(ca) Entrevista al nieto del Che publicada hoy en el diario El País, de Madrid

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Mon Dec 17 00:24:42 CET 2007


ENTREVISTA: CANEK SÁNCHEZ GUEVARA Nieto del Che y editor
"Ahora se lleva al Che del altar del bien al del mal"
CARLES GELI - Barcelona - 16/12/2007

Por su envergadura (alto, algo encorvado, corpulento), parece más
pariente de Fidel Castro, pero la larga perilla rizada y su discurso le
devuelve a su abuelo, Che Guevara. Hijo de Hilda, primogénita del
comandante, Canek Sánchez Guevara (La Habana, 1974), acaba de editar,
junto a Radamés Molina, Diario de Bolivia (Linkgua), anotaciones del
revolucionario en su última batalla. La edición cuenta con 400 notas,
de una objetividad casi contranatura. "No puedo hablar del Che como mi
abuelito; mi madre tenía 10 años cuando murió; hay que encontrar
siempre la distancia real", afirma desde Barcelona, ciudad que alterna
con Francia como residencia y donde hace de editor. El gen intelectual
del abuelo es, adaptado a los tiempos, más notorio de lo que parece.

Pregunta. ¿Qué idea quedó en su madre sobre el episodio de Bolivia?

Respuesta. De entrada, la de la muerte del padre, en cualquier sitio o
circunstancia que fuese. En otro estadio, no puedo hablar por mi
familia, pero creo que se valora como el triste resultado de una
decisión apresurada.

P. ¿Y las causas? ¿Una traición de Fidel, un Che desengañado que optó
por una acción suicida o una chapuza militar?

R. Incidieron los tres factores, con el protagonismo de Fidel: la
obsesión del Che era la revolución, el ideal; la de Fidel, el poder, el
pragmatismo; en algún momento tenía que haber un choque. Es evidente
que había celos profesionales.

P. En Occidente se revisa ahora la figura de su abuelo, casi acusándole
de ser el culpable del surgimiento de las dictaduras en América Latina.

R. Es un giro coperniquiano ridículo: se hace bajar al Che del altar
del bien para llevarlo al del mal. Cierto que, a pesar del fracaso, con
su postura dio el banderazo de salida de los grupos armados en América
Latina, pero nadie les obligó a seguir ese camino. Ningún hombre es
absolutamente bueno o malo, claro... El problema está en el mismo
término: revisionismo. El revisionismo del Holocausto es la negación de
las masacres; algo similar está sucediendo con el del Che. Es un error
historiográfico analizar según qué con los parámetros de hoy; uno de
los mitos de la posmodernidad es que la imparcialidad no existe; viendo
cómo están las democracias actuales, no es de extrañar que se vean como
extremismos cosas que antes eran naturalmente asumidas por la izquierda.

P. En parte de Oriente pasa al revés: Bin Laden es equiparado al Che.

R. Como en todo icono, al volverse símbolo pierde parte de su esencia,
de su ser real y sólo quedan ciertos valores más o menos universales
que pueden ser utilizados en cualquier contexto. Y eso es válido para
iluminados, desde Bin Laden a Hugo Chávez.

P. Usted se marchó de Cuba en 1996 y no ha vuelto.

R. En los noventa Cuba estaba muy mal y a ese estado general se unió
una crisis personal y laboral, una imposibilidad para hacer mi vida;
siempre me moví en ámbitos contraculturales y ya se sabe en tiempos de
crisis: primero, comer y luego, la poesía.

P. ¿Actuaba en una banda de heavy con una camiseta con la bandera
americana?

R. No, pero sí es cierto que lo hacía con un billete de un dólar pegado
en la guitarra... Era una broma personal. El rock estaba ya
despenalizado, pero nunca fue legalizado del todo, siempre había un
policía jodiendo.

P. Hace tres años atacó duramente a Fidel. ¿En qué ha traicionado la
revolución?

R. La primera traición es que no se quería hacer tanto una revolución
como recuperar la Constitución de 1940 y llegar a unas elecciones.
Luego el proceso revolucionario se radicalizó, pero la propiedad
privada pasó toda al Estado, que se convirtió en el nuevo patrón: los
ciudadanos trabajan para el Estado, cobran del Estado y acaban gastando
en el Estado; es el sueño de todo oligarca.

P. Sus críticas pueden servir a los grandes enemigos de la revolución
cubana.

R. El acriticismo militante ha sido nefasto para la izquierda: sin ser
crítico no se puede ir a ningún lado, se estanca y se reproduce lo
peor; para mí, ser de izquierdas no significa estar en contra de la
derecha, sino del poder, sea quien sea quien lo ejerza. Me costó mucho
distanciarme de todo lo aprendido en Cuba... Quizá se acabó la lucha
armada revolucionaria, pero no la lucha como tal.

P. ¿Existen canales para ello en las sociedades actuales?

R. Si no los hay, debemos crearlos. Existen organizaciones sociales,
ONG y otras de carácter cívico-personales, como los colectivos
lésbico-gays, o los antimilitaristas, que no aspiran al poder, pero que
con su presión acaban forzando leyes.

P. ¿La lucha armada está ya descartada como vía?

R. Por ahora, sí. Por siempre sólo está la muerte. Hoy no forma parte
de las obsesiones sociales.

P. ¿Qué siente cuando ve el merchandising sobre su abuelo?

R. Soy un iconoclasta, pero siempre impresiona ver que un hombre que
eligió el capitalismo para ponérselo al frente como enemigo haya
acabado así.

P. ¿Algún objeto especialmente hiriente?

R. Mi único choque visceral es con una camiseta con un rostro con la
mitad de la cara de Jesucristo y la otra, la del Che. Soy ateo y esas
santificaciones...









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