(ca) En Atenco, “sólo podemos reparar lo roto si continuamos organizándonos”

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Tue May 8 09:54:53 CEST 2012


Plan de exterminio: arrasar la hierba, arrancar de raíz hasta la
última plantita viva, regar la tierra con sal. Después, matar la
memoria de la hierba. Para colonizar las conciencias, suprimirlas;
para suprimirlas, vaciarlas de pasado. Aniquilar todo testimonio de
que en la comarca hubo algo más que silencio, cárceles y tumbas. Está
prohibido recordar…  Eduardo Galeano -- México. En el  2002, el Frente
de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), con la solidaridad de
organizaciones y colectivos, logró detener el proyecto económico más
ambicioso del sexenio de Vicente Fox Quesada, entonces presidente de
México: la construcción del nuevo aeropuerto internacional de la
Ciudad de México en 4 mil 550 hectáreas  de tierras de cultivo
expropiadas por el gobierno federal al ejido de San Salvador Atenco,
con una indemnización de siete pesos por metro cuadrado. La lucha de
los campesinos del FPDT se convirtió en un referente de organización
y, sobre todo, de victoria; la legitimidad de su lucha, la capacidad
de organización y la solidaridad nacional e internacional fueron
elementos clave que permitieron detener no sólo al Estado y toda su
maquinaria sino además  al capital, traducido en cientos de empresas
que se frotaban las manos esperando obtener grandes ganancias a costa
del despojo de los bienes ejidales.

En 2006 surge La Otra Campaña, un movimiento nacional que aglutina a
miles de personas adherentes a la Sexta Declaración de la Selva
Lacandona del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional; en toda la
geografía del país brota como una propuesta organizativa que confronta
las campañas políticas de los candidatos y la lógica electoral,
irguiéndose desafiante y peligrosa para el poder.

Es en este contexto que el 3 y 4 de mayo de 2006 el terrorismo de
Estado se ejecutó en Texcoco y San Salvador Atenco. Mediante la
represión política, el poder decidió detener el camino de La Otra
Campaña con sangre y cárcel. Todo vino de un conflicto focalizado
entre pequeños productores de flores y hortalizas y las autoridades
municipales de Texcoco, quienes les negaban su justo derecho al
trabajo mediante la comercialización de sus productos en la vía
pública. El FPDT, solidario siempre con otras luchas, acompañaba a los
productores y fungía como su interlocutor.

El saldo represivo: Javier Cortés Santiago y Alexis Benhumea
asesinados por la policía, 207 personas torturadas y encarceladas,
cientos de allanamientos, cinco personas de otros países
-sobrevivientes de la represión- expulsadas del país, la persecución
política y judicial de los miembros del FPDT, la utilización de la
tortura sexual en contra de nosotras, las mujeres detenidas. La clase
política en su totalidad legitimó lo ocurrido de diversas maneras,
hubo aplausos  estridentes y silencios cómplices.

La represión política tiene finalidades muy concretas que se pueden
traducir expresamente en la desarticulación, mediante el horror, de
toda organización que suponga contraposición a los intereses del
Estado y el poder económico. El objetivo principal radica en
imposibilitar a  las personas para identificar las razones que
persigue la represión, con lo que se anula la capacidad de defensa y
afrontamiento.

La utilización de la tortura sexual es una herramienta de control
social tan poderosa que no solamente afecta de manera directa a las
mujeres sobrevivientes, además genera un impacto en la familia,
colectivo u organización y, por supuesto, en la sociedad. Desde que
ocurrieron los operativos en Atenco, el Estado negó que hubiese
mujeres torturadas sexualmente; frente a pruebas irrefutables, ha
insistido en que lo que ocurrido con las mujeres en los traslados al
penal de Santiaguito, en Toluca, Estado de México, se trataba de
hechos aislados cometidos por un par de policías que estaban nerviosos
y actuaron por cuenta propia, aún cuando el uso de este mecanismo
contra las mujeres se dio en los operativos en ambos días.

La premeditación, intencionalidad e impunidad nos muestran que la
utilización de esta herramienta es puesta en práctica en momentos muy
concretos, buscando someter  al “enemigo” mediante un brutal mensaje a
través del cuerpo de las mujeres. Los ejes principales de este
instrumento son generar  culpa, estigmatización y miedo.

