(ca) Los Grupos de Afinidad Anarquista

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Mon Dec 12 15:12:36 CET 2011


El ser humano, por su naturaleza, tiende a agruparse en comunidad y el
funcionamiento de la vida en sociedad está muy marcado por las
relaciones que establecen los seres humanos entre sí en base a la
afinidad, es decir, los seres humanos se tienden a agrupar según sus
intereses o inquietudes comunes y es esta unión en base a esos
criterios la que modula la vida en sociedad y la que define el
concepto de afinidad de una manera primaria. Por lo tanto, las
agrupaciones por afinidad es algo cotidiano en las sociedades, pues la
gente tiende a agruparse con aquellas personas que tienen unas
tendencias parecidas. A nivel ideológico, concretamente en el
funcionamiento de un grupo anarquista, la afinidad es un aspecto
clave. Se trata de que entre los miembros de un mismo grupo exista una
cercanía palpable en el ámbito teórico-práctico y una concepción de
las ideas libertarias más o menos coincidentes, que junto con una
capacidad de trabajo conjunta, hagan del grupo el mejor ente, a partir
del cual se difundan las ideas anarquistas, dándoles a éstas un
sentido y una dirección determinadas y ofreciéndolas al exterior desde
un prisma que el propio grupo, gracias a esa afinidad, cree idóneo.

Lo más efectivo es que la gente con posiciones muy cercanas tienda a
agruparse para hacer análisis más profundos y radicales, que se
convierten de este modo, en más eficaces.

Un poco de historia

El origen de los grupos de afinidad se remonta al siglo XIX, durante
los tiempos de la 1ª Internacional. El militante anarquista Mijáil
Bakunin, y diversas/os compañeras/os, empezaron a formar grupos
secretos de conspiración, inspirados lejanamente en las sociedades
conspirativas decimonónicas. Evidentemente, la organización de las/os
anarquistas, no se quedaba en estos grupos, y las secciones de la
Internacional, tenían más semejanzas al anarcosindicalismo posterior
como organizaciones de masas.

A partir de la década de los setenta del siglo XIX, debido a la fuerte
represión ejercida por los Estados contra el movimiento obrero y sus
organizaciones, las/os anarquistas ven la necesidad de inspirar el
modelo de grupo de afinidad, debido a las garantías de seguridad que
este tipo de organización, como hemos comentado, otorgaba. A partir de
entonces surge un importantísimo debate en el seno del anarquismo
internacional: ¿era única y exclusivamente necesario dedicar la
actividad revolucionaria a estos grupos dentro del secretismo y la
consiguiente separación con el movimiento obrero y el contacto con la
"masa"? Años más tarde, el anarquista alemán Rudolf Rocker, se muestra
contrario a esto: "Se comprende que, en épocas de reacción general,
cuando los gobiernos cortan de un movimiento toda posibilidad de vida
pública, la organización secreta es el único medio para conservar ese
movimiento, pero, al reconocer ese hecho, no debemos continuar
ciegas/os frente a los inevitables defectos de esas organizaciones y
vanagloriar su importancia. Una organización secreta puede
considerarse siempre tan solo como medio, que el peligro del momento
justifica, pero nunca podrá impulsar con éxito, ni poner en marcha una
revolución social". Por otra parte, las/os partidarias/os del nombrado
secretismo, reafirmarán su postura: "Las represiones en masa
implantadas por los gobiernos, nos obligarán a una conspiración
totalmente secreta. Como esa forma de organización es muy superior;
nos congratulamos porque las persecuciones concluyeron con la
Internacional pública. Continuaremos el camino secreto; lo hemos
elegido como el único que puede conducirnos a nuestra meta: la
Revolución Social."

Ya entrado el siglo XX, los grupos de afinidad adquieren en España una
importante relevancia, sobre todo a partir de los años 20s. El Estado
y la patronal a través del Sindicato Libre, asesinan y hostigan a los
miembros de las organizaciones anarcosindicalistas, es decir, de la
CNT. Ante estos ataques represivos por parte del Estado y la Patronal,
algunas/os anarquistas deciden dar una respuesta, y para ello
recurrirán a los grupos de afinidad. Muchos grupos se formaron en toda
la península, en especial en Cataluña, pero sin duda alguna, el que
alcanzó las más altas cotas de fama fue el grupo Crisol, conocido
también como Los Solidarios o el grupo Nosotros, posteriormente. De
este grupo formaron parte los conocidos Buenaventura Durruti,
Francisco Ascaso, Joan García Oliver y Gregorio Jover. Entre sus más
notables actos: el atraco al Banco de España o el asesinato del
cardenal zaragozano Juan Soldevila y Romero.

