(ca) De la huelga general a la revuelta generalizada

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Thu Mar 22 09:26:21 CET 2012


Las pretendidas crisis económicas siempre han valido al sistema
capitalista  (entre otras cosas, por supuesto) para reestructurar las
modalidades de la explotación, en algunos casos para configurar nuevos
modelos de vínculo trabajo-trabajador/a así como también para reforzar
la afirmación a un empleo mediante el miedo a perderlo, en l at s que
están insert at s, o la loca carrera por conseguirlo a cualquier precio
por parte de quienes aspiran a él. -- Hace tiempo ya hemos abandonado
la vieja modalidad fabril de organización del trabajo en la que la
jerarquía estaba totalmente delimitada: estaba más que claro quién era
quién. -- Hoy las nuevas modalidades proponen una organización del
poder en forma de red, en la que éste se presenta de manera difusa;
hay amplias posibilidades de no conocer jamás al “responsable”, al que
mueve los hilos y el/la trabajador/a debe asumir responsabilidades que
dan la falsa sensación de que efectivamente es tomad@ en cuenta y
forma parte de los resultados. El tan escuchado lema de “la empresa
somos tod at s”es un reflejo de ésta realidad. La idea de que el
funcionamiento se tambalea si en esa dinámica de red falla alguno de
los sujetos genera una aprehensión que muchas veces conduce a la
denuncia del “inoperante” porque antes que ser nociv@ para la empresa
lo es para sus “compañer at s”de curro.

Tiempo atrás el sistema se vendía mediante la pretendida estabilidad
y, hoy más que nunca, la constante es la “flexibilización”. La
incertidumbre en lo laboral, si bien siempre estuvo presente, se ve
agudizada por el gran aumento del desempleo y las sucesivas reformas
(para peor) de las condiciones del trabajo, siendo así que donde un@
no cumple todo lo que se le exige, hay otr@ dispuest@ a ocupar su
lugar. Nada ha cambiado más que el envoltorio de la opresión, y a la
vista de las últimas leyes laborales, tampoco tanto, retrotrayéndonos
de nuevo a épocas pretéritas de explotación cruda. El capitalismo es
el gestor de la miseria y va cambiando sus formas, produciendo, eso
sí, nuevas modalidades de relación. Éstas se traducen en diversos
comportamientos que es preciso tener en cuenta, también, a la hora de
atacar la dominación.

En circunstancias con gran potencial para el desarrollo de las
tensiones que se viven cotidianamente en este sistema basado en la
injusticia, el Estado garantiza la permanencia del orden a través de
las ya conocidas estrategias de control y pacificación social,
decantándose más últimamente por el adoctrinamiento mediático y
político (vía medios de comunicación, trabajadores sociales, etc) y
aprovechando el papel de “apagafuegos” de la socialdemocracia o de la
“radicalidad” moderada (partidos, sindicatos, 15-M,  incluso muchos
grupúsculos extraparlamentarios), en detrimento de subvenciones,
subsidios y demás dádivas aletargadoras (como era el caso hasta hace
poco), que, si bien alivian situaciones jodidas en lo económico, no
podemos perder de vista el papel anestesiante que cumplen a largo
plazo. Esto es así porque en estos momentos de agravamiento de la
pretendida crisis, el estado cuenta con menos dinero para salvar el
culo de algunas dificultades técnicas a los poderes económicos, y por
eso aplica también una serie de recortes (sanidad, educación, etc) en
una decrépita sociedad del “bienestar” que, aunque siempre fue otra
estrategia pacificadora y domesticadora basada en el adoctrinamiento y
la farmaco-dependencia y el especialista (en los casos antes
mencionados de salud y enseñanza sobretodo), ahora no hace sino
agravar aun más las ya paupérrimas condiciones de quien menos tiene.
Tengamos en cuenta también que las crisis operan como auténticas
cortinas de humo, mientras el aparato de estado refuerza el control
represivo (más redadas,más controles,más sanciones, etc.)

