(ca) Anarkismo.net: Colombia, Nuestra propuesta: El trabajo de base y la inserción social by Grupo Estudiantil Anarquista (en)

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Tue Feb 17 14:46:45 CET 2015


Para nosotras, como Grupo Estudiantil Anarquista, ha sido una preocupación constante desde 
nuestro nacimiento la construcción de un movimiento estudiantil que sepa organizarse desde 
abajo, de forma autónoma y horizontal, para trascender los espacios académicos y ser parte 
activa de los procesos de transformación social tan necesarios hoy por hoy. Para nuestra 
VI Asamblea Semestral, realizada en Enero del año en curso (2015), decidimos retomar este 
punto que tanto hemos trabajado pero que requiere de constante actualización y estudio, 
para comprender cómo avanzar hacia horizontes revolucionarios y no quedarnos en la 
palabrería que limita y paraliza. Este documento lo presentamos como resultado de nuestras 
discusiones y como herramienta para comprender la apuesta que tenemos como organización y 
como parte de un proyecto político anarquista.

La necesidad de realizar un estudio profundo del tema no es solo comprender los 
fundamentos teóricos e históricos de la inserción social y el trabajo de base, sino 
además, ubicar el debate en el contexto concreto en el que estamos inmersas: en el tiempo 
y lugar en los que militamos, entendiendo no solo las diferencias en lo macro (entre 
continentes o países, por ejemplo) sino también en lo micro, es decir, en las 
particularidades de nuestros territorios más inmediatos, como universidades o facultades. 
Partiendo de eso, presentamos una serie de pinceladas que permitan aproximarse a los 
conceptos que esboza nuestra propuesta.


El anarquismo y el movimiento social:


Para nosotras es claro que el anarquismo nace como una apuesta política de transformación 
que es hija directa de la lucha de clases que se desarrolla en el siglo XIX y se consolida 
al calor de la movilización obrera de entonces. Es en ese escenario donde aparecen 
teóricos y militantes como Proudhon, Bakunin, Kropotkin y otro sin número de compañeras 
que aportan elementos importantes a la hora de darle cuerpo a nuestra idea, entre otras, 
las sindicalistas libertarias de Estados Unidos que participaron en la revuelta de 
Haymarket en 1886 o la liberación de Baja California en 1911, en el marco de la Revolución 
Mexicana. Destacar la propuesta de Bakunin sobre la implementación de un programa 
revolucionario dentro de la I Internacional, elaborado desde la Alianza Internacional por 
la Democracia Socialista y que nos anticipa la idea de la inserción en los movimientos 
sociales amplios por parte de las socialistas libertarias, que guardan una especificidad 
como revolucionarias en organizaciones de carácter político. Poco después Malatesta lleva 
la propuesta un poco más allá y nos habla de la importancia estratégica de jugársela por 
entrar al movimiento sindical como anarquistas[1], sin diluirnos en él pero tampoco sin 
alejarnos del mismo o intentar suplantarlo.

Esta rica teoría acumulada durante décadas repercute en lo que serían las experiencias de 
mayor alcance que ha tenido el anarquismo alrededor del mundo: la revolución rusa y 
ucraniana (1917-1921), el Biennio Rosso en Italia (1919-1920), la Provincia Libre de 
Shinmin en Manchuria (China) (1929-1931), la lucha anarquista en Bulgaria (1918-1948), la 
revolución social en varios territorios de España (1936-1939) y la avanzada del anarquismo 
uruguayo para finales de los años 60 y principios de los 70. En Colombia cabe anotar la 
fuerte presencia de los anarquistas en el sindicalismo revolucionario durante gran parte 
de los años 20, siendo la más poderosa fuerza dentro de varias organizaciones obreras y 
convocando a la unidad de las trabajadoras en ciudades como Bogotá, Santa Marta, 
Barranquilla o Neiva.

