(ca) [Chile] Caracterización del conflicto educacional

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Thu Jul 23 23:27:25 CEST 2009


a) Introducción, aspectos generales

1.- caracterización del periodo a nivel estudiantil y social.

La organización del aparato político, social y económico del país sufrió
grandes transformaciones en el periodo de la dictadura militar, debido a
que anterior a esta fecha el país se veía provisto de un aparato estatal
con un papel fundamental en cuanto al impulso, fomento y desarrollo
económico. Se palpaba en ese entonces un modelo de sustitución de
importaciones y el Estado se caracterizaba por su naturaleza benefactora
en todas las áreas como son la educación, salud, vivienda, causado por la
importancia que se le entregaba a la corrección de las desigualdades
producidas en la sociedad capitalista,mejorando de esta manera la
distribución de la riqueza nacional, para así lograr un marco de maniobra
mayor que le permitiera apaciguar una creciente lucha de clases.

Las transformaciones de la dictadura, gatilladas por el peligroso avance
del proletariado, se caracterizaron la reestructuración neoliberal que
empezó implementar, que a su vez se caracteriza por redefinir el rol de
Estado, en todos los niveles (económico, político y social). Los
personeros que se encontraban dominando el aparato estatal trabajaban con
ansias en pos de la disminución del déficit fiscal, este ejercicio se
realizó mediante el decrecimiento de la inversión, el gasto público y por
último la privatización de las empresas que estaban a manos del Estado,
produciendo de esta forma la eliminación de un “Estado empresarial” y la
reducción del papel del Estado promotor de desarrollo social, por lo tanto
de la negación del “Estado benefactor”. En conclusión el neoliberalismo
significó, en el plano económico, la disminución del gasto fiscal por la
importancia que le dieron a las medidas antiinflacionarias. Se observó el
incremento de la liberalización de la economía, el fortalecimiento del
área privada, entre otras medidas macroeconómicas que causaron un gran
daño a las condiciones materiales de la sociedad chilena. Pero hay que
hacer hincapié en que todos estos cambios se producen gracias al marco
dejado por la derrota sufrida por la clase explotada, por la destrucción
sistemática del tejido social clasista que existía hasta entonces. Sin
esta derrota hubiese sido imposible llevar a delante tales cambios, es
más, es sólo una dictadura la que pudo detener el proyecto anticapitalista
que se fraguaba en el seno del proletariado chileno.

Las reformas vividas en la dictadura militar, en cuanto al área
educacional, y en el marco de mercantilización generalizada que potencia
el modelo neoliberal, fueron la municipalización de los colegios, que
anteriormente eran administradas y financiadas directamente por el Estado.
Por otro lado, la educación, como mercancía, aparece ya no sólo como o un
aparato de dominación ideológico, sino uno que, a demás de cumplir con el
disciplinamiento subjetivo necesario para la reproducción de las actuales
relaciones de producción, es un espacio disponible para la ganancia, para
la generación de plus valor. Es decir, el neoliberalismo profundiza las
los elementos esenciales del capitalismo pero en las esferas de social
que, de una u otra manera se habían sustraído a su total dominación. La
ley orgánica constitucional de enseñanza –arma de la dictadura- más los
gobiernos de la Concertación han echado raíces con mayor fuerza en lo
anteriormente mencionado. En lo que respecta al modo de financiamiento de
la educación, sólo es dentro de una dinámica de subsidios mínimos, que
deja la mayor responsabilidad al autofinanciamiento de los
establecimientos de la educación superior.

En conclusión dentro del neoliberalismo, aun más en un neoliberalismo
maduro como el chileno, la educación se logra constituir como una
mercancía más, encontrándose una educación de “calidad” sólo para los
sectores dominantes del país, situación sujeta a la necesidad de
estratificar con mayor fuerza de la sociedad, agravado este hecho por las
siguientes características: la reproducción de las condiciones sociales,
económicas y políticas actuales y también la presencia de la hegemonía por
la dominación de una clase sobre otra.

Tras esta ofensiva neoliberal, que en la década de los 90’ alcanzó sus
mayores perfecciones, en la actualidad nos situamos en una coyuntura, en
donde se viene de las últimas luchas de resistencia, principalmente
vinculadas a la reforma de la educación, y al cierre del ciclo de
movilizaciones sociales de los sectores populares en su lucha por mejores
viviendas. En la actualidad se abre una nueva coyuntura de movilizaciones
sociales, que a diferencia de las anteriores toca el corazón del modelo.
Dado que se ha producido una reactivación de masas, cuya vanguardia son el
proletariado ligado a los sectores estratégicos de la economía chilena,
Forestales y Mineros, siendo su franja principal, la de los trabajadores
subcontratistas, los que han levantado una fuerte lucha que nos se ve que
se pueda cerrar al corto plazo. Aun así esas explosiones sociales de los
sectores estratégicos, no han superado el sectorialismo y economicismo de
sus reivindicaciones, aun así las dificultades más grandes que presenta el
actual panorama es que dentro de esta reactivación, que se ha manifestado
desde las movilizaciones de los sectores de pobladores, hoy el sector de
los trabajadores se encuentra, en gran mediada, peleando solos, pues los
sectores poblacionales y estudiantiles enfrentan un fuerte repliegue tras
largos años de luchas.