En nuestra experiencia, el apoyo mutuo nos permitió desentrañar las
finalidades y ejes de la tortura sexual. Mientras estuvimos juntas en
el penal de Santiaguito, muchas decidimos escribir nuestros
testimonios; elegimos convertir la culpa y vergüenza en
responsabilidad y evidenciar a los perpetradores. La reivindicación de
nuestros cuerpos, rostros y nombres nos permitió romper el silencio.
Sabíamos que no bastaría con eso, pero fueron nuestros primeros pasos
en un camino tan largo y sinuoso que sólo se podría recorrer
colectivamente.

El papel de la denuncia social, tanto en 2006 como ahora, ha sido
fundamental. Mientras estuvimos aisladas, fueron trozos de papel los
vehículos de comunicación, cientos de voces fueron altavoz de nuestra
palabra, los relatos de horror cobraron un valor reparador: lo
innombrable, lo inenarrable se escuchaba en voz alta, poco a poco se
desvanecía el tabú que supone hablar de algo tan íntimo; la vergüenza
desaparecía. Rechazamos el papel que los perpetradores nos designaban
y fuimos gestionando la culpa y el miedo a través de acompañamiento
psicológico y trabajo colectivo.

Frente a la represión se realizaron incontables movilizaciones de
repudio, y los esfuerzos organizativos se concentraron en la
liberación de las y los presos. El miedo cobraba fuerza y muchas
personas tomaron distancia de la participación política, algunos
grupos se desarticulaban, se desquebrajaba el tejido social. El
mensaje se había enviado: intimidar a la sociedad a través del castigo
ejemplar de los que luchan, reforzado esto por la implantación  de la
impunidad, la dilución de la responsabilidad de los perpetradores, y
la imposición de la idea de que “nada hay que hacer frente al poder
del Estado”.

Descubrir los alcances de la represión fue realmente devastador. ¿Cómo
recomponer el tejido social? ¿Cómo combatir el miedo? ¿Cómo
reconstruirnos? Algunas apostamos a hacer un esfuerzo por visibilizar
las herramientas de control social del Estado y fomentar las
discusiones en torno a esta problemática. En ese sentido, impulsamos
desde el verano de 2008 la “Campaña contra la represión política y la
tortura sexual”, caminando de la mano de organizaciones y colectivos
que abrían sus espacios a estas reflexiones para intentar desentrañar
los efectos que experimentaron de forma individual y colectiva.

Redimensionar los mecanismos represivos nos permite recolocarnos en un
papel activo y con capacidad de hacerles frente sin abandonar nuestras
luchas e ideales.

Los mecanismos represivos se configuran en estrategias definidas según
los efectos que se busca que causen a la población, a las
organizaciones e individuos. Dichos mecanismos no son furtivos y mucho
menos al azar. La represión en San Salvador Atenco no fue casualidad:
transformar un referente de organización, resistencia y victoria, en
muerte, tortura y cárcel nos pone de manifiesto el interés del Poder
por deformar nuestra percepción, detener a toda costa a La Otra
Campaña y tatuar en nuestra piel el mensaje de derrota.

Tras seis años de resistencia seguimos construyendo la memoria
colectivamente, buscando reparación no sólo de nosotras mismas, sino
del tejido social de las organizaciones y colectivos que nos
acompañan, y buscando justicia, pero no sólo en la judicialización de
nuestro caso a través de instrumentos internacionales, pues sabemos
que a través de las instituciones no habrá justicia. Sólo podemos
reparar lo roto si continuamos organizándonos, luchando por autonomía
y libertad.

Hoy, igual que hace seis años, los políticos lanzan sus campañas
electorales llenas  de mentira y simulación; hoy, como hace seis años,
insistimos: nuestra lucha no se ciñe a los tipos políticos de arriba,
seguimos sin conformarnos con el menos “peor”. El ideal de libertad no
se borra a pesar de la represión, seguimos en pie.

NOTICIAS ANTI REPRESIVAS
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¡Presos anarquistas a la calle!
¡Abajo los muros de las prisiones!


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