Al día de hoy nos encontramos con un panorama desolador en comparación: esta presencia del 
anarquismo en términos de acción de clase se ha visto disminuida, no solo por una aparente 
derrota en varios lugares, sino por problemas intestinos. El anarquismo limitado a un 
estilo de vida o al activismo de propaganda, así como un alejamiento de las luchas 
sociales en muchos casos, ha hecho que el ideal libertario se quede reducido al ámbito 
discursivo, salvo contados casos alrededor del mundo. Es en ese marco donde varias 
organizaciones y compañeras asumen una postura política que pretende recuperar ese vector 
social que tanto nos caracterizaba en otros tiempos. Esta corriente autocrítica y 
propositiva, que históricamente ha bebido de campos como el especifismo y el anarquismo 
socialista y organizado (corrientes que se expandieron desde países como Chile, Argentina, 
Uruguay y Brasil, entre los años 70’s y 90’s del siglo pasado), desarrolla una propuesta 
estratégica que pretende superar el reflujo generalizado: la inserción social.

La apuesta por la inserción social:


Como GeA asumimos la inserción social desde nuestro nacimiento: el concepto lo entendemos 
y desarrollamos como una perspectiva de acción dentro de los movimientos sociales amplios 
(en nuestro caso concreto, el estudiantil) para desarrollar y promover practicas de acción 
y organización de carácter antiautoritario. Esta inserción dentro de los movimientos no es 
una cuestión de lanzarse y ver dónde caemos para después improvisar, es tener un plan 
mínimamente definido que sea propositivo y constructivo para el movimiento social, y de 
esa manera, que pueda “contagiarse” de prácticas libertarias. Cabe acotar que cuando 
hablamos de inserción no asumimos que la militante está predeterminadamente “afuera” del 
mundo social, sino que lo que se busca insertar no es la persona en singular sino la 
estrategia coordinada y colectiva: no es que nos insertemos de “afuera” hacia “adentro” ni 
de “arriba” a “abajo”, sino que seamos un puente por el cual una línea de acción 
anarquista pueda empezar a implementarse dentro del movimiento social. Así, aunque 
nazcamos hijas de la clase trabajadora, solo un estudio profundo de las propuestas del 
anarquismo y una proyección coordinada es garantía para que la clase trabajadora adquiera 
prácticas libertarias.

La inserción social para nosotras, que nos reconocemos como una organización 
político-social, implica un dialogo desde abajo, coordinado y no vanguardista. Estas 
prácticas libertarias de las que hablamos no se imponen ni se establecen de mala forma, lo 
que es común muchas veces dentro del movimiento estudiantil colombiano. De cierta manera, 
podemos pensar que la inserción social bebe de la propuesta del dialogo de saberes, es 
decir, del intercambio de conocimientos y experiencias de forma horizontal y dialéctica, 
pues no es solamente “anarquizar” los movimientos sociales sino también, y con igual de 
importancia, que nuestra corriente puede aprender de ellos y retroalimentarse.

La forma en la cual participamos dentro de los movimientos sociales es a partir de la 
acción directa, que es la participación sin intermediarios de los sujetos sociales en su 
entorno, es una negación de las jerarquías, la imposición y la burocracia. Esta acción, 
que para nosotras camina junto con la inserción social, no puede ser espontánea, debemos 
plantearla y desarrollarla en espacios definidos (la facultad, la universidad, el colegio, 
etc) y debe llegar a todos los niveles: el barrio, la ciudad, el campo, la región… el 
mundo. La acción directa es la participación de las involucradas en las decisiones que les 
afectan, desafiando la democracia representativa o el papel de “lideres” sociales.

Además, la relación entre inserción social y perspectiva de clase es fundamental para 
nuestro proyecto, por ello es importante entender a la militante como un sujeto que 
trabaja en pro de la lucha de las oprimidas y no una activista ajena a los problemas de 
las trabajadoras. Asumirse en una identidad de clase también aleja a la inserción social 
de las posturas asistencialistas de la política liberal o de la toma del poder, pues 
reconocemos que somos las de abajo las únicas capaces de superar las condiciones 
estructurales que nos condenan a la miseria, y entre nosotras mismas, podemos crear un 
nuevo mundo a través de la autogestión de territorios y comunidades, y no como una 
“conquista” externa que se nos ofrece, por medio de un partido-vanguardia o de un Estado.