En este sentido a la izquierda revolucionaria se le presenta la gran
pregunta de cómo organizar el descontento De nosotros depende generar
bases para un movimiento popular con intereses íntegros, no parcelados, de
transformación social. En ese sentido, es que la demanda por educación y
el conflicto adscrito a ella es uno de los pilares fundamentales para el
desarrollo de las luchas sociales y revolucionaria. Sobre todo en un país
que, mediante un giro importante en su patrón de acumulación, impuesto,
como ya dijimos, por la dictadura militar, coloca en un marco distinto a
la educación. El giro en el patrón de acumulación no sólo afecta a la
estructura productiva, sino que a la totalidad de las relaciones sociales.
De ahí que la educación hoy no puede ser la misma, ni enfrenta los mismo
retos que la de hace 30 o 40 años.

Este giro en el patrón de acumulación, a pesar de generar una economía
sujeta casi en su totalidad a la exportación de materias primas, ha
obligado, en un marco de internacionalización de la producción, de aumento
del sector servicios y de la tecnificación, a crear una mano de obra
adecuada que cubra las expectativas del desarrollo macroeconómico del
país, que no es sino otra forma de decir: las altas tasas de ganancias de
la clase dominante. En este sentido, la educación cumple un rol
preponderante. Pero hay que agregar que no sólo por esta necesidad de
tecnificar la mano de obra de acuerdo a los reajustes de la forma de
explotación la educación cumple un papel central, sino que,
principalmente, porque es a través de esta como se genera una subjetividad
adecuada, no solo tal o cual, sino una diversidad de subjetividades que
tiene en común el ser adecuadas a los intereses del capital. Uno de los
elementos ideológicos fundamentales para el nuevo patrón de acumulación es
la “despolitización” de la economía, generando, desde la educación, un
sentido común que asume la mayoría de los problemas como asuntos técnicos,
y no políticos, en tanto síntomas de las contradicciones de clase. Para el
neoliberalismo la economía, por sobre los demás aspectos, no puede ser
objeto de debate o disenso. Ello implicaría entrar a “desregularizar” la
libre competencia y la armonía interna del mercado. Este mito neoliberal
es el marco de formación ideológica que cruza en gran medida a la
generalidad de la educación. En este sentido, las instituciones
educacionales son directamente responsables de reproducir la forma de vida
acorde al proceso productivo general que necesitan tener una gran masa de
productores/reproductores convencidos de que su vida no tiene nada que ver
con la producción misma, de como se organiza y distribuye la riqueza
social. Este elemento no puede ser visto sólo como un agregado
súper-estructural, sino que al contrario, a medida que las relaciones
capital-trabajo se complejizan, a medida que el modo de producción se hace
mas diferenciado y sociabilizado, se vuelve mas necesaria la formación y
socialización controlada de los individuos. Así nace una compleja red de
relaciones diferenciadas pero complementarias que permiten la hegemonía
del actual bloque dominante.

Por otro lado, y de una forma muy general, podemos decir que, bajo la idea
de libertad de enseñanza, punto determinante de la LGE, se han diseñado
mapas o circuitos de formación diferenciado. Por ejemplo, existen una
serie de universidades privadas excesivamente caras, dirigidas por grupos
ideológicos específicos dentro del bloque dominante, diseñadas para la
creación de líderes sociales que reproduzcan o incluso profundicen los
logros actuales de la clase dominante[1]. Estos circuitos se contraponen a
la educación recibida por los sectores proletarizados, los cuales tiene
como destino dispositivos que valorizan/tecnifican la mano de obra. Lo que
incluye, como ya mencionamos, una subjetividad que entienda la necesidad
de mantener las ventajas comparativas que existen hoy en Chile.