Años más tarde, como continuación de otras federaciones anarquistas,
surge nuevamente de la unión federal de varios grupos de afinidad de
toda la península, la Federación Anarquista Ibérica (1927). Lejos de
quedarse ahí, el movimiento libertario sigue creciendo, dando lugar a
diversas organizaciones "específicas", la Federación Ibérica de
Juventudes Libertarias, encargada de la lucha anarquista más enfocada
hacia la juventud (1932). Todo el movimiento libertario incluido el
sindicato anarcosindicalista CNT, llevó en 1936 la mayor
transformación social y económica de la historia, siendo bautizado
como la Revolución Española, y en ella los grupos anarquistas tuvieron
un papel principal. Tras la derrota de la Revolución y la victoria de
las/os fascistas, lejos de desaparecer las/os anarquistas, aún muy
mermadas sus fuerzas debido a la brutal represión franquista,
continúan llevando a cabo su lucha. La estrategia anarquista es muy
diversa en esos turbios años, pero nuevamente, muchas/os militantes
libertarias/os utilizan la afinidad para defenderse del control del
Estado fascista, gracias a sus garantías de protección de los miembros
del grupo y la dificultad de infiltración. Mucho se ha escrito sobre
el papel de resistencia de las/os anarquistas durante el franquismo.
Tras el cambio de régimen, a finales de los setenta en el tiempo que
las/os historiadoras/es burgueses denominan la "Transición", el
movimiento libertario trata de reconstruirse, y en una situación de
gran inestabilidad en el seno del movimiento libertario surgen
nuevamente (al menos con un carácter más "publico") las organizaciones
anarquistas. Pero además, otras/os militantes anarquistas deciden
prescindir de la organización formal o "clásica" anarquista, si bien
mantienen la idea de afinidad en mayor o en menor medida. Hoy por hoy,
los grupos de afinidad anarquistas, dentro del movimiento anarquista a
nivel internacional siguen teniendo un papel muy relevante en las
resistencias al capitalismo. En España, a parte de los grupos
anarquistas contrarios a la "organización formal", organizaciones
clásicas como la FAI, continúan existiendo, y la FIJA (Federación
Ibérica de Juventudes Anarquistas), que se considera heredera de la
antigua FIJL, realiza la labor de la difusión del ideal anarquista
mediante los grupos de afinidad, federados entre sí, siendo un
proyecto rebosante de necesidad y que cada día, crece, con el esfuerzo
diario de sus militantes.

Los Grupos de afinidad anarquistas

Para que los Grupos de afinidad funcionen es necesario que todos sus
miembros se apliquen de forma activa y militante. Por desgracia, es
bastante generalizado que en las Organizaciones anarquistas se tienda
a delegar las gestiones en un número reducido de compañeros; algo que
es pernicioso para los componentes del grupo y para la dinámica de
éste. Sólo una dinámica activa puede permitir que las decisiones sean
tomadas por unanimidad.
Precisamente, la unanimidad es una de las piedras angulares, desde
nuestro punto de vista, de las Organizaciones anarquistas. Por un lado
evita que se creen tendencias dentro de una misma Organización, tiende
a alcanzar acuerdos consensuados, es decir, del que todos forman parte
y elimina los sistemas de votación, cuya esencia es siempre injusta.
Sin embargo, la unanimidad no de ser un mecanismo decisorio exclusivo
de los Grupos de afinidad, deben establecerse los mecanismos
necesarios par permitir que pueda extrapolarse a ámbitos más amplios,
como el de la Federación específica. Los acuerdos, para ello, deben
ser elaborados de forma exhaustiva, los debates en las reuniones de
los Grupos deben ser tan fructíferos que permitan a los delegados de
éstos que puedan asumir o debatir las posturas del resto de Grupos y
esto es el principal motivo por el que consideramos que la afinidad es
clave para el desarrollo de los grupos como entes difusores de ideas.
Además, el hecho de que los grupos de afinidad se federen entre sí,
permite alcanzar acuerdos más ricos y elaborados.

Con todo, queremos hacer una aclaración importante, pues creemos que
es necesario diferenciar grupos de afinidad y grupos que abogan por
luchas parciales. Pues mientras éstos se entran en un único campo de
actuación, aquellos, los grupos de afinidad, encuentran en el
antiautoritarismo su campo de batalla. La afinidad no es una cercanía
a la hora de encontrar un campo o problema concreto, sino a la hora de
analizar el autoritarismo y enfrentarse a él. Desde nuestro punto de
vista, no nos parecen eficaces las propuestas parciales, una
Organización anarquista debe, en nuestra opinión, tender a eliminar
todas las manifestaciones de la autoridad y no sólo aquellas que en
contextos adecuados aparezcan como más agresivas o incluso socialmente
aceptadas (presismo, veganismo, okupación, etc.).

Grupo Viernes Negro - FIJA


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