Militancia e inserción social:


Entendemos la inserción social como una necesidad militante y colectiva, y no como 
activismo individual que no va más allá de la satisfacción individual. La inserción social 
tiene como objetivo especifico el volcamiento de las organizaciones y movimientos sociales 
hacia formas libertarias; no es un saludo a la bandera o acción incompleta para poder 
lavarnos las manos y sentir que “algo hacemos”: es una forma de alzarnos a nuestra 
libertad, en el sentido tangible del concepto.

En ese orden de ideas cabe anotar la distancia entre inserción y trabajo social. A 
diferencia de lo que apunta gran parte de la izquierda del país estos dos conceptos no son 
sinónimos sino que representan una serie de matices profundos: el trabajo social es 
participar en movimientos sociales pero sin buscar, organizadamente y de forma 
sistemática, dotarles de prácticas libertarias, dejándose arrastrar por ellos y perdiendo 
la definición nuestra. La inserción social, para nosotras, es una intencionalidad de 
transformación, de llevar el anarquismo a las prácticas reales y no dejarlo en un discurso 
abstracto y lejano, de incidir y no dejarse llevar.

Para ilustrar mejor esta diferencia no sobra decir que la inserción nos permite ver 
cambios, aunque sean pequeños, pero sustanciales para los movimientos sociales, que serán 
más profundos y eficaces en tanto nuestra proyección esté más definida. El trabajo social 
puede mostrar fuerza cuantitativa, pero se queda corto a la hora de preguntarnos qué tan 
libertario se ha vuelto el espacio donde nos encontramos. Claro, esto no niega que en un 
determinado lugar sea mucho más difícil que podamos generar cambios en el corto plazo por 
la correlación de fuerzas desfavorable, pero es vital entender estos obstáculos como 
oportunidades para desarrollar tácticas creativas que nos permitan explorar maneras 
diferentes de insertarnos para diferentes lugares y no simplemente limitarnos a estar por 
inercia.

El trabajo de base:


Desde el GeA entendemos el trabajo de base en dos sentidos interdependientes, es decir, 
que no van aislados sino que se relacionan entre uno y el otro: es un objetivo político 
que tenemos como organización, y a la vez, praxis que se traduce en lo concreto frente al 
movimiento estudiantil. Esto último no es un comentario gratuito, pues es común encontrar 
en organizaciones estudiantiles una fuerte retórica al respecto, convirtiendo el trabajo 
de base en simple bandera para izar o en estrategia de publicidad coyuntural, como por 
ejemplo, para elecciones estudiantiles. Nuestra preocupación por desarrollar trabajo de 
base es multitemporal y multiespacial: es preciso pretender por él en todo lugar y en 
cualquier momento, y que sea real y honesto es la principal preocupación de nuestra 
evaluación autocrítica de cuanto hemos avanzado al día de hoy.

Contrario a la critica que se suele hacer desde diferentes posturas verticales, el trabajo 
de base no se limita al localismo, de hecho, el reto que nos proponemos es construir de lo 
particular a lo general, de abajo a arriba. El trabajo de base nos permite problematizar a 
través del dialogo, parte de las demandas inmediatas buscando conquistarlas, pero también 
nos permite ubicarlas en un contexto estructural: por ejemplo, el trabajo de base de una 
facultad no es simplemente buscar resolver problemáticas que se tengan en dicho espacio, 
sino ubicarlas dentro de la crisis de la educación en el sistema capitalista.

