediencia de sus súbditos más completa, cosa que le lleva a fabricar un 
enemigo interior frente al cual su inoperancia, arbitrariedad y corrupción sean 
preferibles. El Poder construye terroristas imaginarios que sueñan con atentados contra 
iglesias y cajeros automáticos con el objeto de "desestabilizar el Estado y alterar 
gravemente la paz pública" sin temor a que nadie le contradiga, ya que su palabra ocupa 
todo el espacio mediático. El discurso del orden no autoriza réplicas, por algo los medios 
son los medios del sistema; así pues, la incoherencia del montaje no parece importar a la 
dominación. La lógica nace en el diálogo social, la información veraz y el debate libre, y 
las condiciones actuales de comunicación unilateral no permiten su existencia. Las leyes 
de excepción del estilo de la Ley Mordaza remacharían el clavo de la desinformación si 
fuera necesario. En consecuencia, la Razón de Estado puede presentarse sin problemas como 
"lucha contra el terrorismo" y "defensa de la democracia".

La invención de una organización terrorista con el fin de criminalizar cualquier 
movimiento contestatario es una práctica manifiestamente trivial típica de todos los 
Estados modernos, y su patética incongruencia no revelaría sino la ineptitud de los 
estrategas del poder, especialmente los españoles, en elaborar un tinglado con visos 
mínimos de credibilidad aparente a efectos propagandísticos en favor de lo establecido. 
Sin embargo, la novedad no consiste en la falta de consistencia, sino en la autoría. En 
efecto, lejos de limitarse a acatar los mandatos de la Audiencia Nacional, el Govern de la 
Generalitat en realidad ha sido el verdadero responsable del montaje pandoril. El diseño e 
impulso de la Operación Pandora no partió de las cloacas del Estado central, sino de la 
Comissaria General d'Informació dels Mossos d'Esquadra y de la Conselleria d'Interior del 
Govern. La insostenible figura del terrorista "insurreccionista" es innegablemente obra 
del partido Convergéncia Democràtica de Catalunya, aparentemente inmerso en pleno "proceso 
de desconexión democràtica" con el Estado español.

El juez de la Audiencia Nacional no ordenó ningún registro ni detención, sino que 
simplemente autorizó a la policía catalana para realizarlos. Los Mossos fueron quienes 
aportaron listas y datos e incluso pretendieron alargar el secreto del sumario y prolongar 
la prisión preventiva de los detenidos a fin de confeccionar pruebas que les relacionaran 
con la explosión de artefactos caseros. La orden de la Audiencia no hacía más que cubrir 
un operativo preparado en el edificio Egara de Sabadell, el cuartel general de la policía 
autonómica. Mientras el partido de la inocencia, la CUP, reprochaba al presidente Mas su 
obediencia a los imperativos de la justicia estatal, su Conselleria d'Interior, la 
verdadera impulsora del operativo, efectuaba sus planes según lo previsto. Lo que una CUP 
abotargada por el sentimentalismo nacional jamás podrá entender es que "la represión de 
los movimientos populares" no es sino el primer paso de la construcción de la república 
catalana, puesto que el proceso está dirigido por un partido representante de intereses 
financieros, empresariales y comerciantes. Para garantizar "un marco económico nuevo" son 
indispensables los actos represivos, puesto que un Estado debutante ha de mostrar en 
materia de control un proceder similar o incluso más enérgico que el de los Estados 
consolidados.

Los enemigos reales de la Generalitat no son pues los partidos "españolistas", y mucho 
menos "Madrid". Los verdaderos enemigos son quienes empañan la imagen idílica de la 
sociedad catalana clamando pacífica y democráticamente por su independencia: los 
refractarios a la farsa electoral que denuncian el ensañamiento punitivo con las dos 
sindicalistas acusadas de prender fuego a una caja de cartón ante las puertas de la Bolsa 
de Barcelona; los que creen que la mencionada "desconexión" es cómplice de la prórroga de 
prisión provisional de Francisco y Mónica; los contestatarios que protestan contra la 
precariedad, los recortes, la construcción de líneas MAT y centrales eólicas, contra los 
centros de internamiento, los desahucios, la brutalidad policial y el machismo; en suma, 
los que no se sienten representados por los parlamentarios, por más nacionalistas que 
fuesen, y purgan por abolir el Estado, en Cataluña y en todas partes. Son los responsables 
directos del ridículo institucional del "Parlament" y del fiasco represivo de Can Vies, 
algo imperdonable a ojos de la oligarquía política local. El montaje Pandora no es más que 
un intento criminalizador del enemigo verdadero con la complicidad de un supuesto enemigo, 
el Estado español.

La Generalitat quiere demostrar al mismo tiempo su vocación represora de antiautoritarios 
y su voluntad negociadora con los continuadores del Tribunal de Orden Público. Ella misma 
nació de un pacto con los herederos de la Dictadura, y, por lo tanto, del TOP. El 
"empoderamiento de la ciudadanía catalana" al que se refiere la declaración inaugural de 
Convergència, Esquerra y CUP, ha de debutar con una pacificación total de la escena social 
catalana, tanto en el mundo laboral como en el territorio, siendo la caza del anarquista 
su primer capítulo. Si realmente se quiere mantener el espectáculo del enfrentamiento 
político entre "Catalunya" y el Estado central que tanto complace a la dominación y a los 
filisteos que se regodean con ella, si se pretende enmascarar la cuestión social 
revolucionaria con un circo nacionalista integrador, se han de volver invisibles todos los 
antagonismos sociales, pero los anarquistas -y otras malas hiervas- no están por la labor. 
Ese es su gran delito y por él están en el punto de mira de toda autoridad.

¡Libertad para todos los detenidos!
¡Viva Cataluña sin gobierno!

Revista Argelaga, 13 de noviembre de 2015
[https://argelaga.wordpress.com/]

http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/35224


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