Paralelo a este proceso de diferenciación de la formación, el giro del
patrón de acumulación permitió cierta extensión de la cobertura al dejar a
las presiones de la competencia y el mercado a la educación
institucionalizada. Es decir, se asistió, desde los 80s a la denominada
“mercantilización de la educación”, bandera de resistencia de la mayoría
del movimiento universitario tradicional. Este fenómeno político,
económico y cultural, dio como fruto la polémica “educación privada”, la
que tradicionalmente ha sido vista “a menos”, o como infértil
políticamente por la generalidad de los grupos de intención
revolucionaria, pero que a pesar de dichas negligencias hoy agrupa a casi
el 50% de la totalidad de los jóvenes que cursan la educación superior.
Así también, por ser un engranaje del sistema productivo, no está exenta
de las contradicciones de clase propias de toda institución que emerge de
un sociedad dividida en clases. Según nuestra lectura, la educación
denominada “privada”, que no es sino el paradigma de la educación chilena,
también sintomatiza las contradicciones de clase y es foco de conflictos
sociales. Por lo cual esta capacitado para despuntar en una salida
clasista y revolucionaria Las instituciones de educación privada son el
fruto de los cambios en el modo de acumulación que se vienen gestando hace
ya mas de 30 años y que, en palabras de Agacino, no es sino un proceso
maduro y extremadamente avanzado, respecto de los demás países de la
región. Por lo que son la expresión mas fiel de las políticas de la clase
dominante.

Obviamente, todos estos cambios estructurales han tenido una repercusión
en los movimiento estudiantiles de las últimas décadas. En este sentido,
el movimiento de los estudiantes secundarios, como máxima expresión de
este conflicto, ha develado que el crecimiento y beneficio macroeconómico
no repercute en la educación de las mayorías trabajadoras, ni en su
educación ni en su salud, pues las decisiones políticas las toma el bloque
derecha-concertación, como representantes fieles del empresariado
capitalista. Es mas, el crecimiento macroeconómico es posible pero esta
condición es precaria y destinada a la producción/reproducción de la
fuerza de trabajo.

Es por esta razón que el problema de la educación debe comprenderse junto
con la crisis que presenta en la actualidad el neoliberalismo chile, y la
economía capitalista a nivel mundial. Pero no es posible cuestionar
superficialmente el carácter del sistema educacional, sin llegar a nivel
de sistema pues constituye, como ya dijimos, un mecanismo esencial de
reproducción de las estructuras sociales, no permitiendo la tan nombrada
“movilidad social”, así como también el salario mínimo constituye un
mecanismo de desigualdad más que de distribución de las riquezas. En ese
sentido, no se puede llegar a aceptar un cuestionamiento antagónico y
radical de las estructuras educacionales, y los estudiantes no pueden
encontrar los mecanismos para destruir a la educación de mercado dentro de
la legalidad burguesa. La transformación del sistema educacional, deberá
ser por lo tanto la transformación del sistema en forma global

Para una mayor claridad respecto del problema, es conveniente desarrollar
un par de antecedentes históricos, antes de pasar a la caracterización del
actual estado del movimiento estudiantil.

b) Antecedentes históricos

La lucha por la demanda de la educación ha sido una constante en la
historia de Chile. De hecho, éste es uno de los países más activos en
América Latina en cuanto al movimiento estudiantil, que aparece
tempranamente en las últimas décadas del siglo XIX, conforme se va
paulatinamente expandiendo la cobertura educacional llegando hoy, en el
espectro básico y medio, al 98%, y en la educación superior, al 37,5%, de
la cual un 48% corresponde a instituciones privadas no tradicionales.

La FECH, Federación de Estudiantes de Chile fue fundada en 1906 a partir
de los distintos Centros de Estudiantes preexistentes. Éste organismo en
sus inicios tuvo una línea bastante tibia, conforme a la composición
social de la educación superior de aquella época. Sin embargo, a fines de
la década del 10 comienza una radicalización política conforme al contexto
de agudización de la lucha de clase a nivel nacional. Alrededor del año
1917 apareció toda una generación de estudiantes libertarios, como
expresión de esta radicalización política, cuyos exponentes más conocidos
fueron Juan Gandulfo, el poeta José Domingo Gómez Rojas, Daniel Schweitzer
y Alfredo Demaría. Esta generación (y sus continuadores del 23 y 24) acabó
logrando la ansiada Reforma Universitaria, que luego de la Dictadura de
Carlos Ibáñez se perdió.

De todas formas, la lucha por la reforma universitaria permaneció en las
posteriores generaciones. El modelo desarrollista presente en Chile desde
los años 30 tuvo especial atención en generar un amplio sistema
educacional que garantizara la entrada al mercado laboral de las masas
hasta ese entonces marginadas por un sistema deficiente. La “educación de
masas” fue asumida en ese momento histórico por el Estado, como un
derecho, pues la empresa privada (como en muchas áreas de la economía)
carecía de la iniciativa necesaria para ello. La cobertura en los niveles
medio y básico aumentó exponencialmente.

Este derecho fue aniquilado por la Dictadura, puesto que desmanteló la
administración estatal reemplazándola por la municipal, destruyó el Estado
Docente convirtiendo al Mercado garante de la educación, fragmentó el
carácter nacional de la Universidad de Chile, subdividiéndola en varias
universidades autónomas. Esta situación se consagró con la LOCE, el último
día de la Dictadura.