Además, el trabajo de base que proponemos tiene la intención de cualificar y politizar, 
buscando que las comunidades en las que nos encontramos empiecen, a partir de las 
prácticas y vivencias propias, apropiarse del conocimiento de los problemas locales y 
estructurales, cualificar esas experiencias para que sean cada vez más profundas y que se 
puedan interconectar con otros sectores en lucha, construyendo multisectorialidad y 
solidaridad efectiva. No creemos en las bases por las bases, por eso, esta cualificación 
es parámetro fundamental para nuestra línea de acción.

El trabajo de base y la inserción social en la universidad:


Como Grupo asumimos políticamente la necesidad de la inserción social y el trabajo de base 
como apuesta revolucionaria, sin embargo, la materialización se da en la universidad para 
nuestro caso, porque es el territorio concreto en el que estamos ahora. Ello no quiere 
decir que nuestra propuesta sea ensimismar o encerrar el movimiento estudiantil dentro de 
las rejas que marcan las fronteras de la universidad, sino es precisamente que nos 
pensemos como parte de las diferentes expresiones en resistencia, en la medida en que 
nuestro movimiento se construye y define a sí mismo. Por ejemplo, una de nuestras 
preocupaciones tácticas es revisar constantemente maneras creativas de que los procesos 
gremiales en los que nos encontramos se puedan conectar con otras carreras, facultades, 
universidades y se solidarice con las luchas que dan otros actores sociales, como por 
ejemplo, trabajadoras, campesinas, mujeres, territorios, indígenas y demás.

Esta multisectorialidad no solo es una necesidad filosófica de unirnos con los sectores 
tradicionales de lucha, es además una definición estratégica. No sobra apuntar que la 
dispersión es un elemento deseado por el Estado y el capital, a quienes les conviene 
negociar luchas separadas. Los procesos de transformación de los que hablamos solo se 
desarrollaran cuando sean las mayorías explotadas quienes se lancen al ruedo por una 
revolución de mil colores. Esta unidad por fuera del marco estudiantil hay que 
desarrollarla, además, junto a compañeras antiautoritarias inmersas en otros movimientos 
sociales, que vienen militando también desde una perspectiva de clase y a través de la 
inserción social.

El trabajo de base y la inserción deben ser herramientas que nos permitan generar acciones 
concretas, por ello es importante darle sistematización a las experiencias y promover la 
evaluación y autocrítica, tanto en los espacios donde estamos inmersas como en nuestro 
proyecto político-social. Buscamos metodologías que nos permitan ubicarnos en el escenario 
puntual, analizando la correlación de fuerzas y la coyuntura, y así, mirar en qué 
contribuyen las actividades realizadas o la táctica al desarrollo de nuestro programa y la 
cualificación del movimiento estudiantil. Si carecemos de esta lectura es fácil generar 
desgaste para nuestra organización y para las compañeras con las que compartimos 
militancia en los espacios sociales de acción, o de otra forma, desaprovechamos momentos 
que nos pueden aportar mayores niveles de incidencia o nos demandan mayor militancia y 
agitación.

Lo que debemos evitar:


Para aprovechar este análisis autocrítico debemos tener en mente varios “vicios” que 
podemos evidenciar para el trabajo de base en las universidades, que no solo encontramos 
en otras expresiones organizativas sino también en nuestro campo:

Hablar en un lenguaje que no es comprensible. Es importante revisar el contexto en el que 
nos encontramos y el nivel de lectura que tienen los actores, sin necesidad de 
generalizar. Es común que muchas de nuestras compañeras no puedan colocar ciertos 
discursos nuestros en sus contextos reales e inmediatos sin una serie de discusiones previas.

Presuponer conocimientos que las demás no tienen, pero también, infantilizar el nivel de 
lectura que puedan poseer. En el primer caso se suele caer en el error de pensar que 
muchas personas nos sobreentienden y no damos explicación a detalles que puedan abstraer 
la idea que queremos trasmitir. En el segundo caso, la infantilización de los sujetos 
termina justificando el vanguardismo, que está en manos de aquellas “iluminadas” que si 
poseen conocimientos de manera exclusiva y sin posibilidad de transmisión.