Es por todo lo dicho, que más que fallos de cálculo económico, las
crisis son parte de la dinámica capitalista, algunas veces les toca la
“china” a un at s, otra a otr at s  (ya sea a uno o más bloques económicos,
países, empresas, personas, etc.): cuando le toca a un at s, es at s se
joden y l at s otr at s están bien y viceversa. Esto es así porque para que
algun at s puedan mandar y ser l at s dueñ@s, otr at s deberán obedecer y ser
esclav at s.

El mundo vive en permanente crisis. El auténtico problema no es que
ahora le haya tocado a Europa. En este mundo para que un at s cuant at s
puedan trabajar en unas condiciones no excesivamente penosas y acceder
con relativa facilidad a los bienes de consumo, otr at s tienen que estar
padeciendo lo más crudo de la explotación y las más severas
privaciones. Porque.... ¿Qué pasa cuando no nos toca a nosotr at s?
Cuando no nos toca a nosotr at s creemos que lo podemos todo porque nos
han enseñado que todo se puede comprar... Creemos que todo va bien
así, porque la alienación producida por el trabajo se resuelve
mediante el entretenimiento vacío... Creemos que si a nosotr at s nos va
bien, al otr@ debería irle igual, y si no es así algo habrá hecho mal,
será un vago, un inútil o un incompetente. Creemos que no hay nada de
que preocuparse. Creemos que estamos segur at s...

Es por esto que nos es vital trascender la lógica de la supervivencia
impuesta por el sistema. Si bien hay una serie de necesidades que
debemos cubrir dentro de este orden de cosas, no podemos olvidar los
orígenes de la injusticia, y menos aun olvidarnos de combatir sus
causas de raíz. Como anarquistas hemos decidido tomar el camino de la
rebeldía y no el de la complicidad... el camino de la lucha y no el de
las reformas legales (mera operación de maquillaje que sólo beneficia
a l at s de siempre)... el camino del enfrentamiento y no el del
consenso.

Este 29 de marzo, como ya hicimos en otras ocasiones, y como
volveremos a hacer, saldremos a la calle a poner en evidencia los
conflictos existentes en esta sociedad y no a reclamar más migajas. No
somos l at s burócratas vende-obrer at s que establecen las condiciones en
las que se protesta... No podemos andar dependiendo de lo que hagan
esas maquinarias burocráticas de gestión de las sobras estatales,
denominadas sindicatos. Ellos hacen lo que tienen que hacer:
apaciguar. Es por esto que debemos dejar de lado las mediaciones.
Debemos actuar en primera persona, y al mismo tiempo que peleamos por
nuestra dignidad y nuestra vida, desbaratar la gran farsa sindical.
Debemos desatar un verdadero conflicto, pasando por encima de quienes
nos calman y nos llevan como corderitos al matadero.

Creemos firmemente que nadie nos regalará nada ...Ante ésta realidad y
contra ella... ¡¡¡acción directa!!!

No reclamamos nada, salimos a la calle a luchar. Hagamos de nuestro
día a día un auténtico escenario de enfrentamiento... Hay que enterrar
para siempre la pasividad.        Hace ya mucho tiempo que es hora de
salir a la calle para pelear... pelear por una vida que merezca la
pena ser vivida. Se tiene que acabar el agachar la cabeza, el tragar
con todo, el apartar la vista ante todas las humillaciones cotidianas,
porque aceptando resignadamente lo malo nos sumergiremos en lo peor.

No nos debemos contentar con un trabajo, o un mejor empleo, o una
mejor pensión, o con una “vida” más barata y cómoda, sino con una vida
de verdad. Y ésta pasa por la completa destrucción del capitalismo,
del Estado y de toda autoridad.      Porque no es recibiendo golpes y
afrentas como se ganan las batallas; y sin pelear, sin batallar
seguiremos siendo esclav at s. Por eso, cada día, antes del 29-M, durante
y después, tod at s: trabajador at s, parad at s, estudiantes, buscavidas,
jubilad at s, “inmigrantes”, “marginad at s”,... tod at s hemos de tomar el
camino de la lucha, el camino de la acción. Por una verdadera huelga
(y no sólo un paro de 24 horas), indefinida y salvaje. ¡A las
barricadas!


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