Durante la Concertación se perfeccionó este modelo educacional,
privatizándose aún más la educación, cristalizando su financiamiento
privado y entregando a manos de privados mucho de lo que todavía quedaba
en manos de instituciones estatales. Particular importancia toma la
llamada “reforma educacional” de los niveles básico y medio, que reafirma
el carácter capitalista con barniz democrático, puesto al servicio de los
intereses del capital.

c) Situación general del conflicto educacional

El Sistema educacional chileno en la actualidad, es mayoritariamente
privado en su constitución. Los colegios privados, particulares
subvencionados, y los IPs, CFTC y Ues privadas, y las modalidades privadas
de financiamiento de las Ues tradicionales son la regla más que la
excepción. En ese sentido, consideramos estratégicos aquellos espacios
donde se expresa con mayor fuerza las contradicciones.

Las reformas que actualmente se impulsan (LGE, y otras) son la
consolidación de las sucesivas políticas implementadas por la
Concertación, y se enmarcan dentro de la misma lógica. No implican una
vuelta atrás, más bien perfeccionan el modelo. Es absolutamente normal que
un Estado en el neoliberalismo controle sus recursos. Antes regalaban
plata a empresarios privados, ahora sólo permitirán a los que cumplan con
estándares mercantiles mínimos (“calidad”), continuar con su negocio.

Por otra parte, el movimiento estudiantil actual, como contraparte del
sistema educacional, tiene diversos grados de oposición al modelo
mercantil. De hecho, no hay un único movimiento estudiantil, y eso ha sido
un grave problema en la acumulación de fuerzas. El ME que ha sido
hegemónico desde los años 90, se caracterizaba fundamentalmente por estar
situado en las universidades "tradicionales", con una lógica de
"resistencia a la privatización", motivado inicialmente por la baja
asignación de créditos universitarios, y sucesivamente intentando plantear
reformas de alcance más estructural (cambios en la asignación de recursos-
AFI, AFD-, arancel diferenciado, etc.) Ese movimiento, a nuestro juicio se
agotó políticamente, en el año 2005 a través de la aceptación del régimen
crediticio (privado) de financiamiento de la educación superior por parte
de los dirigentes del Confech. Sin embargo, a pesar de ese agotamiento
político, todavía estamos inmersos en un Estado subsidiario que no
abandona su rol tradicional, en cuanto a la demanda por la educación, y
éste ha sido entregar una educación precaria al servicio de los intereses
de los ricos; es por esto que sigue presente las reivindicaciones por la
educación en los sectores universitarios tradicionales.

Un movimiento estudiantil con un desarrollo paralelo, es el sector
secundario, más radicalizado desde un principio en las formas de lucha y
con mayor capacidad de impacto social, que tuvo a partir del año 2000, y
sobre todo en el 2006 sus mayores niveles de movilización. Su lógica
política ha sido mucho más profunda, pues ha apuntado sin reparos a la
derogación de la ley LOCE, y otros aspectos estructurales como por ejemplo
la municipalización (aunque sólo sea desde una perspectiva económica y
administrativa). Aun tiene mucho futuro, pero en este momento está
viviendo una enorme regresión fruto del desmoronamiento de su estructura
orgánica (ANES).

En tercer término encontramos a un actor estudiantil emergente relacionado
con la educación media y superior técnico-profesional. En ese sentido, hay
un proceso aún muy en ciernes de organización estudiantil en IP, CFT o Ues
privadas con un perfil más bien técnico. Su mayor potencial es la
vinculación con el mundo laboral, pero esa es también una debilidad en
tanto son sectores interesados en elevar rápidamente el valor de su fuerza
de trabajo, poco proclives a perder la "oportunidad" del estudio, y que
frente a un panorama de represión organizativa, no han tendido a enfrentar
el modelo educativo, pero eso no quita una activación de dicho sector.

Como simple conclusión, esta diversificación de la formación
institucional, nos debería obligar a regenerarnos a un nivel
táctico/estratégico, para lograr una unidad programática adecuada, no solo
de los estudiantes (que es lo mas inmediato), sino de los explotados, y
que traiga como resultado la expropiación total de los circuitos de
formación y producción de subjetividad que competen a la educación,
entendiéndola en un sentido tradicional.

[1] Las palabras de Cristian Nazer Astorga, presidente de Consejo Superior
de la Universidad Finis Terrae, no pueden ser mas claras: "para lavar una
piramide hay que hacerlo de arriba hacia abajo. Si formamos individuos más
influyentes, no necesariamente los mas pudientes, podemos influir en el
resto de la sociedad" Revista Que pasa, #1897, pág 16, Agosto 2007

FRENTE DE ESTUDIANTES LIBERTARIOS DE CONCEPCIÓN




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