Cooptación de espacios amplios. Nuestra propuesta no es crear un movimiento estudiantil 
anarquista o reemplazarlo por nuestra organización, por el contrario, sostenemos que 
nuestro papel es generar procesos lo más libertarios posibles, que recojan al grueso de 
estudiantes, organizadas y no organizadas. Esto no es solo un apunte para el sector sino 
que también aclara el objetivo de nuestra corriente: no queremos hacer la revolución 
anarquista, en el sentido excluyente de la afirmación, sino hacer la revolución lo más 
anarquista posible, pues ella es plural y debe recoger a las mayorías.

Plantear debates fuera de la realidad de las bases sociales. Este error es común dentro de 
los círculos libertarios. Es importante revisar los problemas concretos y no simplemente 
colocar nuestras líneas de acción como agenda de los movimientos (cosa repetitiva dentro 
de la izquierda colombiana), que parece abstracto para las compañeras que no hacen parte 
de nuestra organización. Esto no significa que no podamos difundir nuestro programa al 
interior del movimiento estudiantil, pero si es importante diferenciar la agitación a la 
imposición, así como los objetivos de los movimientos sociales y de las agendas 
ideológicas, que aunque pueden coincidir, no siempre son lo mismo.

Generar acciones rutinarias, sin objetivos claros y minimizando el papel de la 
autocrítica. Es común pensar que actuar por inercia es hacer trabajo de base, siguiendo 
recetarios o sin revisar periódicamente si las tácticas que estamos implementando sirven o 
no. Es importante diferenciar a su vez el papel que podemos tener desde la propaganda y 
desde la militancia: no toda actividad de la organización es trabajo de base, por ejemplo, 
cuando agitamos objetivos de nuestra agenda.

Menospreciar el ámbito académico, sin que ello quiera decir caer en el culto a la 
institución educativa. Dentro del movimiento estudiantil es común pensar que los únicos 
espacios para discutir, organizarse o movilizarse es en medio de paros o bloqueos, 
desvirtuando el espacio de las clases. En otras palabras, se suele considerar que es más 
valiosa la discusión de plaza pública que lo que se puede desarrollar en el salón de 
clases (para nosotras es importante generar una dialéctica que entienda la importancia de 
ambos espacios y los complemente, superando las debilidades que tiene cada uno). Esta 
lectura de culto a la ultra-militancia puede perder de perspectiva al sujeto estudiantil, 
que en muchos casos está en principio por la academia. Ello no quiere decir que no debamos 
problematizar el culto a la academia o la idealización del “buen estudiante”.

Mediocridad e incoherencia de los militantes. El estereotipo de activista vago y borracho 
es una crítica de varias personas a las organizaciones estudiantiles, que tristemente no 
se aleja de la realidad en muchos casos. Varias estudiantes no interiorizan la lucha que 
le plantean algunas compañeras cuando asumen una posición incongruente, que no solo se 
queda en el estereotipo mencionado sino que también llega a actos de machismo, 
discriminación de clase o autoritarismo. Una postura de coherencia (diferente al concepto 
burgués de “perfección”) tiene para nosotras una relación directa con la ética libertaria, 
que nos habla de la necesidad de articular fines y medios. Este parámetro no significa que 
como Grupo ya poseamos la coherencia necesaria, sino que la constante autoevaluación nos 
permite generar mayor dialogo con compañeras sin que nos miren como personas que viven más 
del discurso que de lo que hacen.

La propuesta cómo GeA:


Como organización asumimos que en el contexto en que nos encontramos nos demanda una 
táctica concreta para abordar la inserción social y el trabajo de base, que alimentan 
estratégicamente nuestro programa. Así, al ser un colectivo con presencia principalmente 
en las universidades públicas de la capital, es importante entender la dinámica propia de 
este tipo de escenarios en comparación con el sector privado, el secundario, las 
universidades regionales o la educación técnica y tecnológica.

