(ca) [Oaxaca] Balas impunes silencian la voz triqui

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Mon Apr 21 15:56:38 CEST 2008


La radio comunitaria La voz que rompe el silencio, la cual transmitía su
señal en idioma triqui desde el municipio autónomo de San Juan Copala
hacia una docena de pueblos enclavados entre los cerros colindantes, salió
del aire el 7 de abril, poco después de las cinco de la tarde. Adolfo y
Bernabé, los dos locutores que estaban a cargo de la austera cabina, al
conocer la noticia de que sus compañeras Teresa Bautista y Felícitas
Martínez habían sido asesinadas en una emboscada, apagaron los micrófonos
y el transmisor. Enmudecieron.

Desde entonces ni ellos ni su radio –un proyecto de comunicación que
apenas tenía tres meses de vida y al que definen como "un ala de nuestra
experiencia autonómica"– no han recuperado el habla. El jueves pasado,
frente a una docena de periodistas y dos visitadores de la Comisión
Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) que atravesaron el nudo montañoso
de la sierra mixteca para bajar a la hondonada de Copala, Adolfo trata de
decir algo. Pese a sus esfuerzos la voz se le atora en la garganta.
Debe-rían haber estado a su lado, para hablar con la prensa, los padres de
Tere y Feli, pero no acudieron. "Gente del gobierno de Ulises Ruiz los
contactó para amenazarlos. Les dijeron que si hablaban corrían peligro; si
callaban, recibirían recursos", denuncia Jorge Albino, de la comisión de
comunicación del municipio autónomo. Era el miedo que rompe la voz.

Hasta que aparece, inesperada, la pequeña figura de Gregoria Agustina, con
las trenzas blancas deshechas. Pasa al frente del palacio municipal,
rodeada de decenas de mujeres como ella, silenciosas. Amorosamente
desdobla y extiende un vestido rojo, el típico traje triqui, bordado en
telar. Cinco rasgaduras en la parte media trasera del tejido –los cinco
orificios de las balas que mataron a su nieta Felícitas– dicen más que las
palabras. Ni siquiera hay rastros de sangre. La abuelita, que se hizo
cargo de Feli y su hermana Laura a la muerte de su madre, hace tres años,
lo lavó hasta borrar la última mancha. ¿Cómo iba a dejar que el vestido
que llevaba Feli el día de su muerte quedara sucio? Fue el silencio de
Gregoria el que rompió el miedo.

Los visitadores de la CNDH tuvieron que tomar nota del reclamo de Jorge
Albino, coordinador de la radio comunitaria del municipio autónomo: "No
queremos que aquí le echen tierra a la muerte de nuestras compañeras como
le hicieron en la Zongolica", la sierra nahua de Veracruz, donde la
versión del gobierno federal y del presidente de la CNDH, José Luis
Soberanes, de la "muerte por gastritis" de la anciana Ernestina Ascensión
se impuso mediante esa pinza de amenazas y ayudas económicas que terminó
por silenciar la denuncia de su familia, en el pueblo de Soledad Atzompa.

El gobierno autónomo solicita que la Procuraduría General de la República,
a través de la fiscalía para delitos contra periodistas, atraiga el caso,
porque no confían en la justicia estatal.

En Oaxaca, el procurador general de Justicia, Evencio Nicolás Martínez
Rodríguez, dio la clave de hacia dónde se dirige la averiguación al
declarar que el atentado "no era contra las locutoras, sino contra
Francisco Vázquez", empleado del Registro Civil que conducía el vehículo
en el que viajaban. Él, su esposa Cristina y Jaciel, uno de sus pequeños
hijos, siguen internados en un hospital de Oaxaca, pero hasta ahora no han
sido interrogados.

Acusaciones y venganzas sin fin

Desde finales de los años 90 el movimiento social de los triquis vive
enfrentado y atrapado en una cadena incesante de hechos violentos,
acusaciones mutuas, venganzas sin fin. La temprana muerte de Felícitas y
Teresa, activas en el proceso autonómico, tiene su contraparte de dolor.