Entre otras cosas, hemos definido la apuesta por la creación de Consejos Estudiantiles 
para las carreras y facultades donde estamos inmersas, promoviendo la pluralidad de 
pensamientos y la amplitud frente a cómo se entienden gremialmente. Para nosotras, estos 
consejos no deben limitarse a las tradicionales coordinadoras de organizaciones 
estudiantiles sino que deben estar abiertos a todas las estudiantes a las que pretende 
llegar, favoreciendo el poder de decisión de las asambleas amplias contra las reuniones de 
fuerzas. De igual manera, y para no caer en el aislamiento, creemos fundamental proyectar 
encuentros de estudiantes de áreas afines, con la idea de fortalecer la unidad gremial más 
allá de los espacios particulares, además, de potenciar la solidaridad efectiva con otros 
movimientos sociales con la participación en movilizaciones de manera activa, apoyando la 
creación de espacios de unidad social y articulando demandas a través de la 
multisectorialidad.

Frente a lo que apuntábamos de influir con prácticas libertarias es importante 
materializarlas en propuestas tácitas. Por ejemplo, los consejos estudiantiles y las 
asambleas nos son favorables para promover la horizontalidad en las decisiones, si bien es 
una pelea por ganar en varios lugares donde la jerarquía aún ocupa protagonismo. Una 
postura anti-burocrática también puede desarrollarse de mejor manera en un Consejo 
Estudiantil que se organice de manera abierta y amplia, donde se asuman responsabilidades 
de manera voluntaria, comprometida y rotativamente, y no en espacios que le apuesten a la 
división vertical de tareas. El federalismo libertario también nos es útil a la hora de 
proponer la manera en que carreras o facultades deben interlocutar, donde podemos explotar 
la autonomía y la libre asociación versus la democracia representativa. Las delegaciones 
rotativas y con vocería limitada a las discusiones de base también nos ayuda a combatir el 
verticalismo del movimiento, donde prima más lo que deciden los líderes de diferentes 
organizaciones y no lo que se discuten en las facultades o universidades.

Por eso nuestra apuesta es construir movimiento estudiantil fuerte y desde abajo, a partir 
de los consejos estudiantiles de carrera y facultad y la federación de los mismos, que 
logren articularse a nivel nacional y con un carácter internacionalista; el trabajo de 
base y la inserción social son nuestras herramientas para ello. El objetivo que 
pretendemos es luchar por una educación digna y gratuita, para ir creando al tiempo 
educación libertaria y popular.

¡Arriba las que luchan!
Grupo Estudiantil Anarquista- GeA
Febrero, 2015


* Utilizamos el femenino, haciendo alusión al concepto de “persona” en vez de referirnos 
en masculino, construcción histórica que simboliza el patriarcado y la generalización de 
lo masculino.

Textos que pueden ayudar a profundizar el tema y sirvieron como insumo para las nuestras 
discusiones y la elaboración del presente documento:

El trabajo de base como principio, táctica y estrategia constante, Grupo Estudiantil 
Anarquista.

Dualismo organizativo, minoría activa y la discusión entre ‘Partido’ y ‘Movimiento de 
Masas’, Extractos de una entrevista realizada a la Federação Anarquista do Rio de Janeiro 
(FARJ), realizada por Jonathan Payn (Frente Anarquista Comunista Zabalaza – ZACF, Sudáfrica).

La inserción social anarquista, Felipe Ramírez.

Cartilla de Formación: Trabajo de Base en la Universidad, Estudiantes en el Frente Popular 
Darío Santillán.

Formación de formadores y formadoras para el trabajo de base, Frente Popular Darío Santillán.

[1] Cuando en entonces no era común identificar otros movimientos sociales, por ser 
embrionarios o por un excesivo obrerismo.

Related Link:
https://grupoestudiantilanarquista.wordpress.com/2015/02/15/nuestra-propuesta-el-trabajo-de-base-y-la-insercion-social/

http://www.anarkismo.net/article/27894


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