El 5 de julio del año pasado dos jóvenes, Virginia y Daniela Ortiz,
hermanas de 20 y 14 años, originarias del pueblo El Rastrojo, fueron
secuestradas. Son hijas de un dirigente del MULT. Desde entonces están
desaparecidas. En este caso también es muy poco lo que la procuraduría
estatal ha hecho para ubicarlas, pese al peregrinar de su madre y sus
primas, que no han dejado de tocar puertas reclamando la aparición de las
muchachas.

La familia de las dos hermanas acusa al MULT-I de la desaparición. Cada
organización carga, así, con sus agravios. Cada una acusa a la contraria
de ser "priísta y paramilitar". Las dos fuerzas se dicen de izquierda. Las
dos participan en la otra campaña del zapatismo, que en su último
encuentro de pueblos indios en Vícam, Sonora, intentó sin lograrlo
reconciliar a los hermanos enemistados.

En esta ocasión, el MULT protestó por la atención que la prensa y los
organismos de derechos humanos han prestado al asesinato de las locutoras.
Se trata, dijo en un comunicado, de "una campaña de desprestigio y
linchamiento político contra el MULT-UP, con el fin de preparar las
condiciones de represión policiaca militar en la región", orquestada
"desde el poder y ejecutada por las balas asesinas de un grupo de priístas
denominado UBISORT-MULTI".

Son 500 kilómetros cuadrados de territorio triqui que suben y bajan de los
cerros áridos y espinudos, una isla cultural en el corazón de la Mixteca
oaxaqueña. Son 36 barrios, nueve agencias municipales y una sola
presidencia municipal en Copala, en la Trique Baja, más fértil, con las
mejores tierras y, por tanto, con mayores conflictos. Pero Copala, por su
autonomía, no recibe ningún recurso del estado, sobre todo porque el MULT,
su archienemigo, participa en el cabildo de Juxtlahuaca, donde se deciden
las partidas presupuestarias.

Catorce comunidades se alinean con el MULT-UP y 18 con los autónomos. Los
cementerios de cada pueblo reciben, de tanto en tanto, los cuerpos de
nuevas víctimas, de uno y otro bando, caídas en las temibles emboscadas
que perpetran pistoleros a sueldo, con cuernos de chivo. El MULT original,
que nació en 1981 después de un largo proceso de resistencia y
organización contra los caciques, pagó, en su momento, una muy alta cuota
de sangre.

Francisco López Bárcenas, abogado mixteco y autor de numerosas
investigaciones sobre el proceso de resistencia de esa región, recuerda
que la última gran marcha del movimiento triqui, antes de la ruptura, fue
en 1987. Al año siguiente, con el gobierno estatal de Heladio Ramírez,
llegaron grandes sumas de dinero a despertar el apetito de sus dirigentes.
A finales de la década se registra una violencia inédita en los pueblos y
sus veredas, sobre todo violaciones tumultuarias contra mujeres.

El ala oficialista decide, en 2000, formar un partido político, Partido de
Unidad Popular (PUP). Los enconos empiezan a provocar choques violentos.
En 2005 son asesinados dos muchachos que trabajaban –como miles de jóvenes
triquis y mixtecos– en Estados Unidos y que habían llegado a celebrar las
fiestas patronales. Eran los hijos de los dirigentes Timoteo Alejandro
Ramírez y de José Albino, que acusaron a la corriente del PUP de encubrir
a los pistoleros. En marzo de 2006 se hace pública la ruptura.

El camposanto de San Juan queda en la ladera de un cerro con pinos,
pasando el río. Las tumbas de las señoritas Teresa y Felícitas aún tienen
frescas las flores. En una hay, todavía, plumas y rastros de sangre de una
gallina sacrificada. Unos dicen que es una costumbre local, para que el
mal no se lleve el alma de la difunta. Otros murmuran, por lo bajo, que
los restos del sacrificio denotan la promesa de una venganza.

Blanche Petrich / I (Enviada)

"La Jornada", lunes 21 de abril de 2008.




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